Enrique Vidales 20 noviembre, 2015

Al parecer el Medio Oriente fue el origen de la civilización humana, y al parecer, será también el punto de partida de su destrucción. Lo que los últimos días la humanidad ha vivido por los atentados de Francia cometidos por el llamado Estado Islámico rebasa la comprensión simple o cualquier otro hecho violento en el mundo.

En alguna ocasión me contaron una interpretación de hechos bíblicos que se relacionan con el origen del conflicto que hoy tiene en vilo al mundo entero. Se vincula con la historia del Patriarca Abraham, considerado el padre y fundador del judaísmo. Isaac fue hijo de Abraham. Jacob fue hijo de Isaac y tuvo 12 hijos que fundaron las Doce Tribus de Israel, uno de los cuales fue Judá. David y Salomón fueron descendientes de Judá.

En el texto bíblico se cuenta que Abraham junto con su esposa Sara no podían tener hijos. Como costumbre en las comunidades patriarcales primitivas, su esposa le concede una doncella de su servidumbre para que pudiese el jefe de la tribu tener descendencia. La elegida por Sara fue la esclava Agar que pronto quedó embarazada. La rivalidad entre las dos mujeres de Abraham fu dura y al final la forzó a huir al desierto, donde la historia afirma que nació su hijo Ismael. Un hijo de Abraham que fue repudiado por el padre cuando éste concibió a Isaac bajo la promesa de que su descendencia sería más numerosa que las estrellas del cielo. Este “hijo bastardo”, en el criterio de interpretación occidental, es considerado el padre de los ismaelitas, beduinos nómadas. Cuando Agar tuvo a Ismael, Abraham tenía 86 años.

De la rama de Ismael surge los árabes, por lo cual el tronco común que une a las tres grandes religiones del mundo: judíos, musulmanes, y posteriormente, los cristianos como una derivación de los primeros, comparten un punto de origen compartido. Las tres religiones consideran que Ismael fue el primer hijo de Abraham. Sin embargo, la tradición judeocristiana da una preferencia a Isaac, mientras que los musulmanes se decantan por Ismael. Por ejemplo, en la Torá y en la Biblia, se considera que Isaac fue el elegido para ser sacrificado por Abraham, mientras que la mayoría de los eruditos islámicos creen que fue Ismael el elegido para ser sacrificado, aunque no lo dice mencionando un nombre, el Corán da a entender que se trata de Ismael; todos los eruditos islámicos así lo consideran.

Lo que nos enseña esta historia de naturaleza familiar con todo lo que representan en conflictos y cargas emociones derivadas, es la dificultad originaria de comprensión entre las tres grandes religiones que hasta hoy mantienen un permanente conflicto.

En este punto hay que aceptar en la realidad de los hechos que cada una de las partes en el conflicto han tenido errores y cometido igualmente grandes atrocidades en contra de civiles, de inocentes, y más, en niños y niñas que ajenos a los conflictos viven en la zozobra, la incertidumbre, el peligro constante en su integridad física. Es la alimentación del odio, de la incomprensión que lastima, que con dolo busca herir y menoscabar la vivencia y la dignidad del contrario.

El ataque a Francia fue una obra maestra del Estado Islámico. Provocaron en esencia los fundamentos del terrorismo al inquietar totalmente a una nación que tiene que mirar hacia adentro para encontrar el enemigo. El país galo es la nación europea con mayor cantidad de franceses con origen musulmán. La cultura del odio puede provocar escaladas de violencia dentro del mismo país entre connacionales por razones de origen y religión.

Es por ello que el gobierno francés no dejo esperar tiempo y emprender una lucha contra los enemigos en Siria e Irak. La ironía de un mundo occidental que empoderó a grupos sociales marginales para fines convencionales de guerra. No importó en su momento armarlos y entrenarlos para usar en la invasión a Irak, pero que después de la misión, quedaron los aprendizajes bélicos, las armas regaladas y abastecidas para emprender propias luchas. Es el caso de Al Qaeda y de Osama Bin Laden que primero fueron aliados de USA para combatir a los soviéticos socialistas que se había apoderado de Afganistán. Liberada de esa nación y en poder de los talibanes se suscitó el peor ataque terrorista dentro del mismo territorio yanqui.

¿Estamos en la puerta de una III Guerra Mundial?

Aún es prematuro para llevar a una conclusión definitiva. Sin embargo, el camino parece conducir a la humanidad hacia una confrontación bélica sin precedentes. Bastaran días para determinar, en el análisis de las decisiones que tomen los líderes del mundo, hacia donde se va a dirigir la humanidad.

Lo que es cierto, es que hoy debemos condenar cada hecho que provoque la muerte de civiles, especialmente de niños y niñas. Ya sea un ataque terrorista o en la justificación de una defensa de los valores de la humanidad, no hay excusa alguna para validar la barbarie de la sangre y la matanza. Como siempre son los inocentes quienes los sufren más, mientras los líderes, con todas las comodidades y seguridad solo ejecutan órdenes para la destrucción y la aniquilación.

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