Enrique Vidales 28 octubre, 2018

Por Edelmiro Franco. Enviado
Cali, 28 Oct (Notimex).- La obra de Juan José Arreola propone un juego lúdico y fantástico que se acerca a la poesía, aseguró el escritor colombiano, Humberto Jarrín en el conversatorio “México, país de cuentistas”, en la Feria Internacional del Libro de Cali.
Jarrin, Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura de Colombia, participó junto a los escritores Bermeo Gamboa y Juan Fernando Merino, en un conversatorio sobre los cuentistas mexicanos y en donde se resaltó la obra de Arreola con ocasión de los 100 años de su natalicio.
“Entre el panorama de la literatura latinoamericana se destaca la mexicana, y entre la gran producción mexicana, está el cuento y para mi dentro del cuento me interesa mucho el minicuento”, sostuvo Jarrin en entrevista con Notimex.
Arreola es de “mi más alta consideración porque en su obra propone un universo lúdico-fantástico con un excelente juego con la palabra. Son textos que se acercan mucho a la poesía y también al ensayo y generan una potencialidad de mucho sentido sus cuentos”.
El autor de "Confabulario" tiene una gran virtud y es que logra darle “garra a la fábula con la ironía, con un poder político, la necesidad de ir en contra de todos los valores. No todos los valores tienen que ser absolutos, pero Arreola lo hace desde una perspectiva no solo política sino poética”.
El otro autor que Jarrin destacó fue Augusto Monterroso, que si bien nació en Honduras, su carrera literaria la desarrollo en México. Este escritor es el “culpable que la fábula haya adquirido nuevamente, esa garra que tenía en sus origines”.
“La fábula nosotros la consideramos normalmente infantil, un relato que la religión y la moral le quito toda sus garras al punto que le pusieron una moraleja. Las fabulas de Monterrosa quedan como un zoológico en la cabeza del lector”, subrayó Jarrín.
Consideró que el cuento y en particular el minicuento tiene una perspectivas enormes hacia el futuro porque ya se está posicionando en los diferentes escenarios: Universidades, concurso y en el mundo de las editoriales.
Antes el minicuento “no era considerado ni siquiera como un género. Ahora ya se considera un género, antes no estaba en los planes de estudio en la academia y ahora ya hay tesis de grado sobre el minicuento”.
Las editoriales tampoco “le daban importancia y ya tenemos casas editoriales que se dedican a publicar minicuentos. Ahora sus autores ganan concursos”.
Reiteró que el cuento corto en América Latina “tiene una perspectiva maravillosa porque desborda lo narrativo, se acerca a la poesía, se acerca a la reflexión”.
Para Jarrin un buen cuento debe ser conciso y es por eso que es difícil saber cuándo un texto es un minicuento.
El otro elemento es la sorpresa, que el lector “al final del cuento se encuentre con un mundo distinto del que le estaba proponiendo las primeras líneas y finalmente resolver en pocas palabras algo que llame poderosamente la atención, con un poco de juego poético”.
“El minicuento es una maravilla, se parece mucho al aforismo para pensar. Uno no sabe si es un cuento, un poema, o un aforismo. El minicuento, una de las principales cualidades es el de ser escurridizo”, puntualizó.

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