Los colores de Ayotzinapa

padres-ayitzonapaNo hay duda, el tema de la semana es Ayotzinapa y los macabros acontecimientos del municipio de Iguala, Guerrero. Un bastión que tiene una tradición rebelde, por lo cual la falta de criterio derivado del empoderamiento de la autoridad, parece estarse convirtiendo en el centro que condensa a los opositores del sistema político mexicano.

I. Primeramente hay que decir que más allá de los apasionamientos que una situación por demás dramática, a los buenos mexicanos quedamos perplejos y anonadados por la descripción que se hiciese de lo que supuestamente hasta hoy fue el destino de los 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa. “Ya los hicimos polvo y los tiramos al río”, un mensaje que refleja la saña con la cual fueron tratados un grupo de estudiantes, que al fin y al cabo, como jóvenes idealistas querían estudiar, prepararse y luchar por un México que ellos creían. No me imagino ser un pariente, ni un padre, hermano o inclusive amigo. Resulta de humanos quebrarse, enojarse, insultar y llorar. Mi solidaridad y oración por las familias que hoy sufren esta estúpida pérdida.

II. Sin embargo, en una cruda realidad no me toca ser parte de ese grupo. No quiere decir tampoco que me ponga en el lugar de los despiadados delincuentes materiales e intelectuales de semejante barbarie. Simplemente me toca, como los demás miles y millones de mexicanos, de estar junto con el dolor y sentimiento de impotencia. Por lo mismo, en el respeto al dolor de las familias que deben vivir su propio proceso de aceptación y asimilación de una realidad cruenta, a los que nos toca verlo desde fuera debemos tener la mesura que nos permita la reflexión de lo que pasó y lo que debemos hacer para que esto no vuelva a pasar. Este no es el México que debemos querer y construir. La consolidación de la democracia nos ha costado muchos años construirla para que ahora, desde un gobierno de oposición, se siempre la desconfianza en la vida institucional del país.

III. El PRD es el partido que debe pedir perdón a los mexicanos, especialmente a las familias. Carlos Navarrete, Jesús Zambrano y Jesús Ortega, inclusive Andrés Manuel López Obrador deben una explicación amplia a la sociedad. Desde este partido se empodero y apoyo a una familia vinculada a la delincuencia organizada. Desde la izquierda se dio el palomazo de aceptación y no se hicieron muchas cosas para concretar las denuncias de desaparecidos y asesinatos que ahora se dan a conocer cometió el alcalde de Iguala José Luis Abarca. Alejandro Encinas, el senador del partido amarillo, ha declarado que había la intención de hacer al hoy presunto autor de la matanza un diputado federal. Sería el segundo caso. No se nos olvide Julio Godoy, hermano del ex gobernador Leonel Godoy, que fue presidente del Ayuntamiento de Lázaro Cárdenas, Michoacan y lo “metieron” a escondidas el recinto legislativo para que juré como diputado en 2009. Así es como verdaderamente se comportan las mafias de poder. Usando las estructuras de sistema sin importar que este sujeto, desaforado en 2010 y hoy prófugo de la justicia, este acusado de lavado de dinero y vínculos con la “tuta”, el más peligroso delincuente de Michoacán.

IV. Pero la estrategia de la desinformación y de canalización del daño a la Presidencia de la República parece ganar inicialmente la partida. El problema por sí solo ha demostrado el oportunismo de los grupos anarquistas, de choque contra el sistema y los inconformes del modelo político tengan el aliento y motivación para emplear la violencia. Más que claro es la intención de desestabilizar el país con desmanes, con insultos, aprovechando la exaltación de la sociedad derivado de un natural enojo. Ese es el fanatismo que puede conducir a la barbarie, como apuntará el filósofo fránces Diderot el auténtico peligro para México

V. Renuncia Enrique Peña Nieto … ¿y qué sigue? Sería el principal cuestionamiento. No fue desde Los Pinos o la sede nacional del PRI donde se tomó la decisión de hacer presidente de José Luis Abarca en Iguala. Si la denuncia fuese congruente también deberían irse todos los “amarillos” que antes apoyaron y que ahora se hacen los “omisos”. Esa es la cara auténtica de la demagogia, la falta de arrojos para aceptar que se equivocaron. Resulta más fácil aprovecharse de un descontento moderado contra Enrique Peña Nieto para exaltarlo como el principal responsable de esta tragedia. Pero honestamente, si se va, ¿entonces quien queda? ¿Hay la garantía de que las cosas se van a solucionar? Lo que verdaderamente se debe hacer es abrir un espacio de reflexión y análisis de lo que ha sucedido. Parece que es mucho pedir que se tenga más visión política que ve hacia el futuro. Resulta más fácil y animosa la visceralida

VI.Una visceralidad que está llevando a la violencia al país. Me queda claro que la violencia genera más violencia. Lo que le sucedió, en el momento de confirmarse pericial y científicamente, a los estudiantes es un acto de violencia barbarie, ajena a la democracia y a la civilidad de las instituciones. Si bien no es cierto que una quema de la puerta de Palacio Nacional no sea comparable con la muerte y ejecución de 43 estudiantes, comparten ambos hechos en el fondo una causa y empoderamiento de la violencia.

VII. Por lo cual es claro que hay dos agendas muy específicas en el caso de Ayotzinapa. La primera y más importante el reclamo de justicia de las familias surgidas por el dolor de la desaparición y destino de sus hijos estudiantes. Por otro lado los inconformes maestros, anarquistas y oportunistas que están aprovechando el momento para cimbrar el país en sus estructuras políticas.

Lo bueno es que aún hay una parte de la sociedad que está siendo consciente del momento que estamos viviendo. Un sector que se une al dolor de las familias, que se solidariza con el sentimiento. Unos han orado, otros han salido en vigilia y a protestar con orden, con respeto a la institucionalidad. Lo que estamos viendo que parece una crispación social poco a poco irá tomando su lugar en la sociedad.

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