Enrique Vidales 11 noviembre, 2016

La historia de la democracia moderna empieza a escribirse desde la incertidumbre. Las encuestas y demás instrumentos de predicción ya resultan insuficientes para determinar de forma previa el sentido de un resultado electoral. En gran medida tenemos que reconocer que impera la subjetividad que incide en la decisión del votante en el momento de plasmar su elección en la boleta.

¿Qué fue lo que ha pasado en los Estados Unidos?

La que se dice mejor democracia del mundo es hoy una ironía de su propia democracia. Llega al poder quien mediáticamente se acusa de misógino, racista y ultra conservador que va en contrasentido de la globalidad mundial. Lo que era supuestamente sus debilidades, hoy se han convertido en sus fortalezas para llegarle con el discurso de odio a sectores rurales del pueblo norteamericano que inclinaron la balanza para llevar a Donald Trump a la presidencia.

Trump que destaca en el mundo empresarial y como individuo excéntrico en los medios de comunicación se erigirá en un presidente que preocupa el mundo entero y, especialmente, a nuestro país. Bastaron un par de horas en la noche para ver una caída del peso mexicano en su paridad con el dólar. En la mañana, cuando todo pintaba en triunfo para Hillary Clinton, la moneda yanqui se cotizada en los 18 pesos. En las primeras horas del día después de la elección llegó hasta 22.70. Al momento de escribir estas líneas no se han abierto las operaciones de la bolsa de valores mexicana. Excuso si al leerlo el precio ha llegado a otro monto record. El nerviosismo financiero y mercado de valores necesitará tiempo para digerir la historia que algunos han calificado como un gran desastre americano.

Para México, más allá de la situación de los derechos humanos de los migrantes que deben ser defendidos contra abusos sin fundamento legal y moral, es una oportunidad que tenemos como nación para asumir un compromiso más activo para nuestro propio desarrollo.

Con el triunfo de Hillary las cosas seguirían igual, una posición cómoda para el gobierno mexicano que, sin hacer grandes esfuerzos para crear condiciones de generación de empleo, le resultaba fácil permitir que mexicanos cruzarán la frontera para buscar mejores condiciones de empleo. Inclusive presumir como activos de la economía las remeses que eran enviadas por los migrantes legales o ilegales de Estados Unidos hacia México.

Hoy las cosas tienen que cambiar. México debe dar un paso trascendental para reconfigurar nuestra política interna y base económica. Tenemos los recursos, pero nos faltan las condiciones políticas y jurídicas para consolidar nuestra economía interna y ver hacia otros lados del hemisferio en la búsqueda de nuevos mercados.

Estados Unidos nunca ha sido amigo de América Latina y menos de México. Su discurso de ser aliados siempre ha quedado en la palabra, nunca en hechos efectivos que mejoran las condiciones del país. Seguimos siendo el patio trasero, los destinados a los trabajos infames, sin darnos el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales y desconociendo la aportación que la comunidad mexicana en la vida social, política, científica y cultural en los Estados Unidos.

Hillary Clinton no ofrecía nada concreto a favor de México. No quiso venir al país como candidata, desdeñando a la comunidad latina que también le dio la espalda. Por estar más concentrados en señalar las estupideces de ahora futuro presidente de Estados Unidos no percibimos y analizamos que ella también quería revisar el Tratado de Libre Comercio.

Como pocas veces los mexicanos hemos sufrido un proceso electoral norteamericano. Me imagino que para el norteamericano ha sido igual. Para nuestros vecinos del norte no ha sido una campaña tersa. Mucha de su credibilidad institucional también ha sido trastocada. El país está dividido, el odio social marca una gran diferencia que traerá muchos problemas sociales. Donald aunque ganó no llega con todo el apoyo del partido que lo postulo.

Esto abre cierta incertidumbre que preocupa la forma de estructura que adoptará el país. Ojala que la negociación de espacios imponga por pugna de intereses una modificación al discurso y planes de Trump. En términos generales no le conviene a Estados Unidos.

Sin embargo, la última palabra esta dicha, ni hay pronóstico que lo pueda predecir con cabalidad.

AL CALCE. Es claro que la sociedad hablo y su decisión fue un rechazo al sistema político. No por tener el mejor presidente aseguró el triunfo de su candidato. Una lección que deben reflexionar los políticos en México y especialmente en Yucatán. La gente está molesta y está decidiendo. Nadie tiene el triunfo garantizado ni por ser cara bonita o contar en un gobierno antecedente un activo político. Las encuestas ya probaron una vez su inefectividad.

Hay mucho que aprender.

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