Enrique Vidales 29 mayo, 2015

A casi una semana de la “suspensión indefinida” de los exámenes de ingreso, promoción y permanencia que la SEP decidió de manera unilateral se va conociendo el origen y motivación de la medida. Al parecer la razón fue por concesión a los maestros disidentes de la CNTE que amenazaron impedir la buena marcha de los comicios en los estados de Oaxaca y Michoacán. Por lo cual sin mediar aviso al Instituto Nacional de Evaluación Educativa la SEP, bajo el cargo de Emilio Chuayffet, tomó una decisión que abre un gran boquete a la concreción de la Reforma Educativa.

Atrás han quedado los discursos de firmeza con los cuales se suponían venía la aplicación y concreción de la nueva reglamentación educativa. Una reforma que los maestros asumen laboral por trastocar los privilegios que anteponían los intereses del magisterio por encima del bien público de la educación.

Si algo queremos los mexicanos y muchos maestros que si estamos comprometidos con el proceso educativo son resultados concretos en el reconocimiento del trabajo y desempeño docente, contribuir con entusiasmo y compromiso al fortalecimiento de los procesos educativos que produzcan mejores ciudadanos, se construya una mejor sociedad competitiva en las nuevas exigencias laborales y comerciales en el mundo globalizado.

La educación no puede continuar siendo rehén de grupos que solo atienden a intereses cupulares, propios y mezquinos que enlodan el trabajo del docente comprometido, del que no rehúye de la evaluación porque sabe lo que hace y asume un compromiso de mejora continua en su persona y en su preparación profesional.

Hay quienes han creído que el camino es la lucha violenta y hacen un llamado a la revolución, pero lo que México necesita es más “evolución” en las ideas. Hacer de los estudiantes personas competitivas y críticas con la sociedad. Características que fortalecen al ciudadano para asumir un papel más activo en la búsqueda de soluciones sociales.

Es lamentable que hoy los algunos que se dicen maestros intenten vulnerar la estabilidad social y político, y en consecuencia, causen estragos a la economía local y nacional. Las instituciones, aunque no sean perfectas, son los mecanismos e instrumentos para alcanzar la viabilidad del Estado de Derecho, legalidad y certeza social y jurídica.

Los maestros debemos contribuir en la construcción de esa sociedad que respeta instituciones y logra avances sociales que abatan los grandes rezagos nacionales. La educación en sí misma en su doble funcionalidad: (1) por un lado, conservadora de los valores nacionales, la identidad y características culturales esenciales; y por otro, (2) transforma con el intelecto, ideas y propuestas a la sociedad. Una aparente contradicción que nos llama a los docentes a ser guardianes de la cultura, pero al mismo tiempo, los agentes de cambio para la modernidad y avance del país.

Pero cómo ser agente de cambio a partir de la fuerza bruta, del chantaje social, de la protesta violenta. ¿Cómo pedir legalidad si sostengo la piedra y el palo para el ataque a las instituciones sociales?

Hay quienes quieren acabar con los corruptos, pero no vacilan en serlo. Se critica el enriquecimiento de la clase política, pero se mantienen prebendas sindicales para dirigentes con doble plaza, sin trabajar ninguna, con grandes salarios y todas sus prestaciones. Contraviniendo marcos jurídicos que afirman que si no se trabaja, no se paga, aun cuando sea por una lucha sindical legal.

El chantaje de esos maestros causa detrimento la calidad educativa. Los que se oponen a los cambios y buscan extorsionar al gobierno los que están lastimando a la sociedad. Lo peor es que el gobierno lo permite y al parecer lo solapa y avala cediendo en su chantaje.

La Reforma Educativa era necesaria. Un sistema que no mejore sus procesos de evaluación difícilmente puede decidir mejor sobre lo que le atañe. Determinar la diferencia entre lo que somos y esperamos ser nos permite reconfigurar acciones y compromisos. Reconfiguraciones que nos ayudarán a mejorar el proceso educativo en la macroplaneación del sistema mismo; así como también, para los docentes es la oportunidad para reflexionar los fallos y errores que permitan enmendar las acciones hacia un mejoramiento personal y profesional. No se puede exigir a un estudiante mejoras cuando el maestro no es capaz también de mejorar.

Pero más allá de esos deseos y aspiramos que nacen del orgullo de ser un maestro comprometido, la decisión y “suspensión indefinida” vino a manchar la objetividad y consolidación de la Reforma Educativa para mostrarnos una realidad que trastoca oportunidades de desarrollo educativo. En ello, la Secretaría de Educación, es responsable de la incertidumbre que marcan ahora la aplicación de los cambios a los procedimientos magisteriales sustentados en la Constitución y marco jurídico educativo vigente.

Hay explicaciones que falta por dar por la Secretaría de Educación.

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