Enrique Vidales 25 enero, 2015

huelgauadyNo hay duda, el rector Williams llegó débil a la rectoría de la Universidad. Ni es su propia facultad, la de veterinaria, logró obtener un triunfo decente. Aunque sabemos que existe el dicho que nadie es profeta en su tierra, el arribo del nuevo rector trajo consigo el problema laboral con el sindicato que está poniendo en jaque la vida universitaria.

Es cierto que el salario mínimo no subió hasta un 10 por ciento como tampoco se le autorizó a las universidades públicas más de 3.4 por ciento de alza salarial. Sin embargo eso no mengua el derecho de los trabajadores, en este caso manuales y administrativos, a luchar por mejores condiciones de salario y prestaciones laborales. Más cuando ya se sabe el sobresueldo que cobra el rector y otros directivos de la máxima casa de estudio.

El que conoce la vida universitaria, o mejor dicho, los recovecos de un dizque centro de estudios superiores púbico y democrático es consciente de la gran simulación que existe. Veamos el caso de las falsas convocatorias para los cargos académicos o de coordinación. El mundo académico es consciente que dichas convocatorias están ex profeso desarrolladas y creadas para personas específicas, no al público en general. Es un pequeño latifundio donde los caciques, o mejor dicho directivos de la UADY, usan para sí mismos un presupuesto similar a la Ciudad de Mérida en su propia conveniencia. Así se explica el por qué la UADY está llena de un nepotismo vergonzante

El presente movimiento sindical ha sacado esos trapitos sucios que la sociedad no debe pasar por alto, ya que la UADY se costea y beneficia del dinero público. La inversión del Estado debe estar orientada a la producción de talento profesional para el crecimiento y desarrollo social, no para mantener cotas de poder que sangran los recursos en detrimento de una auténtica calidad educativa, una formación humana integral con calidad moral y política.

Es por ello que la Universidad está dañada, no por los trabajadores que luchan por mejorar condiciones de trabajo, sino por las malas prácticas administrativas y de poder de una clase intelectual oligárquica que ha apoderado de ella y la maneja peor que “la casa de Tobi”.

Es por ello que resulta repudiable que la UADY pretenda al mismo tiempo que negociar, utilizar las otras vías de defensa como la jurídica y la organización de sedes alternas para estudiantes. El mensaje es muy claro: a la UADY no le interesa entonces solucionar con el diálogo un problema que es casero y que podría bien resolverse si se dejarán de pagar “compensaciones” que rayan en el dispendio y derroche, una mejor optimización contable de recursos para que los gastos de viajes o viáticos representen ahorros sustanciales, que la final, con todos esos recursos que resultan ociosos se les de un mejor beneficio, que reivindique a los trabajadores manuales y administrativos.

Pero parece que ese no es el camino… y por ello, hoy la Universidad está herida en la credibilidad y calidad educativa, moral y política.

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