Enrique Vidales 21 junio, 2015

Para algunos panistas se debe aplicar el adagio de que “los trapitos sucios sólo se lavan en casa”. Lamentablemente para el partido blanquiazul que saborea la retención de la Alcaldía de Mérida, poco parece importarle los señalamientos de desvío de principios que se denunciaron públicamente por connotadas personalidades del partido: Alberto del Río Leal, Mari Yoli Valencia y la que era coordinadora de la bancada en el Congreso Local Sofía Castro.

Días posteriores a cada una de las declaraciones las voces de descalificación de los panistas encumbrados en el poder no bajaban de “traidores” a sus propios compañeros. Inclusive desdeñaban el llamado a recuperar la esencia del partido, aquella que se perdió cuando al volverse gobierno imperó más los intereses de grupo que los genuinos principios del mismo.

No hay que olvidar que no son los únicos que han realizado señalamientos claros y precisos. Inclusive el padre del ex presidente Felipe Calderón, Don Luis Calderón Vega, uno de los fundadores del partido, ya había renunciado al mismo por el empoderamiento de un grupo económico que desvirtuaba la esencia del panismo.

¿Cómo reacciona al PAN a la crítica interna?

Primero se calla, no emite comentario. Apuesta a que el silencio resulta mucho más efectivo confiando que la gente pronto olvida los temas políticos. Sin embargo, en caso de resonancia entonces recurre a la descalificación y denostación.

En una tercera etapa de reacción no faltan las amenazas contra los inconformes. Inadmisible que se ventilen los asuntos fuera del partido. Si el impacto de la nota dio para mucho, entonces es momento de pasar a esa acción de amenaza y extorsionadora. Aquí es importante para el panismo hacer que el crítico se calle la boca, deje de estar presente en los medios de comunicación diciendo o hablando de más de lo dicho.

Pero muchas veces eso no acaba ahí. Ahora que el PAN tiene inferencia en el gobierno puede recurrir a otros medios más persuasivos. La acción es la venganza en contra del entorno del sujeto disidente. Arremete contra la vida profesional, laboral o empresarial. Con recursos de gobierno y sin importar el despotismo se atenta contra quien no supo “ser leal” al partido. Entendiendo como lealtad la sumisión a los intereses de grupo.

Es muy claro que el PAN logró refrendar la administración en Mérida. Sin embargo perdieron todas las diputaciones federales. En las derrotas del PRI significativas no aparecen. No ganaron ni en Progreso ni en Valladolid. En el caso de la legislatura local retrocedieron en el número de legisladores por el ingreso de otras fuerzas políticas para la conformación de un Congreso plural, pero con mayoría príista.

Si nos vamos a la elección nacional, es muy claro que el partido no cumplió con la expectativa. No supo aprovechar la mala imagen presidencial y se quedó como segunda fuerza política. Sin embargo, si tan sólo sumamos lo obtenido por los partidos de izquierda, el escándalo es mayúsculo, ya que la derecha panista en México representa apenas a un quinta parte del país … en un tercer lugar.

Retomando la crítica los hechos y lectura de las elecciones es claro que los disidentes tienen algo o mucha razón en lo expresado y criticado.

El problema en Yucatán que con la conservación de la presidencia en Mérida no se dará una situación de reflexión interna para corregir los rumbos. Lo peor es que esa fuerza que debería usarse para mejorar el partido lo canalicen a la venganza contra sus propios compañeros que solo ejercieron un derecho constitucional, la libertad de conciencia, expresión de ideas y de opinar.

El senador panista Javier Corral ha dicho en estos días que un partido – refiriéndose al PAN – que no es capaz de reflexionar sobre el peor resultado electoral obtenido en los últimos 30 años está condenado a repetir los fracasos y a estancarse al referirse a la sobre el cambio en la dirigencia panista y advierte “no es el autoengaño, la autocomplacencia, la autosatisfacción ni el relevo de personas de la misma cofradía lo que nos llevará a conquistar en el 2018 la Presidencia de la República, sino el análisis autocrítico, franco, constructivo y soluciones de fondo”.

AL CALCE. No olvidemos que el PAN fue propulsor de la transparencia y rendición de cuentas. ¿En dónde queda entonces su congruencia?

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