Enrique Vidales 17 abril, 2009

El cambio de republicanos a demócratas fue más que esperado. La llegada de Barack Obama representó para el americano la búsqueda de cambio que ellos necesitaban para salir del gran hueco en donde los hundió Bush.
Lo criticable a los ojos de los latinos, es que Obama, como fue característico de la campaña política presidencial nunca habló de su visión sobre América Latina, lo que se consideraba lamentable ante la influencia cultural y económica que nos heredaban los americanos.
Sin embargo, ya en el puesto, ha llamado la atención que previo a la Cumbre de las Américas, el primer presidente afroamericano de USA decidiera visitar a México. Previamente la secretaria de estado, Hillary Clinton había visitado al país para recomponer la primera serie de desafortunadas declaraciones de militares en la actual administración que nos habían calificado como un “estado fallido”
Hoy, ambos presidentes en la bienvenida oficial en Los Pinos, hablaron de responsabilidad compartida en temas trascendentales como la seguridad, la frontera y al tráfico de armas en el combate a la delincuencia organizada. Vimos con ello, por lo menos ahora, en el discurso un cambio muy radical en el concepto y tono del presidente Obama con respecto a nuestro país y lo que necesitamos hacer conjuntamente.
Inicialmente se abre una esperanza para un nuevo entendimiento entre ambas naciones que compartimos mucho más que una frontera física. Faltaran ver que esas intenciones se traduzcan en acciones concretas que ayuden a fortalecer la relación bilateral.
“Debemos optar por el futuro en vez del pasado, porque sabemos que el futuro ofrece enormes oportunidades si trabajamos juntos” – escribe hoy el presidente en una editorial reproducida en el Universal – pero, al fin y al cabo, es el anhelo, el deseo y una expresión de la esperanza de América Latina.

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