Enrique Vidales 1 diciembre, 2017

Por una parte, no hubo realmente un destape propiamente dicho porque no estaba oculto quien tenía la preferencia del presidente Enrique Peña para asumir la candidatura del PRI a la presidencia de la república. Tal y como estaba previsto, el lunes en la mañana Enrique Peña Nieto se tomó la atribución de dar a conocer el relevo en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, justo en los tiempos necesario para la solicitar la inscripción al proceso interno como aspirante a candidato presidencial. De este modo, José Antonio Meade al abandonar el gabinete asumió la aspiración a la precandidatura del Partido Revolucionario Institucional.

Ya Luis Videgaray, su mejor amigo en el gabinete, lo había destapado días antes. En la simulación propia del priismo Enrique Peña Nieto pidió que estar despistados. Pero no lo estábamos. Desde tiempo atrás se hablaba de la posibilidad de José Antonio Meade de encabezar los esfuerzos para poner un alto a la aspiración presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Hasta cierto punto es destacable el currículo de ex secretario de la SCHP comparado con otros aspirantes, mucho más con el líder de Morena. Sin embargo, al final la política no es una cuestión de currículos sino de percepciones; es decir, de la forma en como se construyen una imagen o cercanía con los votantes o representados.

Aquí la principal debilidad de Meade. El no ha sido un político de acción cercana a la población, mucho menos a la militancia del PRI. Inició su carrera pública con Felipe Calderón y logró sobrevivir con Enrique Peña Nieto. Tampoco se le conoció en tiempo atrás una proyección a la presidencia como algunos otros aspirantes si fueron honestos, o por lo menos, así lo dieron a entender.

Las cartas credenciales, preparación, experiencia y hasta la honestidad no es cuestionable. Pero si lo es para el militante priista que hoy tenga que cerrar filas en torno a una candidatura de las circunstancias sin un proyecto político personal claro, preciso y consolidado. No es un líder, no ha encabezado nada ni representa una corriente política con visión y acción del país que desea construir. Es un candidato del sistema que nos lleva a concluir que la cúpula del poder que hoy escogieron al menos malo para conservar las prerrogativas y beneficios particulares y del grupo.

“Háganme suyo” pidió a la cúpula sindical de mexicano. La cúpula que consolidó figuras como Pascoe, que aún muerto es noticia por el descubrimiento de más de 15 millones de dólares en paraísos fiscales. Una evidencia que el PRI no está sabiendo escuchar a quienes verdaderamente conocen, viven y sufren las consecuencias de las decisiones políticas.

Las expresiones de los sectores políticos del PRI el pasado lunes, como de varios organismos del propio priismo y algunos priistas en las redes sociales representan el borregazo que aún no se extingue y complemente la simulación de la liturgia electiva del PRI. Algo que no debería escandalizarnos y provocar rasgamientos de vestiduras. Únicamente es la señalización precisa de que las cosas no han cambiado, que se siguen con las mismas prácticas que solo dan una forma diferente, pero que en fondo es lo mismo.

Enrique Peña Nieto impulsa a no priista a encabezar al PRI en la contienda.

¿Meade en caso de ganar se convertiría en un primer priista?

Con el presidencialismo ¿el priismo se someterá a la voluntad política de un no priista para definir los rumbos del país?

No pasemos por alto que hay muchos priistas que se sienten desilucionados y decepcionados de su propio partido. ¿Cómo jugarán estos factores en los tiempos de campaña?

El tiempo y los resultados lo dirán.

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