El primer gran resultado de EPN: la transformación constitucional de México

propuesta-de-EPNEn el año 2000 se pensaba que se llegaba a un punto climático en el camino de consolidar una democracia efectiva en el país. Se creyó, en ese entonces, que el advenimiento de un partido de oposición al poder significaría el término de un sistema hegemónico y absoluto que había gobernado el país por más de 70 años. Sin embargo, aún y a pesar de desde el sexenio anterior con Ernesto Zedillo Ponce de León ya el poder legislativo se convertía en un espacio plural y representativo con la participación de todas las fuerzas políticas del país, los dos sexenios panistas – Vicente Fox y Felipe Calderón – no pudieron establecer bases para los cambios y transformaciones que el país demandaba.

Habrá quien diga que se mejoraron procesos y prácticas de gobierno como la rendición de cuentas y la sistematización contable de los recursos financieros del Estado, entre algunos de los aspectos positivos. No obstante desde el gobierno no se pudo construir una reforma integral en diversos temas estructurales del Estado. La política se polarizó en colores e ideologías con la consecuencia de producir un estancamiento en el crecimiento y desarrollo económico, político y social.

México, como nación dentro de un mundo global, no podía quedarse atrás de la competitividad comercial, cultural e ideológica. No podemos estar aislados de las realidades del mundo que nos exigen más productividad y competencia. Por lo tanto, la supresión de modelos tradicionalistas como el paraestatalismo subsidiario, donde el gobierno se convierte en benefactor del bien colectivo al retener las empresas de servicio y productivas del país ya no tiene cabida como una opción real y positiva.

Mucho se le criticó a Enrique Peña Nieto su capacidad para gobernar el país. En las redes sociales se convirtió para sus detractores el medio para toda clase de burlas. Sin embargo, hay que destacar que en esta Presidencia se lograron hacer cambios significativos en diversas materias legales como en educación, en las finanzas, en lo político, las telecomunicaciones, y más recientemente, la energética.

Tal etapa transformadora no se pudo haber alcanzado sin la construcción de los consensos necesarios ante la configuración de casi un 30-30-30 para las principales fuerzas políticas (PRI, PAN, PRD) y 10 a los menores (PT, MOVCIUD. PANAL., PVEM). Nadie por sí solo podía hacer los cambios. Con oficio político se dan las condiciones para que, por lo menos, las tres principales fuerzas políticas se reunieran, se discutiera  y se tomaran las decisiones no sólo el qué, sino también el cómo y cuándo se iban a dar trámite las reformas del Estado.

En el tiempo necesario se avanzó en los temas de cambio. Hoy en día se ha terminado la etapa de profundas transformación, y con ello, inicia ahora una nueva en donde se exigen resultado o los beneficios que en cada caso los ciudadanos debemos esperar. Los ciudadanos queremos que lo prometido se convierta en realidad. Tenemos el caso del costo de la energía eléctrica y el gas. Aunque una mente consciente de la realidad sabe muy bien que esa decisión no se logra consolidar con un simple decreto, sino que requiere de acciones que en mediano plazo nos den las condiciones para que se vuelva el beneficio en una realidad.

Es muy claro que mientras nos acerquemos a la contienda intermedia del 2015 algunos sectores disidentes se van a polarizar. Lamentablemente en su apuesta de sólo criticar por criticar, vacía y hueca de propuesta, intentarán desvirtuar la visión, alcance y proyección del actual camino recorrido. Ojala, que por el contrario, exista un análisis más argumentativo y de propuesta que mejore lo que ya se hizo. Es así como se logra avanzar hacia adelante.

Se ha concluido una etapa de transformación. Enrique Peña Nieto se comprometió, porque así lo hizo en el Estado de México, a ser un gobierno de resultados. Aunque algunos no les termina de gustar esta presidencia, el primer gran resultado se ha logrado: transformar el país, pero no sólo desde una perspectiva de operación política, sino en la modificación de la Constitución en los temas fundamentales para la consolidación del crecimiento y desarrollo político, económico y social.

AL CALCE. El panismo se separa de la clase empresarial cuando dice que tendrá como causa el aumento del salario mínimo. Lo que no dicen los blanquiazules, es que un aumento del circulante sin el respaldo en infraestructura económica, en el equilibrio entre oferta y demanda, ha sido uno de los tantos factores inflacionarios en las diversas economías del mundo, incluyendo México. Si algo necesitamos de la clase empresarial en su compromiso por México es inversión que genere más y mejores empleos, el tema debería centrarse en la productividad del país.

Por ello la decisión de apoyar el salario mínimo como una bandera política cae en el populismo. Se cree que por “atender una necesidad social imperante” van a recuperar la confianza de la ciudadanía. Lo que no contaban es que la exhibición en vídeo de su doble moralidad ha caído más que un balde de agua fría. Lo que se ve es que el partido no está preparado para afrontar la peor crisis de credibilidad que ha sufrido.

Se necesita más que pelear por un mayor salario para recuperar esa confianza hoy perdida y extraviada.

 

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