Cuando los menores de edad juegan a ser adultos … y no hay responsabilidad penal

El día de ayer se dio a conocer un nuevo caso de intento de secuestro. Nuevamente se reconoce la eficiencia y eficacia de los cuerpos de seguridad que, en menos de 12 horas del hecho, habían rescatado a la dama privada de su libertad y apresado a los presuntos responsables.

Es por ello que nos hemos enterado que los perpetradores de este acto criminal son menores de edad, estudiantes preparatorianos que exigían una fuerte suma de dinero para la liberación de la secuestrada.

Por definición y procedimiento legal el caso tendrá que adecuarse a la normatividad jurídica del sistema de justicia para adolescentes y menores de edad. Lo cual, a pesar de la gravedad de la privación ilegal de la libertad, no se les podrá aplicar una sanción máxima como si fuesen juzgados como adultos. Su internamiento será en el CEAMA y no el reclusorio penal.

Es entendible que debemos proteger a la niñez y a la adolescencia menor de edad. Es por ello está discriminación positiva para buscar una mejor reincorporación social del delincuente menor de edad.

Sin embargo, ¿qué nos protege de la sociedad de menores que actúan con plena conciencia en los hechos criminales?

Resulta difícil de dudar que un joven de 16 o 17 años, a punto de cumplir con la edad de mayoría que le otorga la capacidad plena de ejercicio de sus derechos con la consecuente capacidad de ser responsable de sus actos, no sepa lo que está haciendo.

En algunos países, los menores de edad pueden ser juzgados como mayores en casos criminales de alto impacto y que se pueda demostrar que hay conciencia en los alcances de la conducta delictiva. Si se dice que estos presuntos responsables del delito, que se afirma actuaron solos, son preparatorianos nos configura un conjunto tanto de conocimiento básico para determinar que sabían del mal que cometían.

Este hecho no es de menor importancia. Para su ejecución existió toda una planeación. Aunque se usó un arma de diávolos, es claro que usaron un recurso para perpetrar y consumar su plan. Esto nos acredita conciencia de hecho.

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