Enrique Vidales 7 julio, 2018

Objetivos específicos:

1.    Comprender el indispensable compromiso de los laicos en la vida pública
2.    Decidir participar en los ámbitos públicos por la importancia que tienen para promover y defender la dignidad humana, la vida, el matrimonio y la familia.

Desarrollo de contenidos

Son muchos y variados los llamamientos de los últimos Papas y de los Obispos, a la “formación de una nueva generación de cristianos laicos comprometidos con la vida pública de las naciones”. Nos convocan a los laicos a trabajar en el campo de lo social, de lo cívico y de lo político; ámbitos donde no podemos seguir ausentes. Es indispensable nuestro compromiso en la vida pública, participando con responsabilidad, coherencia, valentía y competencia.

1.    Ausencia de líderes católicos en los ámbitos públicos

Si hay muchos problemas en el ámbito de la vida social que “en parte se ha debido a la falta de fidelidad a sus compromisos evangélicos de muchos cristianos con especiales responsabilidades políticas, económicas y culturales” (Aparecida, 501).
“La realidad actual de nuestro continente pone de manifiesto que hay una notable ausencia en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas” (Aparecida, 501).

2.    Una nueva generación de cristianos laicos comprometidos con la vida pública

“Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido de servir a la persona y a la sociedad- los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la «política»; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común. Todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades” (Christifideles Laici, 42).
“La Iglesia alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan el peso de las correspondientes responsabilidades” (Gaudium et Spes, 75).
“Implicarse en la política es una obligación para un cristiano. Nosotros los cristianos no podemos jugar a ser Pilatos: lavarnos las manos; no podemos. Debemos entrar en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común. Y los laicos cristianos deben trabajar en política. ¡Trabajar por el bien común es un deber de cristiano, y muchas veces la vía para trabajar es la política! ¡No es fácil! Pero tenemos que ir adelante con fuerza y con confianza en el Señor: con el Señor todo es posible” (S.S. Francisco a estudiantes de las escuelas de los Jesuitas, Ciudad del Vaticano, 7 de junio de 2013).
“¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! … ¡La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común!… (Evangelii Gaudium, 205).
“Hay que alentar a los laicos católicos que se comprometen en las instituciones y en la praxis política, llamados a colaborar en la rehabilitación de la dignidad de la política como alta forma de la caridad y servidores apasionados de su pueblo y especialmente de los pobres y los que sufren” (El Indispensable compromiso de los laicos en la vida pública de los pueblos Latinoamericanos).
“El primer compromiso de los fieles laicos en la vida pública concierne al matrimonio y a la familia… En la custodia, propuesta y experiencia de la verdad, bondad y belleza de la vida matrimonial y familiar están en juego la calidad de la vida de las personas y naciones” (El Indispensable compromiso de los laicos en la vida pública de los pueblos Latinoamericanos).

3.    La participación en la política es multiforme y variada*

“Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido de servir a la persona y a la sociedad- los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la «política»; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común. Todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades” (Christifideles Laici, 42).
El bien común es la meta prioritaria de la comunidad política y corresponde al Estado el promoverlo y defenderlo. Es la razón de ser de la autoridad política, y todos los miembros y sectores de la sociedad civil debemos colaborar activamente para lograrlo.
La sociedad siempre está en marcha hacia el progreso social y el motor de su impulso es el bien común. “Por bien común se ha de entender el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección. El bien común supone el respeto y la promoción de los derechos humanos fundamentales de la persona y la sociedad, y la paz y la seguridad de todos” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 407 y 408).
La participación política no se da sólo por medio de los cauces tradicionales del ejercicio del gobierno y de los partidos políticos. Hoy día las modalidades de participación ciudadana en la cosa pública se ha ido multiplicando: mediante organizaciones no gubernamentales, iniciativas de voluntariado y solidaridad, redes sociales y una diversidad de movimientos populares que contribuyen al bien común de su comunidad.
Los cristianos como ciudadanos responsables tenemos la obligación básica de promover una amplia y efectiva participación política demandando a nuestros gobernantes que enfoquen su trabajo, interpretando las aspiraciones de la sociedad civil, al logro del bien común.
No solo debemos participar en los procesos electorales, sino hacerlo de manera informada y responsable, conociendo los problemas de nuestra comunidad y confrontándolos con las propuestas de solución que ofrecen los candidatos. Y una vez que ocurra la elección y la toma de posesión, estar atentos a todo lo que hacen, exigiéndoles que cumplan lo que ofrecieron y que no caigan en la corrupción política, tan común en nuestros días (cfr. CDSI, 406-414).
Se les invita a consultar y promover algunos sitios web de referencia confiable que publican en tiempos electorales la posición, en favor o en contra, de los candidatos en temas como la vida, el matrimonio, la familia, la libertad religiosa, etc.:
http://www.sabervotar.mx
http://www.votocatolico.mx

