Uno de los mayores retos que los maestros nos enfrentamos en nuestra práctica docente es qué tipo de estudiante, en función de sus características descriptivas en personalidad, intereses y capacidades.
Necesitamos ser conscientes que las brechas generacionales están modificándose y siendo cada vez más angostas. Esto derivado de los cambios sociales y la evolución tecnológica a una mayor velocidad por el dinamismo de las transformaciones culturales. Lo que provoca que lo que hoy es lo novedoso, innovador y punto de quiebre en la modificación social es mucho más cercano a un pasado diferente inmediato. De tal manera, que para los que ya tienen un camino recorrido por varios años se ven relegados y fuera del “nuevo mundo”.
Con casi un cuarto de centuria en la práctica docente, he visto como se fue incorporando la computadora y el correo electrónico en la sociedad y por ello en la educación. A lo largo de este tiempo transitamos de los grandes libros empastados y voluminosos a la practicidad digital que resume y concretiza en pequeñas unidas la información.
Además, ya no se requiere de grandes espacios de resguardo bibliográfico, ya que el conocimiento se ha democratizado al estar al alcance de todos en el mundo virtual de la nube y portable gracias a los diversos dispositivos móviles. Las grandes teorías del aprendizaje no fueron creadas bajo este nuevo contexto tecnológico y virtual que ha venido a trastocar al parecer la línea psicológica de la evolución en la actual infancia.
Por lo cual se demanda la necesidad de regresar a la reflexión básica sobre las características de los estudiantes y como impacta el contexto actual en los procesos de formación y de aprendizaje.
Una cosa es muy cierta: cada vez es más difícil lograr motivar y centrar los aprendizajes en los estudiantes aún y con todo el avance sistemático de la planeación y del propio aprendizaje. Mucho más problemático cuando la edad del docente es proporcionalmente más lejana de los alumnos, lo que no se trata de una brecha generacional, sino de un auténtico “boquete” o “abismo” entre las generaciones de los alumnos y sus maestros.
Por lo cual el rezago educativo es mucho más grande y crece cada día por que el avance y el dinamismo social y tecnológico es cada vez más veloz y los cambios muy vertiginosos. Eso no cambiará, pero si requiere replantear nuestros conocimientos sobre la comprensión de los procesos cognitivos y como éstos se vinculan con el desarrollo y la utilización de la tecnología y del mundo virtual que es parte de nuestra realidad y contexto.