Las redes sociales y la virtualización de la política de México

 

Hace algunos meses consideraba las redes sociales como un barómetro de la opinión pública. No hay duda que globalización tecnológica ha democratizado el acceso a instrumentos para hacer valer el derecho de opinar y la manifestación libre de ideas. Sin embargo, estamos observando y percibiendo grandes distorsiones en el uso de las mismas. Ahora es muy fácil mover una tendencia de la emoción ciudadana con información falsa.

Con los hechos de Oaxaca se ha visto una estrategia de comunicación cuyo objetivo es lograr la manipulación de la realidad. Con el uso de cuentas clonadas de periodistas como Carmen Aristegui no hay ningún reparo para usar fotos de otros conflictos, como Vietnam, manifestaciones de Barcelona y represión en Bangladesh, para saciar las ansias antipríistas o antipeñistas. Es un posicionamiento de temas a conveniencia política.

Se aprovechan de la incapacidad analítica y crítica de los ciudadanos que en la falta de observación e inmediatez por compartir un contenido en las redes no se pone a validar la información. Bastaría darse cuenta de elementos visibles, como la complexión física, señalética en la calle o la palabra “Police” en las cascos y uniformes para darnos cuenta de que el apoyo gráfico o vídeo no corresponde a México. Sin importar ese detalle, no solo se comparte, sino que se convierte en un catalizador de la inconformidad ciudadana.

Queda claro que las redes sociales en el mundo político llegaron para ser una realidad. Que es importante su uso por la clase política. Constituye un espacio de interlocución directa. Aún y a pesar de las consecuencias negativas que encierra.

Es un hecho que México ha depositado en las redes sociales un espacio de intercambio de ideas de cualquier índole. Se dice que el 98 por ciento de quienes tienen acceso a la Internet cuentan, por lo menos, con una cuenta de red social.

Es importante, por lo tanto, lo que ahí se publica, se discute y analiza. Inclusive el insulto, la “mentada de madre” o la agresión por un comentario es digno de ser considerado y reflexionado. Es un medio que nos abre la mente a la diversidad de opiniones y un diagnóstico del contexto político o social.

Una discusión que ha quedado dentro de los límites de la misma virtualización de la red. Ahí están los casos de Uber y la inconformidad por el caso de los maestros de Oaxaca. Tantos que se solidarizaron con el servicio de transporte público con chófer privado se quedaron en las expresiones dentro de las redes sociales. A la manifestación convocada un sábado en el monumento da la bandera fueron muy poquitos a realmente a mostrar apoyo.

Igualmente sucedió con los maestros. Tanto insulto a las autoridades y cantidades de post mostrando la rabia e ira en contra del gobierno no sirvió de mucho para congregar a manifestantes solidarios en la Plaza Grande. Es claro que resulta más fácil hablar y expresarse en el anonimato de una red social.

Estamos entonces en una auténtica virtualización de la política y la acción ciudadana. El concepto que surgió en los medios computacionales hacen referencia a la capacidad de simular la realidad por medio de sistemas o software. Esto es fácilmente aplicado al entorno y contexto político.

Vivimos en las redes sociales una simulación del debate político que es abierto y público. Importante de estar dentro de ella para conocer las tendencias. Pero con la medida justa de saber que es solo una forma de expresión que permite una pronta e inmediata interacción. Podemos estar a un paso de transitar de la violencia virtual a la realidad.

Por lo cual, usemos las redes con prudencia y moderación.

Al CALCE. El Sejuve convocó a un concurso de debate político. Después de haberse inscrito un aspirante, al parecer hay un interés de filtrar a los concursantes con requerimientos que se antojan absurdos. Hasta ahora no se había escuchado que se le pidiera a un concursante que entregará sus fuentes de información. Se entiende que un debate político es la capacidad del uso de información desde una perspectiva tanto objetiva como subjetiva, la forma de argumentación que deberá estar fundamentada.

Entregar fuentes de consulta de manera previa es dar una ventaja competitiva que puede enlodar la confiabilidad del concurso.

Es una exageración.

 

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