Enrique Vidales 7 julio, 2018

Objetivos específicos:

1.    Describir los conceptos de dignidad humana, identidad de la persona, complementariedad entre hombre y mujer, y derechos humanos.
2.    Contrastar/analizar estos conceptos contra las propuestas de la ideología de género

Desarrollo de Contenidos:

La sociedad actual necesita redescubrir su verdad más fundamental para poder superar la crisis que estamos viviendo desde hace tiempo: la dignidad humana, el aprecio absoluto por los derechos humanos de cada persona, que es única e irrepetible y merece todo el respeto. Sin esta base, unos instrumentalizarán a otros para sus propios fines, y los seres humanos serán usados en lugar de respetados.

1.    La dignidad de la persona humana

La dignidad, o ‘cualidad de digno, excelencia, grandeza’, hace referencia al valor inherente al ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto ser racional, dotado de libertad.
No se trata de una cualidad otorgada por nadie, sino consustancial al ser humano. No depende de ningún tipo de condicionamiento ni de diferencias étnicas, de sexo, de condición social, dinero, salud, belleza física, simpatía, situaciones de poder, o cualquier otro tipo.
La idea de dignidad personal tiene su origen en el cristianismo. El hombre, al considerarse ‘creado a imagen y semejanza de Dios’, se considera un sujeto libre y por lo tanto responsable de sus actos. Los conceptos de libertad y responsabilidad aparecen indisolublemente unidos al de dignidad.
Después, el humanismo llegó a explicar el concepto de dignidad filosóficamente con argumentos racionales. Fundamentó la idea de dignidad en la ley natural. De esta manera, una idea que había tenido un origen religioso pasa a ocupar un lugar central en el pensamiento universal.
El reconocimiento jurídico de la dignidad personal no se produjo hasta pasada la Segunda Guerra Mundial, con la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada en 1948.
Dicha Declaración invoca la “dignidad intrínseca (...) de todos los miembros de la familia humana”, y afirmar que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos” (artículo 1°).
“Bendecimos a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Nos ha creado libres y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de la creación. Le agradecemos por asociarnos al perfeccionamiento del mundo, dándonos inteligencia y capacidad para amar; por la dignidad, que recibimos también como tarea que debemos proteger, cultivar y promover” (Aparecida, 104).
“Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas” (CIC, 357).
En la persona humana hay varias dimensiones (cfr. CDSI, 129-151): 
•    El hombre tiene dos características diversas: es un ser material, vinculado a este mundo mediante su cuerpo, y un ser espiritual, abierto a la trascendencia.
•    A la persona humana pertenece la apertura a la trascendencia: el hombre está abierto al infinito y a todos los seres creados. Es un ser trascendente capaz de amar.
•    El hombre existe como ser único e irrepetible, existe como un ‘yo’ capaz de autocomprenderse, autoposeerse y autodeterminarse.
•    La persona humana tiene libertad. La dignidad humana requiere que el hombre actúe según su conciencia y libre elección. El hombre puede dirigirse hacia el bien sólo en la libertad.
•    Todas las personas tenemos la misma dignidad, que es el fundamento último de la radical igualdad y fraternidad entre los hombres, independientemente de su raza, nación, sexo, origen, cultura y clase. Sólo el reconocimiento de la dignidad humana hace posible el crecimiento común y personal de todos.
•    La persona es constitutivamente un ser social. La vida comunitaria es una característica natural que distingue al hombre del resto de las criaturas terrenas.
La sociabilidad humana no es uniforme, sino que reviste múltiples expresiones; hay un sano pluralismo social.
“La persona humana ha sido creada por Dios, amada y salvada en Jesucristo, y se realiza entretejiendo múltiples relaciones de amor, de justicia y de solidaridad con las demás personas, mientras va desarrollando su multiforme actividad en el mundo” (CDSI, 35).
Una sociedad justa puede ser realizada solamente en el respeto de la dignidad trascendente de la persona humana. El desarrollo social debe subordinarse al bien de la persona.
Aunque la práctica de la homosexualidad es moralmente inaceptable, por la dignidad de personas que poseen, los homosexuales, lesbianas, etc., merecen nuestro respeto y debemos evitar todo signo de discriminación injusta a sus personas, lo que no significa que aceptemos sus comportamientos sexuales, ni sus pretensiones de legalizarlas bajo cualquier expresión como “matrimonio igualitario”, “gaymonio”, o cualquier otra figura basada en orientaciones sexuales, so pretexto de ser un “derecho humano”.
Las personas con esta situación necesitan comprensión y ayuda, no promoción.
Sin embargo, cuando sus comportamientos sexuales los convierten en activismo público e invaden nuestra intimidad y la de nuestras familias, hay que denunciarlos y demostrar nuestro desacuerdo.
“La ideología de género supone la negación de la persona humana y nos conduce a la descivilización gravísima de la cultura occidental” (Dr. Rafael Rubio de Urquía en la presentación del libro “Ideología de Género, Reflexiones críticas”).

