Enrique Vidales 23 marzo, 2018

Hace unos 15 días las posiciones de los candidatos del PRI y PAN, Mauricio Sahuí Rivero y Mauricio Vila Dosal, resultaban cómodas. Aun cuando se mencionarán e inscribieran otros candidatos, tradicionalmente en la política yucateca el duelo electoral se limitaba a ambos partidos. No existía una tercera vía o fuerza política que les hiciera una real competencia.

Sin embargo, el panorama vino a complicarse a ambos con el tema de Joaquín Díaz Mena, “Huacho Díaz”. Por un lado, el PAN perdió a un importante operador político en el oriente del estado. Por parte del PRI la incorporación de Leandro Espinosa, ex secretario técnico del consejo político del PRI en Yucatán le asienta un golpe al corazón del priismo local.

Si nos vamos con calma, el proceso de designación del PAN no les ha resultado menos costoso como se afirmaba en su propuesta y fundamentación de la medida. Lo que se quería evitar, dijeron los directivos panistas, era el desgaste político que resultaba de las divisiones resultantes de los procesos de elección interna. Creyeron que, con la designación o mejor dicho “el dedazo” sería más que suficiente para que los militantes como “borregos” de adhieran a seguir al elegido o “ungido”. La verdad es que no resultó así. Las incisiones se presentaron y han sido mediáticamente más escandalosas.

Por el PRI la situación resulta devastadora. La salida de Leandro Espinosa le asienta un duro golpe a la estrategia electoral del priismo en Yucatán. Como secretario del consejo político electoral es quien tiene y cuenta con la información privilegiada de la estructura política y la estrategia electoral del PRI. No es un cargo menor, como tampoco una renuncia y adhesión para despreciar.

Esto le da un impulso a la candidatura de Joaquín Díaz Mena. Mucho más interesante al notar que antes de esta determinación, el partido de López Obrador mantenía una preferencia de alrededor de 16 por ciento. Esto sin hacer campaña, mucho menos con alguna figura de renombre político en la dirigencia y candidatos del partido. Pero que tal preferencia refleja la indignación social generalizada contra un sistema político que no termina de beneficiar realmente la economía aunado a los escándalos de corrupción de gobernadores.

A lo que se suma ahora la molestia de cuadros de partidos que no están de acuerdo con las decisiones cupulares que todos estos han tomado, el desplazamiento sin justificación de posiciones de lucha política y partidista. Además, hay molestia en los militantes por el maltrato de las dirigencias partidistas que no exigen y no apoyan realmente.

Ya no hay dos candidatos. Ahora hay tres que van a contender por la gubernatura de Yucatán en un proceso de campaña muy largo, 90 días. Muchas cosas aún pueden pasar y ninguno de los tres se puede descartar. Los tres entran con las mismas condiciones y con posibilidades de lograr el triunfo electoral.

Para Morena con la personalidad de Joaquín Díaz y la operación política en el oriente del estado, con toda la información estratégica electoral que ahora tiene en sus manos gracias a Leandro Espinosa, con la adhesión pública de los independientes que fueron obstaculizados por la autoridad electoral, con el efecto nacional de López Obrador y la indignación nacional, muchos factores que le permiten hoy ser una opción real de gobierno que pueda dar la sorpresa en Yucatán.

¿Qué van a hacer Mauricio Sahuí y Mauricio Vila?

Eso lo sabremos en los próximos días cuando empieza la campaña. Lo que es cierto es que la lucha por la gubernatura de Yucatán ya no es entre dos, sino entre tres.

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