Modelo educativo entre la incertidumbre y la ignorancia

A inicios de esta semana se presentó en Palacio Nacional el nuevo modelo educativo a implantarse en los próximos ciclos escolares. No hay ninguna duda que la educación es un elemento de cohesión nacional para cualquier país.

No obstante, de que la educación es sí misma tiene un carácter dual y antagónico en su naturaleza. Al mismo tiempo debe mantener y consolidar los valores esenciales, culturales y tradicionales de una comunidad; como también, innovar en los conocimientos, habilidades y actitudes para promover el desarrollo social. Entre ambas funciones es necesario encontrar el equilibrio que nos permita no perder, en nuestro caso, la esencia del mexicano y lo que debemos hacer como nación para competir en la globalidad, en la economía del nuevo conocimiento y competitividad.

En el discurso de presentación todos hablaron “bonito”. Los ejes de definen la estructura se entienden y son necesarios para la configuración y modelamiento del sistema educativo. Es imprescindible pasar de la memorización al procesamiento de la información que fortalezca los procesos de aprendizaje autodidacta. Lo que los maestros conocen como “aprender a aprender”. La escuela no debe concebirse como solo el lugar o espacio de enseñanza sino como el punto de convergencia de maestros, alumnos, padres de familia, comunidad vecinal, autoridades y sociedad en general. El aula debe reproducir la realidad social y permitir que bajo el amparo de la democracia la participación social permita establecer el rumbo de los procesos educativos.

Caso especial constituyen los maestros. Es prioritario recuperar no solo el valor del docente, sino también, el compromiso académico de preparación, capacitación y superación. El mérito y esfuerzo aterrizados en procesos de formación y reconocimiento laboral y salarial son elementos que deben sustituir el nepotismo y el comercio de plazas e incrementos salariales.

Lo que pasa en educación no puede ser ajena a las necesidades de los grupos vulnerables. Pueblos indígenas, campesinos, mujeres, personas con discapacidad y otros sectores que sufren de la desigualdad deben encontrar espacios formativos incluyentes e inclusivos. No en vano en el artículo constitucional en materia educativa – 3º Constitucional – se define lo que es la democracia, no como un régimen político sino como un sistema de vida que al final debe procurar igualdad de oportunidades para todos.

Se destaca la intención de darle una mejor gobernanza a la educación. Traducido como la coordinación de las autoridades en los tres niveles de gobierno junto con organismos descentralizados, la iniciativa privada que invierte en educación, sociedad civil organizada interesada en el tema y los sindicatos de maestros. El interés superior se debe centrar en la educación y en los niños, no en términos de la político o caprichos de un régimen de gobierno.

Todo se escucha bien. Palabras que motivan al compromiso de lucha por un mejor sistema educativo nacional. En discurso es claro que es lo que México necesita.

Pero…

Es una realidad que el sistema político mexicano está sometido a decisiones políticas y del régimen de gobierno en turno. No hay ninguna garantía que la propuesta tenga una vigencia transexenal. Así ha sucedido en otras ocasiones. Enciclomedia, la entrega de tabletas que perdió continuidad y la certificación en competencias de maestros de educación media superior son ejemplos de ello. La modificación tendrá que establecerse en una ley y no como un simple programa. Esto permitiría que no quede sujeta al capricho presidencial.

Tampoco se logra realmente entender los beneficios reales del nuevo modelo a los ciudadanos. La realidad es que México termina mal evaluado en instrumentos internacionales. Las deficiencias en la educación son criticables. Poco se ha avanzado en abatir de manera real las malas calificaciones. Parece burla la simulación que se hace en las escuelas cuando se acercan los días de exámenes para “manipular” aplicación de pruebas entrenando a estudiantes a la manera de resolver los reactivos, más que realmente enseñar las habilidades de proceso de información para un mejor éxito en las evaluaciones. Las autoridades educativas solo quieren apagar los fuegos sin darse cuenta de que el incendio por incompetencia en la ejecución de los planes es mucho mayor.

Igualmente falta mucha difusión y socialización del modelo en el ámbito educativo. Dice Aurelio Nuño que la propuesta fue analizada en los consejos técnicos y academias estatales de educación media superior. Ups… pues como maestro de bachillerato he asistido a todas las academias de las preparatorias estatales y el tema nunca ha sido ni presentado mucho menos analizado y ejercido el derecho de la propuesta.

En verdad la intencionalidad de reformar la educación para ajustarla a las exigencias del nuevo mundo es positivo y necesario. Pero está faltando mucho para realmente motivar y seducir a la ciudadanía para comprometer a todos, especialmente a los alumnos, maestros y padres de familia. El anuncio es un hecho mediático sin un impacto real en el ánimo de los mexicanos.

No es tan importante ejecutar un acto multipresencial de personalidades, que aplauden por la conveniencia del momento, como si lo es “bajar de forma concreta” la información en los términos que el ciudadano común entienda el alcance del esfuerzo del gobierno y, por consiguiente, termine la sociedad avalando y motivándose a apoyarlo.

Nace un nuevo modelo que, independiente de que exista una ruta crítica también anunciada, hay signos de ignorancia en la sociedad como en los maestros sin garantías concretas de continuidad.

¿Cuál será el final de esta historia?

Pues dependerá mucho de quien resulte ganador del proceso electoral 2018.

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