Enrique Vidales 27 abril, 2018

Era de esperarse. Sin excepción, los presidentes, representantes de partidos políticos y coordinadores de campaña afirman que su propio candidato fue el ganador del primer debate presidencial. El mismo López Obrador, apenas una hora concluido este ejercicio de confrontación de ideas publicado en las redes sociales un vídeo para asumirse como el triunfador

No hay duda tampoco de que mejoro en algo el formato del debate. Por lo menos dejo de ser el monólogo sonso y aburrido. Fue una oportunidad para el electorado de conocer un poco más de los candidatos, observar como afrontan la crítica y el cuestionamiento y medir las reacciones que configuran una personalidad.

También resulto en mucho lo que se esperaba. Se sabía que López Obrador sería dura y seriamente contrastado y cuestionado. Normal por ser el puntero y en consecuencia al que hay que bajar de la primera posición. Además, es bien sabido que el terreno del debate con es muy afín al ahora líder de Morena. Lo que justifica un alto grado de inconformidad que se notó. Inclusive su salida abrupta del foro es la evidencia de que no estaba en un estado confortable.

El que sorprendió, hasta cierto punto, fue José Antonio Meade. Muchos afirmaban en el pre debate que le faltaba mucho al candidato del PRI, PVEM y Panal, que incluso se llegó a decir que si no daba “el ancho” aún era tiempo para pensar en un cambio de candidato. Una cosa es la preparación técnica y profesional; otra, la política. Meade no ha sido nunca un competidor electoral. Aunque sabe muy bien del tema económico, la población electoral común no se compenetra en la información técnica financiera. El detalle de no contar con los registros de propiedad de los departamentos en el momento de la exposición del hecho durante el debate es una evidencia de su falta de oficio político. Hoy el PRI tiene candidato, se terminó con la especulación del reemplazo. Al final es el mejor resultado que podía obtener.

La que más desilusionó fue Margarita Zavala. Algo le ha sucedido. Una cosa fue la campaña para acopio de firmas, otra la presidencial. En la primera se le vio más combativa, más analítica de la realidad y propositiva. Ahora ha desaparecido. No es la misma. Su comportamiento en el debate fue básico, sin impactar en la percepción ciudadana. El mayor logro en este ejercicio de debate fue el deslinde hacia la persona de su esposo, el ex presidente Felipe Calderón.

El mejor, el Bronco. Jaime Rodríguez Calderón cumplió lo que muchos sostienen será su aportación en la campaña presidencial: tumbarse a López Obrador. Por lo menos queda claro que se refresca la campaña con la incorporación del Bronco, que aún y a pesar de sus ocurrencias, no pone en la dinámica de discutir los temas políticos de manera más franca y abierta, con lenguaje cotidiano, ciudadano y sin doble sentido.

El más preparado fue Ricardo Anaya. Presentó con contundencia sus argumentos en contra de López Obrador. Cuestionó sin tener una respuesta efectiva del tabasqueño.

¿Quién ganó entonces el debate?

Cada uno tiene su opinión. Al final, la política es una cuestión de percepción. Aunque también hay que decir que no por ganar un debate ya se tiene asegurado el triunfo electoral. Además, fue el primero de tres, por lo cual falta todavía mucho camino que recorrer.

¿Influirá el debate en el resultado de la elección?

Por lo menos queda claro que no es una competencia entre dos, sino que ya hay cinco candidatos, cada uno con su manera de plantear una propuesta política y de gobierno.

 

 

Al tiempo.

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