2.    Identidad en la persona humana.

 Hay dos maneras de ser humano: hombre y mujer.
La identidad es “el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracteriza frente a los demás”; la “conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás”.
La identidad es lo propio de una persona, lo que lo hace un ser singular. Las diferencias entre uno y otro son las que hacen singular a la persona. Sin diferencias no habría identidad, sólo habría homogeneidad, uniformismo e igualitarismo entre las personas.
Hay dos modos de ser persona: ser hombre y ser mujer. Hombres y mujeres somos iguales pero no idénticos. Iguales en cuanto a la naturaleza humana y la dignidad. No idénticos por nuestras diferencias naturales.
La identidad de la mujer o el varón es en sí misma, completa, acabada, perfecta desde su inicio.
Como la persona entera es varón o mujer, “en la unidad de cuerpo y alma”, la masculinidad o feminidad se extiende a todos los ámbitos de su ser: desde el profundo significado de las diferencias físicas entre el varón y la mujer y su influencia en el amor corporal, hasta las diferencias psíquicas entre ambos y la forma diferente de manifestar su relación con Dios.
La persona humana es hombre o mujer y lleva inscrita esa condición en todo su ser. Tenemos diferencias naturales que no se pueden negar o eliminar: El programa genético, el sistema endócrino, los órganos genitales internos y externos, el cerebro y la figura corporal son sexuados.
La sexualidad no es una característica accidental, sino fundamental para la definición de lo que es un ser humano. Cada célula del cuerpo lleva el sello de su sexo: sólo existen dos sexos, XX femenino, XY masculino. No existe un gen gay. La homosexualidad no es innata, no es dictada genéticamente.
Hay que distinguir la ‘identidad sexual’ (varón o mujer) de la ‘orientación sexual’ (heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad). Se entiende como orientación sexual comúnmente la preferencia sexual que se establece en la adolescencia coincidiendo con la época en que se completa el desarrollo cerebral. Tiene una base biológica y es configurada, además, por otros factores como la educación, la cultura y las experiencias propias.
Aunque los números varían según las diversas investigaciones, se puede decir que la inmensa mayoría de las personas humanas son heterosexuales.
Las distintas orientaciones sexuales son prácticas sexuales elegidas, esto no significa que sean adecuadas a la verdad del hombre y de la mujer.
“Atenta contra la razón defender que el sexo es una elección personal y que sólo se asigna administrativamente al nacer, para que luego cada uno elija” (Benigno Blanco).
La “revolución sexual” quiere introducir la idea de “identidad de género” que atenta contra la naturaleza misma de la persona, fragmenta la conducta sexual y actúa como un poderoso disolvente de la unidad e identidad humanas.
Pretenden ‘igualar’ lo que no es igual y ‘normalizar’ lo que no es normal, cuestionando incluso a la biología. La misma idea de “hombre” y “mujer” debe ser eliminada y difuminada. La consecuencia es la pérdida de la identidad de la persona, a la que se priva de su dimensión sexual constitutiva, pues con la propuesta del género se la vacía de sentido y usurpa.
La identidad que singulariza a las personas no puede “volatilizarse” ni “extinguirse”, como pretende la ideología de género. Como tampoco es renunciable por la persona que cada una es.
“El ‘género’ puede tratar de dislocar, variar, trasmutar o modificar la identidad de la persona. Pero jamás será capaz de cumplir su propósito.
Siempre quedará un resquicio por donde el vigor y la encarnadura, la robustez y pujanza de la residual identidad se abra paso y acabe por rebrotar” (Aquilino Polaino).

3.    Diferentes, pero complementarios

Las diferencias entre hombre y mujer lejos de ser una desventaja son una riqueza.
 Gracias a ellas somos complementarios en lo físico, en lo psicológico y lo espiritual. Esta diversidad en la igualdad es enriquecedora e indispensable para una armoniosa convivencia humana.
 Hay que aprovechar los diferentes talentos que ambos poseen en beneficio de todos.
“La mujer es el complemento del hombre, como el hombre lo es de la mujer; mujer y hombre se complementan mutuamente, no solo desde el punto de vista físico y psíquico, sino también ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo ‘masculino’ y lo ‘femenino’ se realiza plenamente lo ‘humano’. Es la ‘unidad de los dos’... y a esa ‘unidad de los dos’ Dios les confía no solamente la ópera de la procreación y la vida de la familia, sino la construcción misma de la historia” (CDSI, 147).
El género humano no puede explicarse ni ser comprendido fuera de la unión y complementariedad entre los dos sexos.
Hombres y mujeres pueden aprovechar sus diferencias para construir juntos la sociedad y la cultura actual. En los primeros años de vida del hijo, el padre y la madre tienen una aportación única y específica, por ser hombre y mujer. Su complementariedad da a los hijos un equilibrio y crecimiento armónico. En otros ámbitos, como el trabajo, las cualidades del hombre y la mujer se complementan para el logro exitoso de los objetivos.
La ideología de género niega la complementariedad entre hombre y mujer, y pone a la mujer en contra del hombre, bajo el argumento de que la mujer ha sufrido durante siglos discriminación por parte del hombre.
“Propone un modelo de mujer autosuficiente, que no depende de nadie, y de la cual tampoco depende nadie. Una mujer autónoma que se ocupa sólo de sí misma” (Dra. María Lacalle en la Presentación del libro "La ideología de género. Reflexiones críticas").

4.    Los derechos humanos

Los derechos humanos “corresponden a las exigencias de la dignidad humana y comportan, en primer lugar, la satisfacción de las necesidades esenciales -materiales y espirituales- de la persona” (CDSI, 154).
“La raíz de los derechos del hombre se debe buscar en la dignidad que pertenece a todo ser humano… La fuente última de los derechos humanos no se encuentra en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado o en los poderes públicos, sino en el hombre mismo y en Dios su Creador.
 Estos derechos son universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto. Universales, porque están presentes en todos los seres humanos, sin excepción alguna de tiempo, de lugar o de sujeto. Inviolables, en cuanto inherentes a la persona humana y su dignidad. Inalienables, porque ‘nadie puede privar legítimamente de estos derechos a uno sólo de sus semejantes, sea quien sea, porque sería ir contra su propia naturaleza” (CDSI, 153).
“La Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada por las Naciones Unidas en 1948, ha definido ‘una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad’” (CDSI, 153).
Elenco de derechos: el derecho a la vida, el derecho a vivir en una familia unida, a la libertad y al conocimiento de la verdad, el derecho al trabajo digno, el derecho a fundar libremente una familia, la libertad de los padres a acoger y educar a los hijos, el derecho a la libertad religiosa, etc.
“El primer derecho enunciado en este elenco es el derecho a la vida, desde su concepción hasta su conclusión natural, que condiciona el ejercicio de cualquier otro derecho y comporta, en particular, la ilicitud de toda forma de aborto provocado y de eutanasia” (CDSI, 155).
“Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona” (art. 3 Declaración Universal de DH).
“La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida” (CIC, 2270).
“En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política” (Evangelium Vitae, 2).
“Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte” (CIC, 2273).
“Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables” (Gaudium et Spes, 51).
“Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable.
 El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.
La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana… Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad” (CIC, 2271, 2272).
Parte prioritaria de la agenda de género es el reconocimiento de “nuevos derechos”.
 Dicen que los derechos humanos son ‘evolutivos’.
Pretenden una “ampliación de gradual y progresiva de derechos” tales como: “el derecho a la salud reproductiva”, “los derechos sexuales y reproductivos”, “la interrupción legal del embarazo”, “el derecho al matrimonio igualitario”, la adopción de menores, etc.
Sus lobbies son tan audaces, que han logrado que organismos internacionales como la ONU y la Organización Mundial de la Salud hayan adoptado “los derechos humanos en clave homosexual” incluso en Tratados Internacionales del sistema de derechos humanos. Igual ha ocurrido en legislaciones nacionales o estatales en varios países.
Desafiando cualquier regla, criterio moral, orden establecido, confrontan al sentido común e incluso a la propia naturaleza. Se trata de forzar la aceptación social u jurídica de sus propuestas, dando pie a innumerables abusos y a una verdadera subversión del orden social natural.
Estamos en medio de una batalla en la que uno de los frentes más importantes es el semántico. Estos pseudo-derechos no son otra cosa que eufemismos (expresiones más suaves o decorosas con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca)

Bibliografía:

•    Pontificio Consejo "Justicia y Paz". Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Ed. Paulinas, 2006.
•    Identidad y diferencia: La construcción social de “género”. Aquilino Polaino Llorente
http://www.esposiblelaesperanza.com/index.php%3Foption%3Dcom_content%26view%3Darticle%26catid%3D33:3-deconstruccion-del-varon-y-de-la-mujer-%26id%3D1615:identidad-y-diferencia-la-construccion-social-de-qgeneroq-aquilino-polaino%26Itemid%3D19
•    Carta Apostólica Mulieris Dignitatem, sobre la dignidad y la vocación de la mujer. Juan Pablo II, 1988.
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19880930_ratzinger-mulieris_sp.html
•    Artículo: Presentación del libro "La ideología de género. Reflexiones críticas"
https://es.zenit.org/articles/ideologia-de-genero-la-mas-insidiosa-y-destructora-revolucion-social/
•    Hombre y mujer: iguales sí, idénticos no. Artículo

Fuente: http://frentenacional.mx/

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