Enrique Vidales 14 septiembre, 2018

Un maestro debe ser consciente de la importancia de la evaluación en el proceso educativo. Evaluar significa aplicar un proceso de toma de decisiones que surge del análisis comparativo de lo que se esperaba lograr y lo que se consiguió, en este caso, en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Hay muchos tipos de evaluación y cada una tiene su propia caracterización. Por ejemplo, ningún maestro de bien deja de aplicar una evaluación diagnóstica al inicio de cualquier proceso académico o de tema. Este tipo de evaluación es primordial para conocer el terreno, los conocimientos previos que apoye al maestro ante la nueva información que deberá impartir en el curso.

Iniciado el proceso, se requiere de la evaluación formativa que permite ir detectando las áreas de oportunidad de mejora durante la ejecución de las actividades académicas. Es la evaluación continua y permanente que todo docente debe procurar para verificar que el proceso marche lo mejor posible.

Finalmente tenemos la evaluación sumativa que integra una resolución final del desempeño académico del estudiante para saber si cuenta o no con los elementos competentes de los conocimientos, habilidades y actitudes desarrolladas en un proceso educativo.

Sin la evaluación, que como vemos está presente en todo el proceso formativo, el docente no tiene la capacidad de saber como y hacia dónde va y, en su caso , hacer las correcciones que se consideren pertinentes para lograr los resultados esperados. Estos principios se extrapolan a nivel macro y se aplican a todos los elementos del proceso educativo, incluyendo a la evaluación del servicio profesional docente.

Porque es difícil que un proceso de cualquier índole no pueda ser evaluado. La evaluación está en todas partes. La hacen los empleadores cuando tiene que elegir a un sustituto en un puesto de trabajo, al igual que durante el desempeño profesional para permanecer en el trabajo. Hasta los políticos, como lo partidos son evaluados por la sociedad. Ahí está el análisis de los victoria y la derrotas del pasado 1 de julio. Tan solo por poner algunos ejemplos.

Es por ello que no puede haber un halo de inmunidad en torno al maestro con respecto a la evaluación. ¿De qué otra manera se detecta la situación y áreas de oportunidad en la preparación del docente en ejercicio?

Hace alrededor de 20 años, como compromiso para el mejoramiento de la calidad educativa se instauró en el sistema educativo nacional el programa Carrera magisterial, un acuerdo entre el SNTE y la SEP. De manera voluntaria los maestros optaban por participar o no en dicho programa. Carrera magisterial evaluaba el desempeño docente y en caso de acreditar puntuaciones mayores, de acuerdo a la prelación en los resultados, se consideraban estímulos económicos como premio al esfuerzo de mejoramiento de los docentes.

En 2013 con la mentada reforma educativa que crea el Servicio Profesional Docente que se establece que la evaluación al desempeño para el ingreso, la permanencia y la promoción sería desde entonces obligatoria. Es cierto que tuvo un componente punitivo al establecer que si no se evalúa un maestro en automático se pierde la plaza laboral. En caso de reprobar o no ser idóneo, se tendría que activar un proceso de capacitación y acompamiento para presentar otras dos oportunidades. Si después de tres evaluaciones no se logra la idoneidad, entonces procedía el despido sin responsabilidad para las autoridades educativas.

Para el caso de los maestros ya en ejercicio al momento de entrar en vigencia las leyes educativas, nunca la ley especificó despidos. Lo que establecían los transitorios era la remoción de la función docente, es decir, ya no podrían ser maestros. En su caso serían reubicados en otras funciones dentro del sistema educativo nacional, pero no podrían estar frente a un grupo por carecer de las competencias docentes por no ser idóneos para el servicio profesional docente.

Si algo debe permanecer de la actual legislación es la evaluación al desempeño docente. Lo que se debe mejorar es eliminar el carácter coactivo que actualmente tiene y convertirse en un sistema, que nos permita a todos los involucrados en la educación y formación de la futuras generaciones de mexicanos, contar con un instrumento para la mejorar del proceso enseñanza-aprendizaje donde el maestro es un activo importante para obtener los mejores resultados.

Pero hay mucho desinformación y manipulación de las cosas en materia educativa. Se pretende tanto de un lado como del otro tirar responsabilidades del fracaso de la educación en el país. Más que procurar una análisis de lo que se necesita para elevar la calidad educativa y comprometer al maestro en el proceso educativo, el tema tiene un uso electoral y político.

Cancelar la reforma educativa y especialmente la evaluación al desempeño docente, como algunos lo están sugiriendo en el Congreso de la Unión, es regresar y apostarle a la ignorancia, al pobre desempeño docente, a la desidia y el conformismo magisterial.

Reitero, la evaluación al desempeño docente no debe desaparecer. Si reformarse y eliminar la vinculación de lo coercitivo y derechos laborales.

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