Con un llamado a la reconciliación y unidad terminó la primera jornada del Papa Francisco

Los conocedores y cercanos al Papa Juan Pablo II afirman que su primer viaje a México marcó significativamente la vivencia del Sumo Pontífice. Con apenas meses en la silla papal por la repentina muerte de su antecesor Juan Pablo I, las muestras de afecto al líder de la Iglesia Católica en un país definido legalmente como laico le hizo entender que el papado tenía que salir de la Santa Sede y encaminarse en un peregrinar en todo el mundo para acercarse a los feligreses. De ahí surge “el Papa viajero” y la nueva era de viajes pastorales que llevo a Juan Pablo II a estar cinco veces en nuestra nación.

Su sucesor Benedicto XVI, considerado desde un inicio como un papa de transición, sólo privilegió al país en una ocasión. Sin embargo, se dice que la experiencia fue igualmente significativa para el desarrollo de su pontificado, especialmente en lo que se refiere a su posterior renuncia. Después de un accidente nocturno en la habitación en la Nunciatura Apostólica que requirió de dos puntadas en la cabeza, el sucesor de San Pedro, se dio cuenta que las fuerzas físicas ya no el alcanzaban. Con la publicación posterior de los documentos oficiales por la traición de un colaborador personal fue perdiendo la fuerza moral. Aunado esto último con la experiencia de México, algunos afirman que fueron factores que condujeron a Ratzinger a presentar su renuncia a la silla papal.

Lo que abrió nuevamente un proceso de elección que nos lleva al pontificado del primer latino, el primer Papa americano. Del cardenal argentino Bergolio surgiría una nueva figura que desde hace tres años viene transformando y conduciendo a la Iglesia Católica bajo la figura de Francisco. Mote tomado de uno de los grandes santos del credo religioso: San Francisco de Asís. Un santo que se enfrentó a su familia y los cánones de la sociedad e iglesia italiana de la Edad Media para rescatar los valores esenciales del catolicismo puro y bíblico.

Lo que vimos los mexicanos y la Iglesia Católica universal en esta primera jorndad fue un Papa Francisco que mostró una sensibilidad y conocimiento de los tiempos actuales. Las recomendaciones a los obispos, que muchos han interpretado como un regaño papal, de salir de las ostentaciones y privilegios para dar un auténtico testimonio en la cercanía con el pueblo, con los más necesitados, con los abandonados, los que están fuera de la sociedad es la mirada de una iglesia diferente que se centre en la base y fundamento de valores evangélicos. Es la configuración y caracterización de la iglesia de los pobres, la que él anunció al inicio de su pontificado. La Iglesia no debe encumbrarse ni distanciarse.

Algunos han criticado una supuesta cerrazón en los organizadores de esta visita al negarse efectuar encuentros con grupos, como el caso de los desaparecidos de Ayotzinapa o de las víctimas de otros tipos de violencia. Pero el Papa fue muy claro en la intención de buscar la reconciliación que como valores y acción católica conduce a la unidad en el primer encuentro espontáneo en las puertas de la Nunciatura Apostólica. Se ha tenido cuidado, hasta ahora, no caer en la politización de la visita. Una politización que conduce a la polarización social. Los hechos no se niegan, la Iglesia misma no lo ha hecho y las condenas y exigencias para el esclarecimiento de muchos casos que lastiman a México se han dado con contundencia y oportunidad.

Pero a un país que está herido y que requiere sanar necesita del consejo que nos lleve a la reflexión y terminar con acciones. Se necesita a un pastor, a un líder cercano. Más allá del autoritarismo que sepa hablarle al pueblo en lo que necesita, en lo que lo hará fuerte para sobrellevar las exigencias y penas. Esa fue la humildad expresado en un mensaje que fue muy humano, sin tantos dogmatismos, con vocabulario sencillo, con nota poética que emociona, que llega a las fibras íntimas.

Impactante silencio reflexivo con un Papa sentado frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe. No se necesitaron de aplausos. No era un espectáculo. Eran las palabras y acciones de un hombre creyente, de un pastor que sabe conducir a sus ovejas, que nos muestra el camino a seguir.

En lo político igualmente hay situaciones que debemos analizar. Es la primera vez que un Papa visita la sede del Estado Mexicano, el Palacio Nacional. Lo que nos muestra que el país ha evolucionado de un laicismo radical que negaba la existencia del hecho religioso; a otro laicismo que reconoce a la religión como una vivencia integral en el hombre, por lo cual se respeta la vivencia como tal.

En fin… muchos signos, enseñanzas, cambios en la primera jornada de la primera visita apostólica del Papa Francisco. Pero faltan muchas más. Hay que esperar cuando el Papa hable sobre los temas indígena y migrantes.

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