Enrique Vidales 11 junio, 2015

Más allá de las situaciones específicas o concretas en elecciones locales, a nivel federal los partidos de Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD) han sufrido la peor de las derrotas. Tenían a su disposición el mayor hartazgo mediatizado en las redes sociales en contra de la presidencia de Enrique Peña Nieto y Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Los supuestos escándalos de casa blanca, los desaparecidos de Ayotzinapa, la carencia de resultados efectivos y con beneficios de las reformas constitucionales, la imagen deteriorada de la presidencia y hasta medios acotados por la acusación y presión social de su vinculación con el sistema, no basto en el ánimo de los electores que confirmó con su decisión en las urnas al PRI como la primera fuerza política del país.

El PAN comandado por Gustavo Madero obtuvo apenas el 21 por ciento cuando tenía mucho a su favor para remontar un mejor porcentaje. En la memoria política se tiene el registro de un colapso panista en el 2009 con Germán Martínez que consiguió el 28 por ciento en aquella elección. Es por ello que se entiende que el blanquiazul ya inició la revuelta interna para pedir la renuncia de sus dirigentes. Margarita Zavala, la que al negarle participar como candidata plurinominal le restó votos al partido (así lo declaró es exclusiva su esposo Felipe Calderón Hinojosa a este medio de comunicación) en un mensaje hace un cuestionamiento a los panistas sobre el rumbo del partido después de este proceso electoral. La senadora panista por Yucatán Rosa Adriana Díaz Lizama, por vía Twitter, pidió la renuncia inmediata de Gustavo Madero y del presidente del partido en Yucatán Hugo Sánchez Camargo.

Caso especial es el PRD que con la renuncia de Andrés Manuel López Obrador al partido que el mismo ayudo a fundar y la posterior creación del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) segmentó a la izquierda mexicana, que después de varios procesos electorales en alianza ahora lucharon por cuerda separada. Si sumara el porcentaje obtenido de los partidos de izquierda en esta elección alcanzarían alrededor del 28 por ciento, apenas un punto porcentual de del PRI, y por consecuencia, tal fuerza estaría a la par con el partido tricolor. Pero ya AMLO ha marcado una distancia de no ir, ni hasta la esquina, con los otros partidos. Sin duda una lucha en la izquierda por el control y liderazgos de la misma.

Como consecuencia en el Distrito Federal el movimiento de López Obrador se convirtió en su primera elección en la primera fuerza política. En el caso de la federal logra desbancar al PRD como la tercera fuerza en la Cámara de Diputados. Inclusive en Yucatán, por si fuese un síntoma del morenazo, la candidata por la Alcaldía de Mérida por MORENA alcanzó una mayor votación que su homologo perredista, sin hacer campaña y sin distinguirle una capacidad política sobresaliente. Al parecer este fenómeno alienta al tres veces perdedor a la presidencia López Obrador a ser el abanderado nuevamente a la silla de Los Pinos por su nuevo partido.

Solo habría que precisar que en el caso del DF los ganadores del partido MORENA no son personas nuevas en el panorama político defeño. Son los mismos rostros, con el mismo discurso de izquierda solo que con otro nombre y marca política.

Como elección intermedia el ejercicio democrático de las elecciones libra a Enrique Peña Nieto de un panorama adverso en la Cámara de Diputados, donde por cierto llegan los actores principales que se involucraron con el Pacto por México. Sin duda una buena noticia presidencial en los tiempos en donde se necesita mayor definición, concreción y resultados a todo el esfuerzo transformador de las reformas que en años inmediatos pasados buscan lograr dar una mejor calidad de vida a los mexicanos.

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