Enrique Vidales 1 junio, 2013

desaparecidos-620x270En los últimos meses se han dado casos de noticias de desaparición de adolescentes, tanto en la capital como del interior del Estado, que han movilizado a los cuerpos de seguridad que responden de manera efectiva a investigar estos casos.

Sin embargo hay que hacer notar que las desapariciones no obedecen a cuestiones de inseguridad, ni secuestros, como tampoco de situaciones que se vinculen a la delincuencia organizada, tal y como sucede en otras entidades de la República.

Hace unos momentos se dio a conocer el caso de la aparición del alumno de la CTM cuyos padres de familia estaban preocupados por su desaparición. De acuerdo con la información proporcionada por la Fiscalía del Estado, el muchacho se encontró en el Estado de Campeche a donde huyó de su domicilio ante las bajas calificaciones que provocaron  debiera asignaturas por lo cual ya había sido dado de baja en la escuela.

Hace poco supimos el caso de otra chica de Motul cuya desaparición ocasionó un amplio operativo policíaco, y que al fina, resultó que la chica había igualmente huido de su casa con un enamorado que conocía por las redes sociales, y así, evitar que sea obligada a casarse con quien no quería.

Pero más allá de la anécdota de la desaparición hay que considerar que un operación de búsqueda y rescate tiene un costo operativo y  financiero por los recursos que se movilizan para lograr el objetivo de encontrar a la persona extraviada, que alarma siendo una noticia de secuestro o trata de personas falsa, que distrae la operaciones cotidianas de procuración de seguridad. Además de que tales desapariciones igualmente impactan en el estado psicosocial de la comunidad que ante la incertidumbre se piensan en muchas conjeturas sobre inseguridad que son falsas.

Por otro lado, igualmente podemos ver la descomposición familiar que impide que los jóvenes encuentren maneras de cómo solucionar sus propios conflictos personales, y por esa incapacidad, recurren a la fuga que pone alerta a toda una sociedad y a sus cuerpos de seguridad.

Aunque en otro lado del problema, hay que reconocer y felicitar a las autoridades que toman en serio su papel en la investigación que provoca los mejores resultados. No estamos hablando de delitos graves, de hecho, no hay delitos que perseguir en estas fugas voluntarias.

Pero si debemos como sociedad analizar lo que está sucediendo en nuestras familias para que estas desapariciones no continúen siendo noticia. Por la seguridad de los jóvenes, de sus familias y de la sociedad misma.

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