Enrique Vidales 2 octubre, 2018

El presidente del Senado de la República, Martí Batres, afirmó que el Movimiento de 1968 no se reduce a la tragedia del 2 de octubre, sino que representa también una profunda ruptura política y cultural.

Dijo que de ese año se desprende, también, la más formidable expansión del Sistema de Educación Superior en México y el crecimiento de las Ciencias Sociales, de las Humanidades y, en particular, del pensamiento crítico.

En México, el 68 produjo una reforma política que abrió la participación electoral a una izquierda proscrita durante largos años, destacó el senador Martí Batres.

Refirió que también hay un 68 internacional: el de los jóvenes que luchan por la paz en Estados Unidos, por la democracia en Checoslovaquia, por la educación y el trabajo en Francia.

Surgieron nuevos referentes políticos y muchos movimientos sociales reclamaron su independencia. Son los años del nacimiento y resistencia del rock mexicano, de la melena larga y la emergencia de dos importantes movimientos: el de la diversidad sexual y el nuevo feminismo, agregó.

“Recordamos el dolor por nuestros muertos de Tlatelolco, pero festejamos las enseñanzas y la herencia del movimiento para construcción de un México más democrático y justo”, citó.

Del Grupo Parlamentario del Morena, la senadora Rocío Nahle García, aseguró que la reconciliación del país es un grito y una exigencia “que nace hoy en el propio corazón de Tlatelolco”, donde fueron asesinados los estudiantes. “Hoy los honramos y reconocemos”, subrayó.

Su compañero de bancada, el senador Higinio Martínez Miranda, afirmó que no puede haber más jóvenes muertos como sucedió el 2 de octubre o como los miles que se cuantifican en este y el anterior sexenio, “esto también es el horror que debemos terminar”. Urge la impartición de justicia, trabajo, educación, empleos, recreación, dejar a un lado la historia de los muertos, reiteró.

La senadora del PAN, Kenia López Rabadán dijo que el movimiento estudiantil de 1968 se vivía con paz y exigía libertades civiles y políticas, pero en vez de ser atendido mediante el diálogo y la política, fue criminalizado por el gobierno y reprimido por la fuerza pública.

Afirmó que a través del movimiento estudiantil se propició la evolución de la democracia en México, por ello Acción Nacional defenderá con firmeza y convicción las victorias democráticas alcanzadas, “nunca más un régimen sordo que se sienta implacable en su visión hegemónica de la vida pública, nunca más un gobierno invadido por la ceguera que implica la contemplación de sí mismo o de su líder”, expresó.

Los estudiantes del 2 de octubre, para la democratización de México, fueron imprescindibles y esta conmemoración exige que nunca se repitan las respuestas represivas ante la movilización social, “que la acción del Estado no sea de autoritarismo”, manifestó la senadora Beatriz Paredes Rangel.

La legisladora del Grupo Parlamentario del PRI dijo que es trascendental que el cambio que se está viviendo en México, se haya hecho posible sin derramamiento de sangre, “por eso es importante que la construcción democrática que llevó décadas haya permitido establecer la competencia política dentro de un marco de generación de consensos y respeto a las mayorías”.

El coordinador de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, estableció que, a 50 años del 68, para cancelar por completo actos de represión y violencia que persisten, por parte de autoridades de gobierno, grupos fácticos y la delincuencia organizada, es necesario que el Congreso legisle de la mano de la sociedad civil y se construyan instituciones que trabajen en beneficio de la gente.

Los senadores, refirió, deben honrar su palabra y hacer realidad los cambios a los que se comprometieron para que en el país impere la verdad y la justicia, y de esta forma harán un verdadero homenaje a los estudiantes del 2 de octubre.

En representación del PT, el senador Alejandro González Yáñez, consideró que en el 68 se registró una lucha estudiantil y popular en favor de la democracia, pues se reivindicaron las libertades democráticas de un pueblo que se encontraba reprimido.

Recordó que uno de los gritos centrales fue “prohibido prohibir”, en el que se centraron ideales que se han logrado cristalizar con el tiempo en una apertura democrática por la elección del pueblo.

En su oportunidad, la senadora Verónica Noemí Camino Farjat, del Grupo Parlamentario del Partido Verde Ecologista de México, refirió que lo sucedido en 1968 tiene que recordarse para no tolerar la represión y la denostación de las ideas.

“El movimiento marcó el cambio social y político, por tanto, no debemos regresar a los tiempos de la intolerancia: ni una agresión más contra los jóvenes ni en contra de las libertades de los ciudadanos. El gran reto que tenemos hoy es no cometer el mismo error, es decir, no repetir la misma historia”, expresó.

Desde la tribuna, el senador Juan Zepeda Hernández, del Grupo Parlamentario del PRD, señaló que se conmemora un aniversario más de aquel movimiento estudiantil que significó un parteaguas para la democracia del país, y generó un proceso de transformación política que permitió consolidar la democracia y las libertades que hoy tenemos.

Gracias a los mártires de 1968, insistió, se inició un periodo para ampliar las libertades sociales y laborales, y gracias a ello, nuestro país avanzo en sus libertades. Por eso, “el 2 de octubre no se olvida”, subrayó.

La senadora Elvia Mora Arellano, del Grupo Parlamentario del PES, expresó que este día “debemos recordar con profundo dolor la intervención autoritaria y represiva del Estado mexicano para que nunca más se repita”.

La legisladora asentó que la lucha de los estudiantes no fue en vano porque marcó en gran medida el México que hoy habitamos, un país de libertades conseguidas gracias a éste y otros movimientos.

El senador Emilio Álvarez Icaza dijo que con la conmemoración del 2 de octubre “no se trata de recordar a Díaz Ordaz”, sino a un movimiento que luchó por las libertades “y por eso quitar las placas” que se refieren al expresidente no es para borrar la memoria histórica, sino para resignificarla y honrar a quienes ofrecieron su vida por la libertad y la democracia.

Consideró que no sólo se tendrían que quitar las referencias de quien fue el primer mandatario de 1968 del Metro de la Ciudad de México, sino cambiar su nombre de avenidas y plazas: “Así se hizo en Sudáfrica, se arrancaron los nombres de los perpetradores de las violaciones y los reproductores históricos del Apartheid, y en su lugar, se colocaron los nombres de las víctimas”.

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