4.    Guiados por la Doctrina Social de la Iglesia

Para saber dirigir cristiana y congruentemente sus actividades, un fiel laico debe estudiar la Doctrina Social de la Iglesia y buscar su aplicación, sobre todo en las situaciones concretas en las que debe dar testimonio cristiano valiente y prudente, desde las posiciones de cargos públicos, de liderazgo, de responsabilidades profesionales.
“Queremos estimular la formación de políticos y legisladores cristianos para que contribuyan a la construcción de una sociedad justa y fraterna según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia” (Aparecida Mensaje final, 3).
“El cristiano sabe que puede encontrar en la Doctrina Social de la Iglesia los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción como base para promover un humanismo integral y solidario”… “un humanismo integral y solidario, que pueda animar un nuevo orden social, económico y político, fundado sobre la dignidad y la libertad de toda persona humana, que se actúa en la paz, la justicia y la solidaridad” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 7 y 19).

5.    Cuestionar lo “políticamente correcto”

Lo “políticamente correcto” no es otra cosa que la imposición de una determinada ideología o moral relativista a la sociedad bajo la amenaza de ser descalificado personalmente si no se acepta.
Así, el que está en contra de la adopción de niños por parejas homosexuales es homofóbico, el que está en contra del aborto es machista y misógino, el que defiende el matrimonio y la familia naturales es conservador, intolerante o retrógrada, etc.
El efecto de esta imposición ha sido en buena cuenta el que se paraliza y se amordaza al que piensa diferente, reduciendo la libertad de expresión y logrando la imposición de ideologías únicas que es políticamente incorrecto criticar.
Una tarea concreta es la de no caer en el juego de la dictadura de la ideología de género y, por el contrario, atreverse a cuestionarla, denunciarla e impugnarla con firmeza en los foros públicos, en los medios de comunicación y en las calles. Discrepar no es odiar.
“Rezar más, estudiar más, pensar más y actuar sin respetos humanos para romper el corset de la políticamente correcto” (Juan Claudio Sanahuja).
Un gran ejemplo de “cuestionar la políticamente correcto” lo vivimos con el Frente Nacional por la Familia, el cual a partir del mes de mayo de 2016 aglutinó a más de mil instituciones de la sociedad civil organizada de todo México, para trabajar a favor del matrimonio y la familia naturales y como una enérgica respuesta al paquete de iniciativas del presidente Enrique Peña Nieto de modificar la Constitución y el Código Civil para reconocer la ideología de género y las uniones entre personas del mismo sexo.
Las asociaciones del Frente Nacional por la Familia organizaron 130 marchas, con 1 millón, 274 mil participantes; hicieron presencia en los medios de comunicación social, en las redes sociales, en los Congresos estatales, en los Cabildos municipales, en las calles y en las plazas públicas para defender el matrimonio y la familia naturales y evitar el proceso de maduración de la ideología de género en nuestra Nación.
¿Y tú, has participado en la promoción y la defensa a la vida, al matrimonio y a la familia?
¿Ahora mismo, qué estás haciendo, en qué estás comprometido?

Bibliografía:

•    Exhortación apostólica post-sinodal Christifideles Laici, sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. S.S. Juan Pablo II. 30 de diciembre de 1988
•    Exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, sobre la evangelización en el mundo contemporáneo. S.S. Pablo VI. 8 de diciembre de 1975
•    Pontificio Consejo “Justicia y Paz”. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Ed. Paulinas, 2006.
•    Conferencia del Episcopado Mexicano. Documento conclusivo de Aparecida. Ed. CEM, 2007. https://parroquiaicm.files.wordpress.com/2008/12/documento_conclusivo_aparecida.pdf
•    Pontificia Comisión para América Latina. El Indispensable compromiso de los laicos en la vida pública de los pueblos Latinoamericanos. Recomendaciones pastorales. Ciudad del Vaticano, marzo 2016.

Fuente: http://frentenacional.mx/

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