Enrique Vidales 2 octubre, 2018

Para 1968, lo que los jóvenes estudiantes encabezaron debe considerarse un momento épico. Eran los tiempos del sistema político hegemónico y vertical que reprimía con la fuerza la participación y la lucha ciudadana. El caso es un ejemplo muy propio. Todo inicio por un desmán de estudiantes en una bronca callejera. Pero el contexto de unos juegos olímpicos que darían una imagen de modernismo y transformación social de México aunado a los temores del mundo bipolar fueron suficientes para que el problema escalará al grado de consumarse una matanza en la Plaza de Tlatelolco.

De este hecho ya van 50 años y aún mucho y poco sabemos de lo que realmente paso esa tarde del 2 de octubre de 1968. Pero lo que si es cierto es que han pasado ya dos generaciones y el tema sigue siendo un botín político dependiendo de la ideología o fuerza política que hace referencia a este acontecimiento.

Atentar contra la vida e integridad de estudiantes es uno de los crímenes más atroces que puede cometer un Estado contra la democracia. Más cuando se trata de atender demandas genuinas de mayor apertura y sensibilidad a los problemas sociales. Es por ello que los caídos aquella tarde merecen el reconocimiento retrospectivo de su contribución y aporte a la lucha cívica en nuestro país.

Sin embargo, debemos también ser conscientes que aquellas balas también silenciaron a un país que no salió en su momento a defender a sus estudiantes por el miedo a la acción coactiva del sistema político. Si hoy hay quienes dicen que el 68 fue crucial para el desarrollo político de México, tenemos la obligación de reconocer que ese proceso ha sido muy lento, que aún a los 50 años hay demandas de los estudiantes que no se han concretado en la realidad y la praxis política del país.Play Video

No podemos sentirnos orgullosos estas nuevas generaciones porque no hemos sabido estar a a la altura de los estudiantes del 68. La apatía y la desidia siguen siendo un ingrediente que es fomentado por el sistema político para el control y la legitimidad social del gobierno.

Ya no hay un verdadera lucha cívica. Con el advenimiento de las redes sociales hoy los jóvenes creen que hacen lucha social por expresarse en las redes contra el gobierno, pero al final quedan esas expresiones hundidas en el mundo virtual sin saltar a la realidad y a la acción para que las autoridades hagan las cosas como las deben hacer, o por lo menos, como la sociedad lo demanda. ¿No es eso lo que proclaman cuando toman los funcionarios su compromiso constitucional?

Los mexicanos nos debemos sentir avergonzados ante la generación de líderes y ciudadanos que dieron su vida en la Plaza de Tlatelolco.

No basta con solo el izamineto de la bandera a media asta o colocar en el muro del H. Congreso de la Unión el nombre de «Movimiento estudiantil de 1968» con letras de oro como realmente debemos recordar y conmemorar este hecho. Tampoco es necesario intentar borrar toda huella del paso de los responsables como Diaz Ordaz o López Portillo como una forma de honrar a los estudiantes.

Necesitamos ser más profundos, ir hacia la conformación de la conciencia y de la lucha política. Esa es la lección que nos dejo el 68, una que no hemos aprendido.

Facebook Comments

Deja un comentario.

A %d blogueros les gusta esto: