EPN y Angélica si están casados: solo importa el matrimonio civil

En los últimos días, previo a la visita de su Santidad el Papa Francisco a México, ha resultado interesante para los detractores de la presidencia de Enrique Peña Nieto sacar el expediente de la boda religiosa con Angélica Rivera. Un caso que corresponde a un ámbito normativo religioso, totalmente ajeno a la legislación civil mexicana.

Como consecuencia se he pretendido hacer un cuestionamiento a la misma Presidencia de México. Se le exige una “respuesta” sin que Los Pinos hasta el momento emita una declaración o aclaración al respecto.

El asunto, tal y como lo afirme en el primer párrafo, depende de un marco normativo que no corresponde a una violación a una ley civil mexicana. La separación Iglesia-Estado continúa siendo vigente para los asuntos legales. El único matrimonio válido para el Estado Mexicano es el efectuado ante la oficialía de cualquier Registro Civil. El matrimonio religioso únicamente es válido en el ámbito jurisdiccional de la religión misma, sin que tenga algún efecto legal en los mexicanos.

Como si fuese una historia reiterativa, si la unión entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera se diera sin los cánones tradiciones y conservadores, como lo es el matrimonio religioso, igualmente sería cuestionado por ello. Aunque es especulación, lo que es cierto que no se deja a aprovechar cualquier “situación” para criticar decisiones o hechos del Presidente.

En este caso, no tiene nada que decir ni aclarar la Presidencia de la República. El matrimonio civil del Presidente y Angélica Rivera es tan válido que el religioso no es causal de nulidad.

Lo más que alcanza esta “denuncia” es un cuestionamiento a la Iglesia Católica y su jerarquía. Aunque también no es de extrañarse que desde el poder ejercido por algunos se ha empleado esta fuerza para hacer valer este tipo de pretensiones.

Pero de ahí a cuestionar al Poder Ejecutivo por un asunto de costumbre, fuera del ámbito legal con validez jurídica y constitucional es otro asunto.

Es la incongruencia de algunos personajes que desde la izquierda, que debería validar la separación iglesia – estado, hoy utilizan a la religión para darle una zancadilla a una institución del Estado Mexicano.

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