¿Qué México queremos celebrar y construir?

 

En el último mes he recibido información de testimonios de hermanos venezolanos que están viviendo una situación por demás precaria. Tanto en fotografía como en video se puede observar a la gente buscando sobras en las bolsas de basura para conseguir algo que comer. Me cuentan que la situación está fuera de control. Los supermercados no tienen productos básicos. El gobierno, en un intento de solventar la situación distribuye en las casas una “bolsita” diaria con productos del hogar o uno que otro alimento.

La caída del precio del petróleo y la marginación política por el discurso antimperialista de Nicolás Maduro, el ungido sucesor de Hugo Chávez, han llevado al país venezolano a vivir una crisis de hambre que ya se empieza a configurar como una crisis humanitaria sin precedente en América Latina. No podemos pasar por algo en la comprensión del hecho la importancia que tenía el gobierno venezolano y el sueño de integración de América del Sur bajo la figura de Simón Bolívar. Un sueño de consolidación de la izquierda que fracasa de forma contundente.

Hay quienes me han recriminado el hecho de difundir y comentar en las redes sociales la solidaridad con el pueblo venezolano. Desde cuentas vinculadas con el oficialismo de aquel país me recriminan porque enfocarme en ellos cuando la realidad de México está empeorando. Inclusive los de acá intentan argumentar que lo mismo que pasa en Venezuela está ya sucediendo en nuestro país.

La solidaridad se hace necesaria en cuanto somos todos al final seres humanos y se convierte ésta en una característica que fortalece nuestra humanidad. El mundo nos ha da muestras de solidaridad ante los problemas de los mexicanos. ¿Por qué no podemos nosotros igualmente ser activos en la exigencia de una mejor condición de vida para los venezolanos o en cualquier otra parte del mundo que lo requiera?

En nuestro país no hay duda que hay graves problemas. Problemas que tienen que ser ya analizados desde una perspectiva sistémica y global. No es posible ya dividir el país entre los buenos y los malos en cuestión política, porque todos han tenido ya oportunidad para demostrar la calidad del cobre del que están hechos. Y los resultados la deshonestidad y la corrupción son tan iguales como peores porque se no se esperaba eso de ellos. Pero como dijera al respecto un ex candidato a la gubernatura de Yucatán que no ha ganó: Ni modos, así son las cosas.

Lo que parece peor es la insensibilidad del mexicano en común a entender el fenómeno político de forma más aplica y contextual. El gran problema, especialmente en Yucatán, es el alto grado de polarización política, social y económica. Una polarización que nos lleva una confrontación constante de siempre ver lo negativo en el otro, sublimando los propios errores. Esto al final produce el agotamiento del diálogo que toda sociedad democrática necesita para solucionar los rezagos económicos que a todos afectan.

Estamos el día de hoy, 16 de diciembre, celebrando un aniversario más de la Independencia de México con la nostalgia y reconocimiento a los héroes que nos dieron la oportunidad de ser una nación soberana y tener un lugar en el concierto internacional de naciones.

Valdría la pena conducir ahora la reflexión a si los mexicanos de ahora estamos siendo dignos sucesores de esa lucha por la libertad con la consolidación de una independencia. Una independencia que nos lleve a la edificación de una nación libre de los traumas políticos, sociales, económicos y culturales con pleno ejercicio de los derechos y obligaciones para concretar la justicia social, el fortalecimiento del bien común y el afianzamiento de la seguridad jurídica.

Que la libertad el medio y el fin dentro de los límites normativos que dan la sustentabilidad y fundamento al Estado de Derecho.

Se piensa y escucha bonito y muy esperanzador. Cualquier persona podría inmediatamente calificar de irreal lo anterior. Se entiende por el pesimismo arraigado a partir de la desconfianza en las instituciones y las leyes. Es lo que ha reforzado en los espacios de discusión en las redes sociales.

Dejo de existir la propuesta. Ahora todo es ataque, aunque no se tenga la razón. No hay debate por que no se escucha, ni se analiza y mucho menos se respeta. Es el México bronco que, ante la imposibilidad de materializar la agresión directa, hoy usa las redes sociales para descuadrar, desinformar y manipular realidades para imponer visiones entrecortadas o sesgadas para los fines específicos de grupo que lucha por el poder por el poder mismo.

¡México! ¡Celebremos?

– ¿Qué?

¿Qué es lo que hoy tenemos que celebrar?

Muchas cosas buenas… pero no dejando por ello de ser críticos en la comprensión de nuestra realidad, sin la visceralidad que no abona al entendimiento.

Aún estamos a tiempo.

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