Enrique Vidales 19 septiembre, 2015

Era un mañana normal en la secundaria. Yo cursaba el primer grado de educación media cuando el maestro de música entró al salón de clase para decir de forma irónica: “creo que hoy no podrán ver sus telenovelas”. Fue así como en aquel grupo tuvimos la primera noticia del temblor de México de 1985. Efectivamente se había caído la antena de Televisa con la consecuencia de que la máxima cadena televisiva dejaba de informar del drama que se vivía en la capital de la república aquella mañana del 19 de septiembre.

Histórica la reseña que Jacobo Zabludovsky, que desde un teléfono por la radio, mantuvo una narrativa escalofriante por las primeras impresiones de una ciudad destruida, de la gente que no solo se lamentaba de los hechos sino que se prestaba a ayudar a los demás heridos y en rescate de entre los escombros.

En definitiva no solo cambió el rostro del centro histórico y urbano de la capital por los derrumbes de edificios, algunos emblemáticos, populares e históricos. El sismo del 85 vino a trastocar el ánimo, organización y participación ciudadana.

En la retrospectiva hoy sabemos que el gobierno de aquel entonces, encabezado por el presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quedó más que rebasado por las consecuencias del desastre. Su tardanza en responder propició una reacción solidaria en los ciudadanos de la misma capital que se volcaron a ayudar a los heridos en su rescate, así como también, en las provincias del país que se solidarizaron en atender necesidades urgentes.

A partir de ese movimiento ciudadanos surgieron las primeras organizaciones gubernamentales al superar la concepción paternalista del gobierno. No era posible sentarse a esperar que el “papa – gobierno” acudiera al auxilio. Fue el surgir de la fuerza ciudadana y la gran influencia que ésta tiene en la procuración y satisfacción de necesidades sociales.

Ejemplar las historias de rescate, la entereza y voluntad de vida de los “niños milagro” en hospitales y el trabajo de personalidades como la disposición del cantante tenor Placido Domingo, que aun cuando ya habían encontrado a sus familiares, no sólo continuo en la búsqueda de otros mexicanos, sino que además, ayudo a otros cientos de compatriotas con la construcción y donación de viviendas.

Recordemos que a partir de este evento y la necesidad de rescate entre los escombros surgió el grupo “los topos” que primero de forma más que improvisada salvó a varios mexicanos de los edificios derrumbados por la fuerza telúrica. Hoy, al tiempo y con la preparación, este grupo de mexicanos valientes son ejemplo a nivel mundial para la asistencia, apoyo y rescate en situaciones similares.

Fueron las historias de un alto espíritu humano, pero sobretodo, mexicano que nos condujo a despertar nuestra conciencia social, la solidaridad y la participación ciudadana.

El sismo de México del 85 cimbró a todo México. Ese despertar nos ha llevado a la consolidación de una sociedad más democrática y más participativa.

Aun se puede ver en la Ciudad de México leves destellos de la destrucción de ese mañana. Pero en la conciencia hay más huellas en la sociedad del mexicano.

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