Enrique Vidales 7 julio, 2018

Objetivos específicos:

1.    Reconocer que vivimos un cambio de época, caracterizado por la globalización y que afecta profundamente nuestras vidas.
2.    Discutir como la nueva época de la humanidad se está gestando con una serie de peculiaridades que debilitan los valores que definen la vida personal, familiar y social.
Desarrollo de contenidos

 1.    Vivimos un cambio de época

Vivimos hoy una nueva era de la humanidad marcada por grandes cambios que afectan profundamente nuestras vidas.
En unas cuantas décadas existen muchos cambios en el comportamiento de la sociedad: el crecimiento de la población mundial, el cambio en la pirámide poblacional en los países desarrollados, migraciones, concentración de la población en ciudades, un creciente empoderamiento del individuo y de las minorías, del papel de la mujer en la sociedad, surgen nuevas formas de violencia, entre otros.
Esta realidad trae consecuencias para todos los ámbitos de la vida social e impacta la cultura, la economía, la política, las ciencias, la educación, el deporte, las artes, la religión, etc.
“Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural” (Aparecida, 44). Todo entra en crisis, particularmente las Instituciones.
El cambio de época actual tiene un impacto a nivel global en todos los ámbitos: económico, político, social, religioso, cultural, educativo, y “modifica valores y comportamientos en todo el planeta, impactando en las tradiciones y en la identidad de los pueblos” (Educar para una nueva Sociedad, pág. 17).
“Una tan rápida mutación, realizada con frecuencia bajo el signo del desorden, y la misma conciencia agudizada de las contradicciones existentes hoy en el mundo, engendran o aumentan contradicciones y desequilibrios” (Gaudium et Spes, 8).
La familia, como todas las comunidades y vínculos sociales atraviesa una crisis cultural profunda.

2.    Globalización

En muy poco tiempo el mundo se ha convertido en una “aldea global”, se ha “globalizado”.
Los cambios, a diferencia de los ocurridos en otras épocas, tienen un alcance global que, con diferencias y matices, afectan al mundo entero. Los acontecimientos se aceleren y los cambios mismos se vuelvan vertiginosos, puesto que se comunican con gran velocidad a todos los rincones del planeta.
Las nuevas tecnologías y la informática hacen que todo tipo de comunicación sea instantánea.
Globalización económica
“La cara más extendida y exitosa de la globalización es su dimensión económica, que se sobrepone y condiciona las otras dimensiones de la vida humana” (Aparecida, 61).
Ha habido grandes cambios en la generación y distribución de la riqueza en el mundo.
Existe una integración y homologación planetaria de los sistemas financieros, comerciales y productivos. La globalización y el comercio siguen creciendo. Hay concentración del poder financiero.
Es una economía de exclusión, que considera al ser humano como objeto de consumo. Esta exclusión afecta la raíz de la sociedad, poniendo al dinero como único fin, generando una crisis antropológica en la que se niega la primacía del ser humano, se rechaza la ética y a Dios, y se genera violencia.
“Vivimos la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (SS Francisco a Embajadores en el Vaticano, mayo 2013).
Para el mundo no es noticia cuando un pobre muere de frío y de hambre, pero se arma el gran escándalo mundial cuando las bolsas de las principales capitales caen dos o tres puntos.
Hoy en el mundo existe una gran injusticia social, que ocasiona que millones de seres humanos vivan una espantosa miseria, mientras unos cuantos gozan y dilapidan todo lo que quieren.
Durante los próximos años habrá un cambio en los roles económicos en el mundo, pasando del norte al sur y de occidente a oriente. Los cambios económicos generarán nuevas presiones entre los países, que pudiera propiciar conflictos militares en diversos puntos del globo.
“En muchos países, la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas, pero éticamente debilitadas” (Evangelii Gaudium, 62)

3.    Amplio desarrollo de la ciencia y la tecnología

“La ciencia moderna y la técnica que se deriva de ella se han convertido en un verdadero poder y constituyen el objeto de políticas o de estrategias socioeconómicas, que no son neutrales para el futuro del hombre” (Discurso del Papa San Juan Pablo II a los participantes en el Simposio Internacional celebrado con ocasión del 350 aniversario de la publicación de los “Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo” de Galileo Galilei (Roma, 9 de mayo de 1983).
Los mayores avances se han dado en el ámbito de tecnologías de información, ciencias biológicas, energía y procesos de manufactura.
La tecnología cada vez está al alcance de un mayor número de personas y sociedades. La información y el conocimiento son transmitidos masivamente por los medios de comunicación y las redes sociales.
A través del aumento de las tecnologías de información y comunicación se producen mayores posibilidades de encuentro y solidaridad entre todos.
Ha surgido una generación de nativos digitales. Surgen nuevos sistemas educativos.

