Enrique Vidales 19 junio, 2015

Un sistema que no tiene capacidad de retroalimentarse es difícil que pueda decidir acciones que corrijan errores, mejores sus procesos internos y permita la superación de los rezagos operativos, en sus agentes, infraestructura, metas y objetivos. La educación como sistema no escapa de esta realidad. Es trascendental contar con procesos de evaluación adecuados y pertinentes que permitan tomar las mejores decisiones para el bien del propio sistema.

Desde el año 2000 se efectuaron diferentes acciones para reformar contenidos educativos y los planes de estudio de las escuelas normales en México. Sin embargo faltaba uno de los elementos más importantes que son y siguen siendo los maestros. En todas las reformas educativas se habían centrado en temas de objetivos, contenidos, infraestructura y lineamientos generales del quehacer educativo. Pero ninguna tocaba al magisterio.

Lamentablemente la labor del maestro al sindicalizarse fue perdiendo imagen y autoridad en la sociedad. Los maestros empezaron a ser vistos por otros sectores como los “flojos” por las prebendas sindicales que privilegiaban más la lucha de intereses personales y no el bien de la educación.

La reforma educativa que se concretó en este sexenio en el aspecto legal tiene en su espíritu elevar y dignificar la labor del docente. Pero no se puede “dignificar” si no se parte de calidad que como docentes se debe procurar en el salón de clase. Es ahí la importancia de la evaluación en las diferentes facetas del proceso de inserción, permanencia y promoción de maestros.

Necesitamos sin lugar a ninguna duda que ingresen los mejores maestros, que prueben con éxito sus conocimientos, habilidades y actitudes. Debemos estar seguros que los maestros que están en servicio estén continuamente capacitados y comprometidos con su propio desarrollo profesional que permee en los estudiantes para la consecución del mejor aprendizaje en ello. En el caso de la promoción debe premiarse a los mejores, lo que se han esforzado de forma continua y progresiva.

La educación es el pilar fundamental del desarrollo de un país. En sus maestros se encuentra un bastión de suma importancia para conseguir un sistema con calidad que responda a las exigencias del mundo global y tecnificado. Los maestros, sin perder el realce a las tradiciones culturales, requieren igualmente transformarse para ser competitivos.

Lo que menos queremos es tener maestros en la calle, sino al contrario, en las escuelas y centros de estudio y desarrollo profesional docente instruyéndose para ser mejores, para dar el máximo y más allá en el compromiso para sacar adelante al país. Esto no exenta de la lucha por mejores salarios y condiciones de trabajo y desarrollo personal y familiar; al igual, que buscar la optimización de la infraestructura educativa, la renovación de instalaciones y reparación de aquellas que no cumplan con las condiciones mínimas exigibles para un buen desempeño del sistema educativo.

Los maestros debemos estar en las aulas, fomentando y creando aprendizajes. Esa es la tarea sustancial de la educación, la manera de recuperar la confianza en la sociedad para que junto con ella en la lucha por la dignificación se tenga calidad moral para exigir. Cuando un maestro toma una piedra, se cubre el rostro y atenta con la paz y la seguridad de terceros ajenos, daña la imagen del docente y no es ejemplo de lucha legal y legítima para sus estudiantes.

México necesita de buenos maestros, necesita que estén lo mejor preparados, que no le teman a los procesos de mejora, que se comprometan a cumplir con la legalidad en cuanto cumplimiento de la ley y lucha por sus ideales sociales y sindicales. No queremos al maestro que desestabiliza, que violenta a la sociedad, que no es ejemplo de civilidad, ni de democracia.

Este es el reto del maestro en lo individual y del gobierno, dentro de su realidad como fuerza coactiva, de enderezar el rumbo hacia los fines públicos y colectivos del sistema educativo. La violencia no puede ser tolerada. El incumplimiento de la ley tampoco.

AL CALCE. Se debe abrir una investigación seria y responsable sobre la acusación contra la directora de la escuela Mártires de Chicago en Progreso, Mtra. Nicté Ha Miranda León ante una acusación de presunto bullying en contra de una alumna de la escuela. La reforma, como se afirmó anteriormente, intenta que los maestros sean los mejores, especialmente en los cuerpos directivos. En el caso de la Mtra. Nicté Ha hay presunción de favoritismo sindical ya que su madre es delegada del SNTE. Lo que presume y sirve de pretexto para atemorizar a subalternos y padres de familia con el influyetismo que la directora suplente presume.

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