Enrique Vidales 11 agosto, 2015

La tecnología llega para quedarse. Pero lo que debería ser una bien por el correcto uso de los medios electrónicos, se pueden convertir en situaciones adversas para uno. Tal es el caso de las fotos virales de estudiantes de enfermería que se tomaron, a lo “selfie”, junto con pacientes agonizantes o situaciones de emergencia. Un cuadro que se esperaría un mejor trato, más humano y acorde a la discrecionalidad que el campo de la medicina supuestamente demanda.

El celular, convertido ahora en un medio de uso general por las diversas aplicaciones y facilitades que nos permiten para organizar la vida cotidiana, más allá de funcionar sólo para hacer o tomar llamadas, se ha convertido por ello en una necesidad más que un artículo de lujo. Sin embargo hay que ser cada vez más conscientes de la forma de esclavización que nosotros hemos permitido a ese dispositivo.

¿Qué necesidad verdaderamente tenían las estudiantes de tomarse esa foto? ¿Presumir ante sus amigos de un hecho que debería quedar en la discrecionalidad que demanda la profesional?

Si nos damos cuenta de las consecuencias, hoy las chicas que han sido ventiladas en las mismas redes sociales que usaron para conseguir fama, son duramente cuestionadas por toda la comunidad que reprueba tal conducta. Por lo menos, este “linchamiento social y viral” es la muestra de que aún la sociedad mantiene en claro que hay principios de conducta que no deben ser fácilmente rebasados.

Hay quienes cuestionan el hecho del linchamiento. Alegan que fue un error de juventud. Pero algo debemos tener muy claro, de un universitario no debemos ya esperar un comportamiento infantil. Ellos se están formando para ser los profesionistas que encararán una función útil dentro de la sociedad, que espera de aquellos un compromiso y una actitud de vida profesional acorde a su elección vocacional. Una elección que nos compromete en toda la vida a ser los más pulcros en las decisiones y acciones que dentro del contexto de la profesión debemos de cumplir.

Lamentable que estás cosas sucedan, que “sin querer queriendo” dejan mal a la instituciones educativas, sobretodo en las privadas que presumen de una formación integral en sus estudiantes. Una formación integral que contempla no sólo el conocimiento y las habilidades de la profesión, sino también de las actitudes y los valores idoneos que fortalecen la visión de vida y de la ocupación misma.

Esto debe ser una señal de alerta para el sistema educativo nacional con respecto a lo que se debe hacer para crear más conciencia en el uso de la tecnología. Aunque bien sabemos que en muchas ocasiones no es de gran ayuda éstas. Ejemplo de la complejidad y problemática lo vemos en el caso de la concientización sobre sexualidad donde no se ha podido parar el número de embarazos no deseados en jóvenes menores de edad. Ni siquiera regalando los preservativos y tanta información que hoy se dice en la escuela y medios de comunicación evitan que se caiga en el error.

Sin embargo no podemos por ello dejar sola a la juventud en el siempre esfuerzo por decir las cosas como son. Procurando que no se quede en el dicho sino que se interiorice en la mente y los valores para evitar caer en los errores que marcan toda una vida.

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