La inmediatez mediática: esclavitud de nuestro tiempo

 

Estamos viviendo un mundo global y tecnológico que nos está arrastrando hacia una configuración de inmediatez en todo. Ya no es cuestión de encontrar el fondo, sino que desde la forma se evalúan los hechos y acontecimientos.

Resulta ya cotidiano que la difusión de la noticia se de en tiempo real, de forma inmediata. Ya no es necesaria esperar a que salga el medio tradicional al día siguiente para conocer la noticia. La viralización provoca una expansión de la información de manera insospechada. Esto nos ha llevado a la configuración de lo pronto y expedido. Una velocidad que impide hacer análisis de fondo, de una comprensión del hecho y la interpretación de la realidad. Lo que queremos lo deseamos al momento. Esperamos el resulta inmediato y mientras sea más directo mejor.

Las muestras están claras en procesos sociales que están a la vista de todos. Uno caso es la contienda electoral de Estados Unidos que se caracteriza más por los ataques que las propuestas. Ese fue el tono que le imprimió tanto Donald Trump como Hillary Clinton. La lucha de poder por el poder mismo sin presentar una visión de estado, el camino, retos y metas para el futuro próximo.

Hoy los norteamericanos tienen que decidir no en quien es mejor, sino cuál de ellos es el menos peor. Las descalificaciones están a la orden del día. Tal pareciera que es más importante minar el camino que construir con ideas la ruta a seguir.

Es lo mismo que está pasando con nosotros en el país. La democratización de las redes sociales, aunque han abierto el ejercicio de la libertad de expresión, también ha creado grandes lagunas de desinformación y manipulación en la información. Es la dualidad y doble criterio con el cual se juzgan y valoras los hechos políticos y sociales.

Tenemos el caso del Nobel de Literatura que este año, de acuerdo con la Academia Sueca, por sus méritos en la producción innovadora, creativa y propositiva le pertenece al cantante popular norteamericano Bob Dylan. Este año ya no se venderán más libros como suele suceder cada año con el autor que recibe tan importante y culta distinción. No es el punto dudar de su aportación a la bella expresión, pero valdría la pena cuestionar si realmente se hizo un análisis a profundidad sobre las repercusiones y efectos de la decisión tomada.

Parecería que todos esos casos lo importante no es lo que viene, sino lo que está sucediendo. Tal vez por esa circunstancia resulta difícil entender lo que el presidente Enrique Peña Nieto ha hecho para el país. Los mexicanos estamos absortos en el desdeñamiento de la persona y, por ende, del cargo institucional. La apuesta por el fracaso del gobierno representa al final la consolidación del retroceso institucional para el país.

No significa que claudiquemos en el análisis y juicio crítico valorativo. Sino que dejemos por un lado solo la forma para ir al fondo de las cuestiones que nos preocupan.

Se entiende que queremos resultados más visibles y tangibles. Pero también nos estamos negando a analizar fundamentos que delimitan la acción en el futuro. La exigencia es para el “ahorita” sin importar en el mañana.

Difícil tramite nos toca a todos en la construcción de la sociedad inmersa en el mundo global y la tecnología. Mientras no recuperemos la capacidad de asombre que mueve hacia la inventiva y la creatividad, estaremos condenados a seguir el camino incierto de la inmediatez que podrá resolver algo en un momento actual, pero que no establece los lineamientos para construir el futuro.

AL CALCE. Por la inmediatez perdemos en ocasiones el sentido de lo espiritual. El desarrollo interior que es parte de nuestro ser y que consolida la personalidad. Al momento de escribir estas líneas me he enterado del fallecimiento del Pbro. Fernando Díaz López. Un gran sacerdote con mucha alegría y vida que a lo largo de mucho tiempo fue guía espiritual en varias comunidades religiosas de Mérida. Me guardo las mejores experiencias de aprendizaje religiosas y personales. Agradezco a Dios que me permitiera ser un colaborador en una parte esencial de mi vida y de mi formación religiosa. Lamento como humano su muerte, pero como católico celebro su tránsito a la vida eterna. Descanse en Paz P. Díaz.

 

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