Akil, Yucatán, 17 de mayo de 2021.- Aún recuerda la emoción de atravesar el monte para llegar a su escuela y enseñar a la niñez de las comunidades mayas; está presente en su memoria y, a veces, en su paladar, el sabor del atole nuevo del pueblo de San Francisco, en Quintana Roo, sitio que vio sus primeros pasos como recién egresado del curso de Mejoramiento Profesional de Magisterio. Eran los años 70 y Felipe de Jesús Dzul Can comenzaba a escribir su historia.

“Cargaba mi bultito y, en época de lluvias, atravesaba sin zapatos, todo para llegar a mi escuelita. El maestro, en ese entonces, era una persona respetada, como el doctor, el cura. Nuestro trabajo siempre ha sido enseñar, además de leer, escribir, de lo que nos marca el programa, enseñar valores para la vida”, afirma el docente que ahora tiene a su cargo el quinto y sexto grado de primaria.

Maestro en activo del plantel multigrado “Alfredo Barrera Vásquez”, en Akil, su municipio natal, ha sabido hacer de su vocación magisterial un ejemplo de vida para estudiantes y su familia. El compromiso diario, ejercido por 50 años en las aulas, ha fructificado en mujeres y hombres de bien con una profesión.

“Una vez, estaba en un torneo de voleibol, porque me gusta ese deporte y motivo a mis estudiantes a practicarlo. De pronto, se para a mi lado un joven y me pregunta: ‘¿se acuerda de mí?’. Yo le digo que no y me comenta: ‘usted me dio clase y, gracias a sus consejos, seguí estudiando; ahora, soy ingeniero’. Me dio mucho gusto y sentí satisfacción”, comenta el profesor Felipe.

Uno de sus hijos, Carlos Dzul Chan, encontró en el magisterio una oportunidad para valerse por sí mismo, pese a su discapacidad física, y en gran parte, esa decisión fue propiciada por el cariño a la docencia que le transmitió su padre.

“Desde hace 13 años, soy maestro del Cobay y me animé a dedicarme a esto, porque veía que mi padre preparaba sus clases con mucha emoción, nunca se rinde, nunca se cansa. A mí me dijeron que no podría hacer nada, pues desde niño tengo que usar muletas para caminar, pero él me animó, me dijo que podía hacer muchas cosas con mi vida y aquí estoy. Soy maestro de Lectura y Redacción, Literatura y hasta he participado en competencias de voleibol, deporte que aprendí de él también”, dijo Carlos.

Cuando las enseñanzas salen del aula y transforman vidas, es cuando, a decir del maestro Felipe, se logra la verdadera misión del docente; esa tarea sigue presente en la sala virtual de las sesiones a distancia, en los cuadernillos que entrega a sus estudiantes y las clases por celular, estrategias que ha implementado para continuar con su labor, en un tiempo difícil para la educación en el mundo.

“Tenemos que buscar la forma, porque nos gusta esta profesión. Mis hijos me dicen que me jubile, pero no, yo quiero seguir mientras tenga la posibilidad. A los nuevos maestros les digo: la educación tenemos que vivirla, respetar a la gente, amar enseñar, para poder sacar adelante a nuestros alumnos. Muchos nos rendimos como maestros cuando nos mandan a comunidades lejanas, pero esa es una oportunidad para crecer y aprender, para ser mejores”, aconseja.

 

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