Enrique Vidales 6 enero, 2015

Ayotzinapa-MarchaNo hay duda que el 2014 fue un año negro para muchos mexicanos. Basto el asesinato de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa para canalizar la ira de un sector de la población que encontró la razón y justificación para manifestar su repudio al sistema político. No significa que antes no existieran otros casos trágicos, inclusive de mayor envergadura o impacto, pero que no llegaron al grado de movilizar a muchos mexicanos dentro y fuera del país y a extranjeros.

Una cosa es cierta. No hay ninguna pretexto, argucia, excusa que permita darle la razón y el argumento para el destino de los jóvenes estudiantes, por más que hayan realizado manifestaciones previas, la vida humana es un bien jurídico y moral por excelencia. Bajo ese punto la condena y la exigencia de justicia con respecto a la situación es más que clara, necesaria y contundente. En una sociedad civilizada no es admisible que se atente contra la vida de cualquier otra persona. Mucho menos cuando la acción se da en el contexto no sólo de la delincuencia organizada sino enmarcado en la infiltración de ésta en las estructuras de gobierno, como fue en el caso de las policías municipales de Iguala y Cocula.

Sin embargo las demandas de justicia se han volcado en englobar a todo el sistema político mexicano, empezando con la Presidencia de la República, especialmente por lo que significó el regreso del PRI a Los Pinos en la figura de Enrique Peña Nieto. Al parecer para quienes no comparte este hecho consumado encontraron en este lamentable suceso el insumo necesario para motivar y alimentar los actos de rebeldía. Actos que no son nuevos. Veamos el caso de los maestros con la reforma educativa que insistieron en mucho en que la educación se privatizaba, y tiempo después, no ha sucedido nada de lo que ellos criticaban.

De forma concreta, para el caso que nos ocupa, la investigación se abrió para que entraran peritos argentinos, representantes de las familias, que asistieron en las diligencias y confirmaron diversos actos de la autoridad como fue la muestra del único estudiante que logró identificarse, garantizando que correspondía a uno de los normalistas desaparecidos. Una evidencia circunstancial que puede permitir establecer el destino fatal y que resulta difícil de aceptar y asimilar de los jóvenes.

En algunos medios afines a las protestas han publicado opiniones, que como tales tienen un carácter subjetivo y parcial, estableciendo algunas conclusiones que indican que intervinieron elementos de la policía federal y hasta del ejército. La suposición se ha basado en un vídeo grabado el día del ataque donde solo se alcanza a escuchar que alguien advierte sobre la presencia de policías federales, pero la toma es oscura y efectivamente se tienen la certeza de la presencia policiaca de elementos de las fuerzas de seguridad municipales. En otro argumento se lanzó el titular de que los cuerpos de los estudiantes habían sido incinerados en crematorios privados o militares y después “sembrados” en la escena donde supuestamente se efectuó la masacre. Pero que en la lectura del mismo artículo se desprende que quien lo afirma solo emite una hipótesis, es decir, que no hay la certeza ni la evidencia para sostener y fundamentar su dicho. Sin embargo, con solo el titular parece que basta para sembrar la duda y mantener la teoría de una gran conspiración en torno de un caso que se dio focalizado en una entidad municipal bien definida.

El día 5 de enero, venció el plazo para que la PGR hiciera una acción penal contra la que se dice es la principal responsable de estos hechos y la muerte de los 43 estudiantes. La esposa del alcalde perredista de Iguala, María de los Ángeles Pineda, fue consignada por los delitos de delincuencia organizada y uso de recursos de procedencia ilícita. Se afirma que fue de ella y su esposo, José Luis Abarca, donde se dio origen a la orden que condujeron a los policías a detener a los jóvenes estudiantes y su entrega posterior a los sicarios de la delincuencia organizada. Supuestamente los responsables intelectuales del asesinato de los estudiantes.

¿En qué momento ha sido viralizada lo nota por los que mantienen su voz de protesta contra el sistema pidiendo justicia por este caso?

Las autoridades dieron con los responsables presuntamente directos de estos hechos. Eso es acabar con la impunidad.

¿Cuándo se ha hecho protesta en las instalaciones donde estuvieron en prisión el ahora ex alcalde José Luis Abarca y su esposa para exigir que el castigo contra ellos sea ejemplar?

Resulta interesante ver como la motivación y fundamentación de las protestas se han desviado de un curso normal, enfocadas al punto de origen. No todo México está enmarcado en una violencia insalubre. La crítica contra el sistema político no solo debe enfocarse a la estructura de gobierno, sino también en nosotros mismos que como ciudadanos hemos permitido que muchas cosas pasen en el país. Hoy nos enteramos, a partir de los hechos, que la hoy detenida María de los Ángeles Pineda es pariente cercana de principales cabecillas de la delincuencia organizada. Pero resulta que nadie sabía nada. No lo sabía el PRD que fue el partido que los postuló, ni Andrés Manuel López Obrador, menos Jesús Zambrano.

Es claro que hay responsables directos. Los principales están detenidos, intelectuales y materiales, y se les seguirá un proceso legal donde la sociedad debe estar pendiente de que cual será el castigo. Ojala que las protestas de justicia se enfocarán sobre el proceso legal que se avecina, pendientes de que este delito no quede impune. Al igual que se le exija a quienes impulsaron y pusieron en los cargos públicos a las autoridades involucradas directamente explicaciones y que pidan perdón por la responsabilidad política de sus decisiones.

Aunque seguimos siendo solidarios con el dolor. La vida en el país no se puede estancar. El tiempo sólo avanza en una dirección. No significa tampoco que nos olvidemos de estos hechos. Al contrario, es necesario ahora encauzar los esfuerzos para consolidar las instituciones para que nunca más se vuelva a repetir esta historia. El logro que alcancemos como sociedad para impedir que más jóvenes o cualquier otro ciudadano sean asesinados arteramente por situaciones similares será la mejor manera de homenajear el sacrificio de estos jóvenes.

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