Enrique Vidales 20 octubre, 2017

A lo largo del tiempo y en los procesos electorales pasados nos hemos acostumbrado al uso de boletas. Una hoja que contiene los logotipos de partidos y nombres de los correspondientes candidatos y que durante la jornada electoral es marcada la opción de preferencia del elector. Después es depositada en las urnas para ser contadas al finalizar el tiempo de votación.

Sin embargo, parecería que para los comicios del 2018 tendremos una novedad. Se tendrá que usar un cuadernillo para contener los nombres de todos los candidatos, especialmente de los independientes que se han anexado a la lucha democrática por la presidencia de México.

En el proceso electoral se afirma que hay alrededor de más de 50 candidatos. Aunque no todos terminarán en la boleta se está partiendo de la premisa de que hay mayor participación ciudadana. Roberto Bobbio, uno de los grandes teóricos sobre la democracia contemporánea, afirma en su libro “El futuro de la democracia” que el exceso de democracia termina siendo peligro para la sociedad. Parece que se está cumpliendo ese dicho.

Es cierto que es importante que la sociedad participe. La democracia exige que las instituciones se fortalezcan para lograr los fines políticos y de derecho del Estado. En la organización política moderna se delegó la lucha por el poder a los partidos políticos. Aunque hay que reconocer que no han sido muy útiles para realmente consolidar la democracia, la representatividad y la participación ciudadana, el camino que se ha tomado con las candidaturas independientes están abriendo el peligro de no lograr una legitimidad en la elección.

De por si hay actualmente 10 partidos políticos que dividen el voto del cien por ciento del voto que se emite en la elección. Esto provocará que el próximo presidente de México consiga la victoria electoral con un poco más del 22 al 25 por ciento. Ya no es una cuestión de tercios, sino de una gran segmentación del voto que provocaría, como efecto colateral, que la presidencia lo asuma quien tenga en la votación final un rechazo de mayoría calificada.

No existe una segunda vuelta que elimine a los candidatos bajos y deje solo los punteros como opciones finales y en un proceso de elección se pueda contar con un mayor respaldo ciudadano.

Con la inscripción de candidatos independientes, aunque sean 3 o más de 5 los que queden, ocasionará una mayor división del voto. Esto pone en riesgo la gobernabilidad. Basta analizar el caso de la presidencia de Enrique Peña Nieto que inició con dos tercios en contra, por lo que desde el principio ha tenido una masa en contra que no ha perdido la oportunidad de viralizar en detrimento la imagen presidencial.

Ya vimos como la vía independiente está siendo elegida por los militantes de partido que al no gozar de la venia de su organización política optan por esta vía para continuar la lucha política. Esto en verdad no los hace independientes, mucho más, cuando se tiene toda una trayectoria partidista que no se puede borrar ni hacer a un lado.

Pero esto es México. El país donde nunca pasa nada, pero sucede de todo.

Así que hoy vemos esto no solo normal, sino que los estamos fomentando como una evolución del sistema político al concretar la alternativa de derecho de votar y ser votado de forma mucho más amplia. Pero que al final, estamos abriendo una caja de pandora para que las instituciones políticas se debiliten más.

 

AL CALCE. No deberían los funcionarios públicos que aspirar a la candidatura por la vía independiente. Tener un cargo que permite acceso a cuentas y recursos públicos en un proceso de cuasi campaña por la necesidad de recolectar casi un millón de firmas en por lo menos 16 entidades, es sin duda una inequidad financiera y política en este proceso electoral. Pero es algo que no está previsto en la ley y al parecer tampoco en el sentido común y sensibilidad política.

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