4.    Impacto al medio ambiente

Se tiene una mayor conciencia del impacto ambiental, de la urgencia de proteger nuestra casa común, que incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral.
“Si la crisis ecológica es una eclosión o una manifestación externa de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad, no podemos pretender sanar nuestra relación con la naturaleza y el ambiente sin sanar todas las relaciones básicas del ser humano” (Laudato Si, 119).

5.    Visión del ser humano

Por un lado, un gran desarrollo científico, tecnológico  y de conocimiento del hombre, pero por otro, se ha llegado a una falsa conclusión antropológica que es causa de enormes errores culturales.
“Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios” (Aparecida 43).
La nueva época de la humanidad se está gestando con una serie de peculiaridades que debilitan o menoscaban los valores que definen la vida personal, familiar y social.
“La cultura actual tiende a proponer estilos de ser y de vivir contrarios a la naturaleza y dignidad del ser humano. El impacto dominante de los ídolos del poder, la riqueza y el placer efímero se han transformado, por encima del valor de la persona, en la norma máxima de funcionamiento y el criterio decisivo en la organización social” (Aparecida, 387).

El individualismo

El individualismo está acabando con la visión de una comunidad solidaria y justa.
“El individualismo, oscurece la dimensión relacional del hombre y lo conduce a encerrarse en su pequeño mundo propio, a satisfacer ante todo sus propias necesidades y deseos, preocupándose poco de los demás” (S.S. Benedicto XVI, 12 de enero de 2012).
“Esta cultura se caracteriza por la autorreferencia del individuo, que conduce a la indiferencia por el otro, a quien no necesita ni del que tampoco se siente responsable. Se prefiere vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos personales, familiares y comunitarios. Las relaciones humanas se consideran objetos de consumo, llevando a relaciones afectivas sin compromiso responsable y definitivo” (Aparecida, 46).
El mundo sufre una falta de fraternidad, fruto del egoísmo, la indiferencia y el desinterés del hombre.
“El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada” (Evangelii Gaudium, 2).

El relativismo

“El relativismo no reconoce nada como absoluto y deja únicamente al ‘yo’ y sus caprichos como última medida” (Cardenal Ratzinger, 18 abril 2005).
“El relativismo abandona la posibilidad del diálogo para alcanzar una verdad común sobre la que construir la convivencia humana, el desarrollo como personas y como sociedad, e introduce una dictadura, la del propio yo y sus apetencias” (Cardenal Ratzinger, 18 abril 2005).
El producto directo del relativismo: el dominio de los poderosos, la cultura del descarte y la indiferencia, la burocratización de la fe.
Podemos decir que en la actualidad hay dos concepciones de la Moral que discuten su supremacía: la jusnaturalista, que acepta la existencia de la Ley Natural y la relativista, que ni admite a Dios, ni la Ley Natural, ni la Verdad objetiva. (Pedro Trevijano Etcheverria, “El Relativismo y la doctrina de los Papas” en Infocatólica).

El consumismo y la cultura del descarte

Vivimos en un círculo vicioso: Trabajo y trabajo para consumir. El consumo es el motor de la sociedad. Si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, la sociedad se estanca. Que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Tenemos que sostener la cultura del “úselo y tírelo”. Y si lo tiro, necesito trabajar para tener otro.
Grandes sectores de la humanidad han ido evolucionando hacia la adquisición de hábitos y conductas caracterizadas por un nivel de consumo cada vez más insensato e irresponsable.
La “cultura del descarte” se haya impuesto en forma arrolladora. El consumo es el motor de la sociedad.
El alcance del concepto de lo “desechable”, se ha ido ampliando de modo que se aplica cada vez más, a contrapelo de la más elemental humanidad, a las personas.
Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Los excluidos no son “explotados” u “oprimidos” sino desechos, “sobrantes”, están fuera de la sociedad (cfr. Evangelii Gaudium, 53).

