Enrique Vidales 16 noviembre, 2016

Hace unos 15 días se me ocurrió regalarle un triciclo a mi sobrino. Inspeccionando en supermercados, específicamente de Chedraui, Walmart y Aurrera, pude darme cuenta de los precios oscilaban entre 400 a 1200 pesos dependiendo del lugar y la marca.

Hace dos días pasando nuevamente en una de esas tiendas me sorprendo darme cuenta que el precio del triciclo, de uno que había visto en alrededor de 600 pesos, ahora marca la etiqueta unos mil pesos. Entiendo que la situación de dólar y el resultado de las elecciones provoque volatilidad en los mercados financieros; pero en este caso, sobrepasaba por mucho un aumento de casi el 50 por ciento en el precio del producto. Esto es algo que está pasando mucho. Es uno de tantos que estamos compartiendo entre amigos.

Fue tiempo después que caí en la cuenta que estamos a horas de celebrarse el Buen Fin. El invento del presidente Felipe Calderón que junto con empresarios buscaban incentivar el mercado interno con esquemas de ofertas, descuentos y más crédito.

Sin embargo, vemos muy fácilmente, como en un mi caso, ejemplos de negocios comerciales que ofrecen un 20 por ciento de descuento en productos donde ya se le subió ese mismo porcentaje al precio. Es decir, se aumenta para que aplicado el descuento al final el comerciante no pierde.

Además, mucho se ha hablado en los últimos días de las consecuencias económicas que podría ocasionar la toma de protesta de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, No obstante, de que los empresarios han mostrado preocupación, es muy claro que ahora no les importa las proyecciones económicas por impulsar el aumento de crédito para los días del Buen Fin.

Es claro que el interés del comercio es el lucro, es decir, la obtención de ganancia sobre la operación económica. Pero debemos tomar un poco de conciencia y resguardar recursos para la temporada difícil que se percibe venir por las variables macroeconómicas que no apuntan a una estabilidad en los mercados y en las finanzas.

Debemos ser observadores de los precios. Darnos cuenta de cuales comercios da un doble discurso. Aquellos que dicen que quieren apoyar a la economía popular sin ningún detrimento de su ganancia normal. Es fácil aprovecharse de un impacto mediático y publicitario que no corresponde a la realidad, que oculta el vicio de aumentar precios y ofrecer después descuentos.

El terrible juego de no voy a perder, sino solo a ganar y mientras sea más, mucho mejor.

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