Enrique Vidales 6 abril, 2015

Contra lo que algunos decían, el asunto de la candidatura independiente del payaso Lagrimita había ocasionado una atención especial por lo que respecta a las candidaturas ciudadanas. Es un derecho de los mexicanos el votar y ser votados. Sin embargo, el ejercicio del derecho se circunscribe dentro del contexto partidista. Tradicionalmente se tiene que pertenecer a un partido para luchar por una posición de poder. El ciudadano apartidista en un proceso electoral no existía.

En la nueva legislación electoral se abrió el camino hacia las candidaturas ciudadanas. Un paso fundamental para abrir a la participación ciudadana y quitarle el monopolio de los partidos en la lucha por el poder.

De ahí la importancia de las candidaturas ciudadanas y el interés de una figura pública y conocida en su faceta de payaso para participar en el proceso electoral en Guadalaja, Jalisco.

La ley prevé que se requiere del 2 por ciento para que la inscripción sea validada por la autoridad electoral y se pueda participar de forma directa en el proceso electoral. El payaso Lagrimita o Guillermo Cienfuegos (su nombre real) logró un total de cinco mil firmas en una primera instancia. Al reconocer que varias de ellas no contaban con la copia de credencial de electoral del firmante, un requisito formal para la petición de registro de candidatura ciudadana, se procedió a redefinir su estrategia, contratar a un equipo de outsourcing y lograr juntar más de 23 mil 877 firmas que representa el dos por ciento del padrón electoral de Guadalajara.

Sin embargo, en una “profesional y acucioso” revisión de las firmas presentadas se descartaron alrededor de cinco mil firmas por no ser parte del patrón de Guadalajara, estar repetidas o no cumplir algún requisito formal. De acuerdo a la información dada a conocer por la autoridad electoral le faltaron 998 firmas para que la candidatura sea aceptada y se considere su propuesta dentro del actual proceso electoral.

Lo que se puede percibir ante el acopio del cien por ciento de más firmas mínimas que existió un temor en los partidos políticos de Guadalajara que buscaron el “tecnicismo” para invalidar una candidatura ciudadana. En términos de política y participación ciudadana hubiese sido muy interesante la participación del payaso en la contienda electoral.

Pero eso ya resulta imposible, a menos que procedan los recursos legales que Guillermo Cienfuegos “Lagrimita” ha anunciado antepondrá ante las autoridades jurisdiccionales electoral para la revisión de su caso. El problema que las campañas tienen poco tiempo.

Una oportunidad para medir realmente el grado de aceptación de la clase política en tan importante capital de estado mexicana se ha, por el momento perdido.

No sé quién ha sido más payaso… un ciudadano que quiso ejercer su derecho a ser votado o una autoridad que realmente hizo una “payasada” para proteger el monopolio de los partidos en la lucha por el poder público.

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