La sociedad se ha descristianizado

La sociedad se ha descristianizado y ha querido caminar como si Dios no existiera.
El ateísmo práctico es un fenómeno social de nuestro tiempo.
La indiferencia religiosa priva a la persona de sus razones de ser y de vida, y lo dejan sin guía y sin esperanza.
“La secularización, que tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo y niega toda trascendencia, ha producido una creciente deformación ética, que se ha reflejado en un debilitamiento del sentido del pecado personal y social, un aumento del relativismo y una creciente desorientación de la sociedad” (Evangelii Gaudium, 64).
Se piensa que todas las religiones son iguales y por lo tanto no hay un compromiso con ninguna, mucho menos con la Iglesia Católica.
Para la sociedad actual, Dios se encuentra lejos de la humanidad, o no existe.

La cultura de la muerte

La cultura de la muerte es una mentalidad, una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto.
La expresión “cultura de la muerte” fue acuñada por S.S. Juan Pablo II en su Encíclica Evangelium Vitae: “Aunque la ‘cultura’ de la muerte se ha extendido por toda la historia de la humanidad, ha sido en los últimos siglos que esta ‘cultura’ de la muerte ha asumido unas características sin precedentes.
Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y, podría decirse, aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias” (Evangelium Vitae, 4).
La “cultura de la muerte” no es verdadera cultura, sino anticultura, pues sólo hay verdadera cultura allí donde hay humanización, respeto a todos los hombres y a cada hombre, promoción integral de los bienes inherentes a cada existencia humana, comenzando, precisamente, por ese bien que posibilita la convivencia de la sociedad: el de la vida de cada uno de nosotros.
La ideología de género, según la cual cada uno puede escoger su orientación sexual, sin tomar en cuenta las diferencias dadas por la naturaleza humana. Esto ha provocado modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familia.
“Es un conjunto de ideas que plantean la separación entre el sexo –condición orgánica, masculina o femenina- y el género –grupo sociocultural al que pertenece cada ser humano por su sexo” (La dictadura de la ideología de género en México, FNF, 2016).

6.    ¿Cómo explicar lo que está sucediendo?

“¿Cómo explicar lo que está sucediendo? ¿Quién es el responsable? El responsable es el hombre; son los hombres, las ideologías, los sistemas filosóficos” (Cruzando el Umbral de la Esperanza, Juan Pablo II).
El Siglo XX fue especial escenario para la aparición de filosofías y expresiones ideológicas que debilitaron los valores que durante siglos forjó la Civilización Occidental: el liberalismo, los autoritarismos, los estatismos, las guerras, etc.
El problema de esos regímenes ideológicos fueron sus ideas equivocadas, parciales, que absolutizan un solo aspecto de la persona.
Este escenario complejo de un mundo en transformación, de instituciones en crisis, y que vive las peculiaridades que hemos descrito, ha sido el caldo de cultivo propicio para que se esté desarrollando la “revolución sexual”
Bibliografía:
•    Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual. S.S. Francisco. 24 de noviembre de 2013.
https://www.aciprensa.com/Docum/evangeliigaudium.pdf
•    Encíclica Evangelium Vitae, sobre el Valor y el Carácter Inviolable de la Vida humana. S.S. Juan Pablo II. 25 de marzo de 1995.
http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html
•    Conferencia del Episcopado Mexicano. Documento conclusivo de Aparecida. Ed. CEM, 2007.
https://parroquiaicm.files.wordpress.com/2008/12/documento_conclusivo_aparecida.pdf
•    El relativismo según Benedicto XVI. Miriam Díez Bosch, 6 mayo 2014
http://es.aleteia.org/2014/05/06/el-relativismo-segun-benedicto-xvi/
•    La cultura del descarte. Gustavo Andújar. Espacio Laical 3, 2014.
http://www.espaciolaical.org/contens/39/1315.pdf

Fuente: http://frentenacional.mx/

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