Enrique Vidales 13 marzo, 2015

En el año 2000 se creyó que la democracia mexicana experimentaba una alternativa de poder clara y madura. Se pensaba que significaba una gran oportunidad para romper con el poder hegemónico y vertical del sistema político mexicano.

Sin embargo, en los 12 años que duro el gobierno de oposición el país experimento una inacción política derivada de la incapacidad y oficio de parte de los principales actores político en la construcción de los consensos que el nación requería para avanzar en los cambios necesarios para dar una mayor estabilidad política, una reestructuración económica para un mejor crecimiento y desarrollo social. No se pudo, por más que se hablo y se discutieron en foros  las reformas estructurales que quedaron como cartas de buenas intenciones.

Al parecer ningún problema social se pudo resolver en los doce minutos que se prometieron serían atendidos. Aunque existió una mejora la administración, se careció de diálogo firme y propositivo, que convocará a la sociedad civil organizada para generar ideas, construir proyectos y sacar del rezago político muchos temas de interés. A Felipe le quedo corto su México 20-30, un ejercicio de simulación para legitimar por la vía social un triunfo electoral cuestionado. No hubo resultados concretos en a las acciones políticas. En su administración se condujeron los esfuerzos contra una guerra contra la delincuencia que empoderó a los grupos delincuenciales y sembró la zozobra y la inseguridad en varias partes del país.

En el 2012 se dio un proceso electoral donde resultó ganador indiscutible Enrique Peña Nieto. Aún con la sospecha de las tarjetas monex es muy claro que su impacto no significó un cuestionamiento claro y contundente que sea un factor para desestimar el triunfo príista. Tan fue así, que aún con las dudas que pudieron tener los partidos al respecto, las tres principales fuerzas políticas de la elección aceptaron la convocatoria de la presidencia para asumir un compromiso en la búsqueda de consensos en los temas de interés nacional. De esta forma se logró las reformas en materia educativas, financiera, la política que impacto en lo electoral, telecomunicaciones, energética. Un periodo reformador sin precedentes en donde todas las fuerzas tuvieron oportunidad para discutir y decidir por la vía institucional legislativa. Las decisiones se tomaron por mayoría, en donde algunas veces se gana o en otras se pierde. Lo importante es que se puso en movimiento y transformación la vida democrática y el estado legal de la nación.

Pero llegó Atozinapa. Una tragedia que vino a transformar la opinión pública de la nación. Fue el punto de inflexión que elevo un hartazgo social sobre la política entendible por la falta de resultados que resultaban del legado de los gobiernos de oposición. Solo que hay que ser muy precisos, el crimen de los estudiantes se perpetró en una presidencia perredista, con gobierno igualmente de ese partido político. No fue por orden de un organismo de la presidencia federal. Los detractores que han intentado descalificar la acción de justicia que ya tiene al alcalde responsable tras las rejas no han podido demostrar fehacientemente la participación de fuerzas federales ni el ejército, ni de algún funcionario federal que pueda ser sospechoso directo de la orden de ejecución. Es muy fácil construir y crear conspiraciones.

Pero el tema ya escaló a nivel internacional y los reclamos parecieran que el país se encuentra a punto del colapso. Al parecer la apuesta por la conciencia y memoria política corta está ganando la partida en el debate social. En otros países democráticos no se tiene medio a la alternancia del poder. Se cree que es un medio idóneo en la consolidación democrática en la medida que un cambio de fuerza política en el poder ayuda a que los actores políticos se comprometan más a los resultados generales y no de partido.

Pero se necesita de que las partes entienden que cualquier puede ser gobierno. Por lo cual es necesario “hacer las cosas bien”. Implica un mayor oficio político, una conciencia y valores de tolerancia, No es admisible el solo derrumbar por golpeteo mediático.

En los dos primeros años de la presidencia de Enrique Peña Nieto se pudieron poner en el tema de la discusión y decisión de las reformas constitucionales. A lo largo de este tiempo se ha visto una reducción en los números de ejecuciones. No es cuestión de que mande “ocultar” esos datos, las redes sociales son suficientes para que la verdad pueda salir a la luz. Al contrario, los principales cabezas delincuenciales han sido capturadas. Inclusive del “Chapo”, el que se dice fue ex carcelado de forma no legal en los primeros días de la presidencia de Vicente Fox Quesada. Sin embargo, nada de esto es motivo de reconocimiento social.

Por ello tenemos que mucho que trabajar en la construcción de una nación en valores democráticos que implica respetar las diferencias, criticar con argumentos sólidos y propositivos para el bien general y no particular, mucho menos, partidista. En la diversidad se encuentra la capacidad de coincidencia, en donde todos deben participar.

AL CALCE. Se decía hace tiempo que Yucatán es un paraíso para los delincuentes. Hoy es una realidad que tal afirmación no tiene sentido. Sin signos de violencia, en operativos policiacos respetando los derechos humanos de los detenidos y hasta de los demás vecinos, han caído cabezas importantes del catálogo nacional. Yucatán sigue siendo y confirmándose que es un Estado seguro, que el brazo de la justicia si ejecuta sus acciones dentro de la entidad.

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