Enrique Vidales 16 octubre, 2016

 

La historia cuenta que Alfred Nobel, inventor de la dinamita, al percatarse del uso de su máxima invención para salvaguardar intereses bélicos, se propuso otorgar un reconocimiento a las mejores contribuciones que personas realizan a favor de la humanidad. Así se institucionaliza el Premio Nobel. Un reconocimiento que ha buscado la excelencia en diferentes ramas la ciencia, la cultura y, de manera más destacada, la lucha por la paz.

En este año hay dos nominaciones que han causado gran polémica. Por un lado, la entrega del Nobel de la Paz al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, por la búsqueda de la paz con la FARC. Un conflicto que lleva muchas décadas en perjuicio de la estabilidad y desarrollo social de Colombia.

Lo polémico es que para la firma de los acuerdos de paz se requirió no solo de la voluntad de Juan Manuel Santos, sino también de la comandancia de la FARC. Si uno promovió y otro solo aceptó, no importa. No se puede acabar un conflicto de forma unilateral. En 1994 el Nobel de la Paz fue otorgado tanto a Shimon Peres (primer ministro de Israel) y Yasset Arafat (líder del Movimiento de Liberación Palestina). No importó que sobre el segundo pesarán acusaciones de prácticas terroristas. Lo que se reconocía era el papel de ambos en la construcción de la paz en una de las zonas más conflictivas del planeta.

Después viene el anuncio del Premio Nobel el cantante de cultura popular Bob Dylan. Sin llegar a ser fanático ni gran conocedor de su música. A pesar de que en la Literatura se reconoce igualmente la parte de la musicalización de lo escrito, hay quienes dudamos que sea un acierto de la Academia Sueca.

Parecería que hay un intento de buscar más un replanteamiento mediático por elegir a una persona famosa que si bien incide en la música, no hay una contribución significa que fomente un acercamiento a la literatura en los jóvenes. Es una evidencia más de la trivialización de nuestra cultura donde importa más lo inmediato que la profundidad y el fondo.

¿Cabría entonces la posibilidad de que en algunos premios MTV se otorguen premios o reconocimientos para los escritores?

¿Abrirá ahora la Academia Sueca la oportunidad para que otros autores o cantautores sean reconocidos por su contribución poética?

Una pregunta más:

¿Es posible comparar la aportación de Ernest Hemingway con Bob Dylan?

Para quienes no ven diferencia de fondo no hay problema. Para quienes, consideren lo contrario, del tamaño de la diferencia, es la brecha que hoy genera una polémica que pone en duda la credibilidad de los premios Nobel.

 

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