*La directora de orquesta se presentó en Les Victoires de la Musique Classique, en Francia*
Por Cristóbal Torres
México, 21 de febrero (Notimex).— Alondra de la Parra es una directora a quien casi siempre la presentan como la primera mujer en dirigir una orquesta en ciertas latitudes; sin embargo, ante dicha afirmación ella responde: “la verdad es que yo no pienso en esas etiquetas en ningún momento”, reconoce en entrevista con Notimex, a escasas horas de su participación en la 27 ceremonia de premiación de Les Victoires de la Musique Classique, en Francia, la entrega de premios más importante a lo mejor de la música clásica de ese país.
      Explica que la ceremonia “es una premiación que sale en vivo por televisión y es vista por muchas personas; me dio mucho gusto que me extendieran esta invitación porque estarán artistas y músicos a quienes admiro mucho, me alegra estar aquí y poder participar”.
      Considera una muy buena idea la existencia de un Les Victoires de la Musique Classique en México, “sería increíble; creo que tiene que ver más con las disqueras y la industria de la música clásica en México, pero no veo que sea imposible; me parece una idea muy bonita que debemos pensar y ver si la podemos ejecutar”.
      Añade que la organización la convocó a participar como artista invitada: “me pidieron si podía elegir una obra mexicana”. La pieza elegida fue el ‘Danzón No. 2’, de Arturo Márquez, “pensamos que era muy un buena opción por su frescura y su energía positiva”.
      No es la primera vez que De la Parra (1980) dirige una orquesta interpretando dicha pieza musical, “ya me habían escuchado antes con la Orquesta de París, vieron el video de ese concierto y la pusieron como opción”.
      Como la ceremonia es transmitida era importante que “no sólo se escuchara correctamente sino también brillara en televisión; no es lo mismo”. Después de consultarlo con el mismo Arturo Márquez y recibir su aval, se dio a la tarea de encontrarse con la Orquesta Nacional Metz.
*El invaluable apoyo de su madre y padre*
“Tuvimos un ensayo corto ayer”, refiere, pero “fue muy divertido porque en cuestión de media hora tuvimos que montar todo el danzón… fue un gran reto”. Considera a la Orquesta Nacional de Metz como una agrupación con “mucha imaginación, flexibilidad y ganas de trabajar y soñar” y reconoce que se divirtió mucho en el proceso, “aunque fue un encuentro corto… vamos a ver cómo nos va”.
      De la Parra mira al pasado y afirma que sin el apoyo de sus padres no habría podido llegar a donde está ahora, dirigiendo orquestas por varias partes del mundo, especialmente Europa. “Si no fuera por su apoyo y el hecho de que nunca me cuestionaron lo que yo quería ser, no hubiera podido dedicarme a lo que hago”.
      Menciona que desde muy chica tuvo la intención de dirigir orquestas “y ellos (mis padres) siempre me dijeron: ¡claro, por qué no!”, a pesar de no saber con certeza el camino a seguir ni cómo se podía hacer una carrera en dirección de orquesta, dónde se aprendía o cuáles eran los pasos.
      “No es como decir que quieres ser abogado o doctor, donde desde el principio tienes el camino muy claro”. Aprecia mucho el hecho de que tanto su madre como su padre “en ningún momento dijeron que no y eso fue muy importante; jamás lo vieron como algo imposible”.
      Reconoce que la carrera de quien dirige una orquesta es muy difícil y hasta cierto punto contradictoria, porque “no puedes tener experiencia sin que te dejen dirigir y no puedes dirigir sin tener experiencia”. Considera de vital importancia que directoras consagradas como ella brinden “más oportunidades a los talentos jóvenes; los directores de orquesta tenemos que ser generosos con las nuevas generaciones, debemos darles oportunidad de aprender, experimentar y probar”.
      Se siente muy afortunada de que personajes como Kurt Masur y Kenneth Kiesler (su mentor) hayan depositado su confianza en ella, al punto de que “fueron las personas que me dieron las oportunidades de dirigir, escuchar y aprender de ensayos; eso debemos hacer los directores de México con las siguientes generaciones, sean hombres o mujeres; las orquestas tienen que darse cuenta que el género no debe ser un factor”.