Enrique Vidales 15 marzo, 2013

papafranciscoHoy la Iglesia Católica se ha convertido en centro de atención mundial ante el reto de elegir a un nuevo Sumo Pontífice, representante de la congregación religiosa y jefe de Estado Vaticano. En la sucesión del poder más antiguo que conserva arraigadas sus tradiciones y costumbres desde el inicio.

Una de las situaciones que hoy caracterizan a la Iglesia Católica es la pérdida de feligreses que la abandonan cuestionando su integridad, la pureza y dignidad que debería ser ejemplo de una institución religiosa. No es posible negar que los escándalos de pederastia y abuso del poder clerical y económico debe alertar a que los dignatarios tomen las providencias adecuadas para solucionar estos apremiantes problemas.

Pero también hay otros problemas que no han sido atendidos desde la curia vaticana, como lo es el papel de los medios de información tecnológicos modernos que conducen a un mundo global, que por su apertura abre nuevos horizontes al hombre en cuanto concepciones religiosas y mundanas.

Al parecer la Iglesia ha tardado a reaccionar ante la crisis de fe, como algunos le llaman, haciendo no rentable en términos religiosos pertenecer a la misma. De hecho, la juventud de hoy día cuestiona severamente a la Iglesia, sus preceptos de castidad antes del matrimonio y otros más que parecen absurdos para la mentalidad racional de los jóvenes.

Ya no importa recibir el bautizo y la primera formación religiosa en la casa, la adopción de una religión por herencia o tradición familiar. Desde que se empieza a tener conciencia religiosa asumen una actitud crítica que provoca el alejamiento.

Sin duda hay mucho trabajo que hacer para rescatar a la Iglesia de esta incertidumbre. Ya era la hora de un cambio de timón después de 30 años de gobernarse bajo un esquema, que si bien explotó lo mediático, en los resultados de convicción se requiere de un mayor compromiso que sólo imágenes y llenar espacios en medios de comunicación.

¿Será capaz el nuevo Papa lograr el cambio que llegue a la Iglesia rumbo a un nuevo milenio de experiencia religiosa?

No olvidemos que una de las premisas que se supone sostiene sobre la Iglesia Católica como fundamento es la práctica del amor, que es capaz de superar cualquier ley.

DE ÚLTIMA. Justo al terminar la anterior reflexión, se dio la noticia de que ya había salido humo blanco de la Capilla Sixtina. Sorpresa grata la elección de un Papa Latinoamericano, Jorge Mario Bergoglio, de origen argentino, que llevará el nombre de Francisco I. Causó una gran admiración el momento en que pidió, antes de dar la bendición papal, que sea el pueblo católico quien lo bendiga. El nombre hace alusión a uno de los hombres santos más humildes del cristianismo que nunca había aparecido en el nominativo papal.

Sin duda es una noticia que alegra a la comunidad católica de América. Es el reconocimiento de América Latina, su lugar y aportación al mundo. Es un giro de la historia tradicional a las nuevas realidades del mundo global.

Ojala que este optimismo inicial por el anuncio del sucesor en la silla de San Pedro permita una mayor apertura de la Iglesia a los temas que como latinos nos preocupan.

AL CALCE. En los primeros 100 días de gobierno de Enrique Peña Nieto han ido las reformas constitucionales en materia educativa, derecho a la información pública y ahora en telecomunicaciones. Igualmente hay cambios importantes en las legislaciones de amparo.

No nota un trabajo político trascendente para lograr los consensos que permiten esos cambios legales. Hay que tener en cuenta que se requiere para lograr un cambio en la Constitución la mayoría calificada en el Congreso de la Unión, y por lo menos, el apoyo de 17 legislaturas locales. El estancamiento del país por la falta de acuerdos entre las fuerzas políticas del país parece que es cosa del pasado.

La felicitación y el reconocimiento a todas las fuerzas políticas que han entendido que para transformar a México es necesario superar las diferencias ideológicas e intereses particulares, para que sea posible la construcción de la coincidencia con lo cual se construya un proyecto de Estado que nos beneficie a todos quienes lo integramos.

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