Enrique Vidales 16 febrero, 2010

Hoy cuando la Iglesia Católica se siente preocupada por la falta de
fidelidad de muchos católicos hacia los postulados de ella misma, hoy
se exhibe de manera burda y falta de respeto a los cánones que ella
establece. No estoy en contra de la noticia, de la notas y gráficas
testimoniales en las revistas especializadas en el caso, inclusive, de
la venta de las exclusividades. Todos tienen el derecho de hacer con su
vida lo que quieran.

Pero televisar la boda en vivo es solo preocuparse de las cosas
mundanas al ser dos personajes, si bien es conocida solo una en un
medio en específico como el artístico, no son significativos ni se
pueden considerar modelos de la sociedad mexicana. ¿Cuánto está
recibiendo la Iglesia de Monterrey por esa transmisión? ¿Es acaso, como
dijera alguna vez un obispo mexicano que es igual como el dinero del
narcotráfico que se purifica con las buenas acciones, como la Iglesia
justifica el circo que se ha montado en sus instalaciones, en su
templo, en un momento de sumamente sagrado para miles de católicos que
ven convertida en pantomimia su Iglesia?

Por más que han intentado de crearle una imagen positiva y poner
como modelo esta boda, no quita el mal sabor de boca y el
cuestionamiento a la integridad que la Iglesia Católica debería
mantener, por si misma y por el alto compromiso ético, moral, y
sobretodo, religioso, que representa.

 

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