Enrique Vidales 16 febrero, 2010

A mediados de los años ochenta se establece la calidad educativa
como una prioridad nacional, donde la evaluación cobra un nuevo sentido
en su fundamentación, control y verificación de los resultados para la
obtención de la misma.
Sin embargo, es hasta el régimen presidencial de Ernesto Zedillo, antes
Secretario de Educación salinista, que en el año de 1994 surge el
Programa Nacional de Modernización Educativa de donde se origina el
Sistema Nacional de Evaluación Educativa, con el propósito de ser el
punto de convergencia de todas las acciones de evaluación que se
realicen en el país.
Las líneas de evaluación se delimitaron en cinco aspectos: desempeño
escolar, proceso educativo, política educativa, administración
educativa e impacto social. Todos éstos en línea con investigación
social.
Pero en la educación en México hay dos realidades muy divergentes. Por
un lado la educación básica, obligatoria en cuanto derecho fundamental
de los mexicanos, y por ello, regulada por el poder público; y por otra
parte, la educación universitaria autónoma en cuanto a sus directrices
y políticas, aunque dependientes del financiamiento y subsidio
gubernamental. La primera encomendada a la Secretaría de Educación
Pública su administración, y la segunda, en la necesidad de agruparse y
apoyarse en la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de
Educación Superior.
Para el caso de la educación básica, que al fin y al cabo, es la base
de la pirámide educativa, con base en un punto resolutivo del Primer
Congreso Nacional Extraordinario del SNTE celebrado en Tepic, Nayarit,
en 1990, las autoridades educativas hacen suya la demanda de crear
Carrera Magisterial. Definido éste como un sistema escalafonario de
promoción horizontal a través de un proceso de concurso.
Los propósitos centrales de Carrera Magisterial se centraban en la
mejora de la calidad educativa, y al mismo tiempo, fomentar el arraigo
en docentes recibiendo un estímulo académico a cambio de comprobar un
compromiso de preparación y desempeño profesional, capacitación,
permanencia, entre otros.
Lo que se esperaba con este proceso de evaluación docente era que los
resultados permeen en el aula, en el trabajo cotidiano, en el
compromiso a la calidad por el docente, siendo beneficiados de manera
directa los niños.
Sin embargo, los resultados de las evaluaciones académicas externas a
los alumnos se obtienen datos muy por debajo de lo mínimo esperado.
Resulta sencillo concluir que los resultados que logran consiguir los
docentes en Carrera Magisterial no corresponden a la expectativa de
mejora de calidad.
A partir de lo que ha sucedido en Yucatán, donde la disputa entre el
sindicato oficial – SNTE – y maestros disidentes por el derecho a
cobrar por Carrera Magisterial nos demuestran que el sentido de mejora
de calidad de la propuesta ha sido superada por otro interés: como un
logro de la lucha sindical que solo le debe pertenecer al SNTE.
¿En dónde quedó el compromiso de elevar la calidad educativa por medio
de Carrera Magisterial? ¿En un lucha sindical, que solo politiza y
divide, lo que debe más importar en la toma de decisión sobre este
asunto?
Situación que considero debe ser considerada para la reflexión y la
búsqueda de estrategias que abatan los rezagos y se mejore el proceso
enseñanza – aprendizaje. El país requiere de crecimiento y desarrollo…
en la educación hay un pilar fundamental para crear los cimientos para
ello.
 

 

Facebook Comments

Deja un comentario.

A %d blogueros les gusta esto: