El Estado puede prevenir, pero no predecir

Los dos recientes hechos de violencia familiar que han terminado uno en feminicidio y el otro en un intento de asesinato han encendido la discusión sobre la actuación del gobierno en la prevención de estos delitos.
Desde un punto de vista léxico hablamos de prevenir cuando se establecen medidas o disposiciones que se toman de manera anticipada para evitar que suceda una cosa considerada negativa.
Es cierto que la violencia familiar es una realidad no de ahora sino de tiempo atrás. En una sociedad machista que menosprecia el papel de la mujer en la sociedad la situación es más complicada. Para cambiar este paradigma se tiene que recurrir a la educación de la conciencia en todas las edades, también a programas de promoción del tema y sobre todo de instrumentar políticas públicas y acciones de gobierno para empoderar a la víctima, que generalmente es la mujer, para erradicar la violencia en la vida cotidiana.
Lo que es realmente difícil es la predicción de la conducta humana que significaría anunciar un hecho futuro por intuición, suposición, adivinación. La prevención pretende evitar que las cosas pasen; mientras que la predicción es más certera en cuanto las cosas vayan o no suceder.
Si nos vamos a los hechos, en los tres niveles de gobierno y hasta en la sociedad civil organizada se insiste mucho en la necesidad de erradicar la violencia familiar y contra las mujeres. Existen leyes como instituciones gubernamentales y sociales que tienen como objetivo ayudar a empoderar a las mujeres para que vivan en ambientes libres de violencia.
Lo peor es que el problema en muchas ocasiones persiste sin que exista por parte de la mujer maltratada la intención de auxiliarse de aquéllas.
Pero también, debemos reconocer que para el gobierno resulta imposible predecir lo que una situación de violencia va a derivar, tal y como sucedió lamentablemente en el incidente de Plaza Fiesta la semana pasada.
Como muchas veces hemos sido observadores varios de los asistentes a dicha plaza fueron testigos de una pelea de pareja. ¿En qué momento se derivó la acción que condujo a que el hombre tomará el cuchillo – que portaba la víctima para cortar un pastel – y terminará matando a la mujer? ¿Podía realmente alguien lograr predecir con certeza lo que sucedería?
No pretendo exonerar al asesino. Sin duda estamos ante una mala decisión que propició un desenlace fatal que merece no quedar impune.
Si nos vamos al tema de feminicidio debemos recordar que el termino empezó a considerarse después del fenómeno de las “muertas de Juárez”. Alrededor de más de 800 asesinatos de jovencitas entre 15 a 25 años en un contexto industrial de maquiladores, en pobreza y extrema pobreza, con familias disfuncionales y en posición económica marginal. Casi todos los casos sin un deslinde de responsabilidad por lo cual los delitos quedaron impunes. Al grado que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó que el Estado mexicano era responsable por omisión en la investigación, captura y castigo de los presuntos responsables. Un caso de condenable impunidad que lastimó a la sociedad y marcó una lucha por la reivindicación de los derechos de la mujer, el acceso a la justicia y la penalización de la violencia con ellas.
Ante estos hechos de Yucatán los presuntos responsables están en algunos ya condenados después de proceso judicial, los otros lo están enfrentando. Todo dentro de un marco legal que se sigue discutiendo en el Congreso para ampliar los supuestos que tipifican el delito del feminicidio. El Ejecutivo, por medio de la Fiscalía General del Estado, cuenta con un protocolo de investigación criminal especializado en el feminicidio.
Con ello se busca cumplir con la finalidad del derecho penal que establece que el delito no debe quedar impune y se castigue al responsable. Sobre el tema de la reparación de daño resulta difícil, ya que la perdida de vida no es recuperable.
Más que culpar a un gobierno por estos gobiernos tenemos que vernos como sociedad ante un espejo para descubrir los valores que hemos perdido. No seamos insensibles pretendió desviar la atención a lo que como grupo social debemos procurara consolidar en la vida diaria y cotidiana para construir una convivencia más armoniosa y libre de violencia familiar.
Esta es una tarea de todos los sectores, tanto públicos como privados. No podemos ser ajenos a la realidad y a nuestra responsabilidad.
Posiblemente, sin la capacidad de realmente predecir los hechos, pero viendo una discusión se tornaba en cada momento más violenta, una intervención para ocuparse, acercarse, llamar a la seguridad de la plaza o reporte a la policía se hubiese prevenido la muerte. Pero el pensar, no es mi problema, observar y que al final pasen las cosas lamentables, es lo que nos está conduciendo a una sociedad que parece que es tolerante con la violencia hasta que ésta cobra la integridad física de una persona.
No podremos predecir… pero si podemos prevenir. Al igual que el gobierno.

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