Enrique Vidales 23 noviembre, 2015

No hay ninguna duda que una de las figuras representativas de la izquierda mexicana recae en el político tabasqueño ex príista Andrés Manuel López Obrador. Ex regente de la Ciudad de México y dos veces candidato a la presidencia de la República encabezando al partido PRD y otros vinculados a la izquierda política mexicana. En el 2006 sostuvo la tesis de fraude en la elección donde perdió, según los resultados oficiales, contra Felipe Calderón Hinojosa; y por lo cual, se constituyó él mismo junto con sus seguidores en presidente legítimo con todo y gabinete “legítimo”.

Después, en el recorrido político, fundó el partido MORENA conformado por las siglas de Movimiento de Regeneración Nacional. Sin embargo, es válido hacer notar que tras el nombre hay una vinculación con connotación religiosa a la Virgen de Guadalupe, la protectora de los mexicanos que igualmente se le conoce como “Morenita del Tepeyac”. En su discurso político no falta el sentido de ser López Obrador el que nos puede “salvar” a la Patria. Una insinuación del carácter mesiánico que le ha caracterizado y que parece que forma parte de su personalidad política.

Desde el 29 de julio de 2005, hace 10 años cuando dejó la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, no se le conoce trabajo remunerativo alguno. Dejo el cargo para ser candidato a la presidencia en el 2006 que al final perdió. Instauró en su presidencia legítima y se sabe que recibía de los electos a cargo del PRD una cuota para mantener su lucha. En fechas recientes, antes de la constitución de MORENA no se sabe de que trabajo, sea en el sector público o privado, vive y solventa sus necesidades personales y familiares.

Con la conformación de su partido MORENA llegaron recursos económicos por concepto de participaciones correspondientes. Por esos recursos hoy aparece en varios spots de televisión y radio. Se permitió viajar hasta el corazón del Vaticano y entrevistarse, aunque sea en vallas, con el Papá Francisco una vez que se había anunciado su pronta visita del Pontífice a nuestro país.

Lo que en años anteriores criticaba de la clase política, hoy el político tabasqueño lo está haciendo y cumpliendo. No importa que sea visto, fotografiado con el Vicario de Cristo. El punto es recobrar visibilidad y exposición en temas centrales para ser parte de las noticias. Es por ello que sin importarle reconocer de facto al presidente Enrique Peña Nieto se le buscó para entrevistarse con el mandatario sobre el tema del aeropuerto. Ahí estaba nuevamente en los medios de información.

Al parecer aprendió la lección de Vicente Fox. A dos años y medio de la elección presidencial del 2008. Sabe que es necesario rehacer su imagen en los medios. Necesita llegar a más teleaudiencia para posicionarse como “imagen” de MORENA al encabezar los spots. Ahora por “aclamación” termina siendo nombrado presidente de su partido. Se acusa ahora de actos adelantados de campaña. Él ha advertido su intención de ser candidato nuevamente a la presidencia en el 2018.

Con todo esto es muy claro que tenemos a un Andrés Manuel López Obrador falta a la transparencia en los recursos que ha utilizado en sus actos público y de clara orientación a posicionar su imagen. No es un político claro en su planteamiento. Asume actualmente las estrategias de los “otros” que les resultaron y que ahora resultan positivas y útiles paras sus fines.

Se resguarda en su partido que le permitieron crear. Una agrupación política que eligió a los representantes por vía de “sorteo tómbola”. El mismo grupo político que impulsó a la escritora Laura Esquivel que prefiere tejer en sesiones de San Lázaro que estar pendientes en la labor legislativa. Lo peor es que señalado el hecho, al igual como los fans de Andrés López lo han hecho de otros legisladores que se duermen en sesiones, la vanagloriada escritora se burló de las críticas de manera que resulta insulsa para quien se dice es representante popular. Ya ven, no es necesario la intelectualidad para no dejar de ser sensibles al contexto de la crítica política.

Debe ser preocupante tanta exposición de Andrés Manuel López ya que calienta con sus actos anticipados de campaña la sucesión presidencial. Pero así es el tabasqueño, un político obsesionado, con un discurso anacrónico, populista y demagógico.

Su sobreexposición puede dar grandes sorpresas en el 2018.

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