Enrique Vidales 20 octubre, 2018

Uno de los elementos del Estado es el territorio. Como tal se entiende la extensión geográfica sobre la cual se ejerce una jurisdicción política que va conformando y delineando a un país o nación. Los límites se le conocen como fronteras que pueden ser por razones naturales o también artificiales en las convenciones entre los países involucrados. Si algo ha quedado claro en nuestro mundo es el reconocimiento de fronteras sobre las cuales hay un marco jurídico internacional y vigente que regula la forma en como se organizan los puntos de control y verificación fronterizos para el traspaso de personas entre las naciones involucradas.

En una realidad que los países tiene un derecho de exclusión sobre su propio territorio. Le asiste la razón en establecer de forma particular las normas que regulan el ingreso y las condiciones de permanencia dentro de su territorio. México, por ejemplo, el Poder Ejecutivo Federal tiene la facultad de sacar del país a los extranjeros que participen en actos políticos. Una facultad que le asiste de manera unilateral, sobre la cual no existe derecho de audiencia por parte del afectado una vez determinada la acción de expulsión. Esto tiene razones históricas y culturales, ya que nuestro país en su vida independiente, en dos ocasiones fuimos intervenidos por países extranjeros. Como también se prohíbe en el caso de la elegibilidad para ser candidato presidencial los mexicanos naturalizados, es decir, un extranjero hecho mexicano, para que pueda aspirar a ser la máxima autoridad ejecutiva del país.

Los mexicanos estamos ante una situación inédita. Más de un millar de hondureños tiene la pretensión de llegar a los Estados Unidos y necesitan pasar por territorio mexicano en su camino a enfrentar la política migratoria de nuestros vecinos del norte. Por su parte el gobierno mexicano ha insistido en que no caerá en deportaciones masivas y el presidente electo se prometido darle empleo y comida a todos esos centroamericanos que participan en la caravana del migrante.Play Video

No es malo tener un sentido humanitario y ser solidarios ante las problemáticas sociales y la vulnerabilidad de otras naciones hermanas a México. Sin embargo, hay que ser claros que tampoco la situación de México es boyante como para dar el lugar a miles de centroamericanos que en el derecho humano de la migración quieren pasar por nuestro país sin la garantía de lograr su ingreso a los Estados Unidos. Lo que conllevará a que muchos se queden, en la eventual situación de que los norteamericanos cierren la frontera y no les permita el paso.

Un realidad que no podemos negar, por estar así configurado en las legislaciones de todos los países, es que solo los ciudadanos son lo que pueden reclamar algo a su propio gobierno. Los indocumentados que mantienen un estatus ilegal dentro de un territorio soberano no lo tienen y están sometidos a la censura y la incapacidad jurídica de reclamo. Es cierto que habrán grupos sociales de presión social y política que luchan a favor de los migrantes, pero es muy claro que aún con esas alternativas mediáticas, el gobierno puede ejecutar las expulsiones y deportaciones a los ilegales de manera inmediata.

Podrá no gustarle mucho la anterior situación a los activistas y defensores de los migrantes. Pero es cierto que aún con la exigencia que hace nuestro país para respaldar a nuestros connacionales que emigran a Estados Unidos, nosotros debemos cuidar de nuestras fronteras y exigir procedimientos que nos den la garantía de que los que entran lo hacen de buena fe.

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