Cuando el emprendedor se convierte en gandalla

Hace algunos días recibí una invitación para colaborar en un proyecto que resultaba interesante para darle información confiable a estudiantes para efectos de su elección profesional. La propuesta implicaba recibir preguntas que los jóvenes realizarán a la página. Contestar y enviar las respuestas para su análisis y posterior publicación. Todo este trabajo de generación de contenido de forma no remunerativa.

Como educador me resultó interesante la propuesta. Entre a la página y encontré un sistema que con el alta en el mismo se ejecutaba una aplicación de preguntas para configurar un perfil de gustos y habilidades personales, con el objetivo de orientar un campo profesional acorde. Igualmente pude percatarme que había posibilidad de anunciarse publicitariamente en las páginas del sitio.

Mi respuesta después del análisis fue positiva para integrarme a su ciclo de entrevistas. Afirmé: “Con gusto, si al final así lo consideran, participaría en este proyecto siempre que se mantenga sin remuneración económica el sitio. Que se el espíritu de apoyar la causa de información para los jóvenes”

En esa misma tarde recibí el correo que contenía la respuesta.

“En este momento del proyecto sobrevive gracias a las horas que dedicamos y a los escasos ingresos publicitarios. Esperamos en un futuro tener un modelo que nos permita hacer crecer el proyecto y llegar a más jóvenes” – y concluyó el párrafo – “Creemos en el proyecto y también tenemos las mismas necesidades que otros emprendedores, alimentarse y vivir”

Posteriormente se me informa que no era posible incorporarme a ese trabajo, ya que seguirían buscando “voluntarios” para el mismo.

Algo que me queda claro es que todo emprendedor tiene el derecho a buscar los medios de innovación para consolidar una propuesta de negocio que sea rentable. Que bueno que tengan muy en claro que tienen que “alimentarse y vivir” como todos los que participan en el proyecto. Lo justo y ético es igualmente preocuparse por las necesidades de los colaboradores que dan su tiempo y disposición.

Con el argumento de respuesta queda claro que estamos ante un grupo que desea emprender un negocio. Pero no es justo que mientras se crezca y se obtengan beneficios económicos, aunque sean mínimos, no consideren a la mano de obra que les generará, como en este caso, el contenido que nutrirá a todo un sitio web siendo el plus del proyecto. Todo proyecto debe contemplar la prevención de todos los escenarios, tanto positivos o adversos, el financiamiento. O por lo menos, la honestidad y empatía para todos los que invitan a participar.

Esto ya no es empredurismo, sino “gandallismo”, es decir, dame lo que necesito para que yo me “alimente y viva”. Yo crezco, pero no te hago crecer al final. Un binomio que pervierte la buena intención y el compromiso. No es posible que solo te pida ayuda desinteresada mientras yo tengo un beneficio. No es la cuestión de ganar por ganar, sino de reconocer a quienes generan lo importante en el trabajo que se realiza. En este caso, esa negativa de yo gano, sin que los colaboradores que se esperan sean profesionistas no reciban nada, ni siquiera una proyección a futuro. Al igual que todos, los que supuestamente son invitados han estudiado, se han esforzado y hacen un trabajo profesional. Eso debe ser reconocido remunerativamente, en proporción justa y equitativa.

Todos tenemos el mismo derecho. La coincidiencia de esfuerzos y de reconocimientos es lo que nos hace crecer, conjuntamente satisfacer necesidades: alimentarse y vivir.

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