Venezuela, del poderío económico petrolero a tierra de nadie

Alguna vez una persona me dijo “..podrá pasar lo que sea, pero a Chávez nadie lo toca. El imperialismo que condena lo protege ya que la riqueza petrolera es vital en los mercados internacionales”

Esa afirmación ya perdió vigencia. A la muerte de Hugo Chávez subió a la palestra del poder un verdadero desconocido para el mundo internacional. De Maduro solo tiene el apellido. Venido de abajo como camionero heredó un imperio absoluto de un régimen político que supo imponer una política vertical y hegemónica.

Hoy la realidad de Venezuela es muy distinta. Por la caída de los precios del petróleo a nivel internacional y el mal manejo del gobierno de Maduro junto con la corrupción de un régimen parece que ha llegado a un tope de tolerancia. Es por ello que hay voces cada vez más críticas contra el heredero del chavismo.

Sin embargo, el sistema político venezolano se ha rendido a la autoridad y desestimado la voz democrática del venezolano que quiere y aspira por un mejor país. Es una realidad que vamos día a día conociendo como el sistema ha operado en contra de las voces opositoras. La más conocida es la historia del candidato presidencial Henrique Capriles que hasta la cárcel ha sufrido. Una señal de la opresión política del chavismo que se resiste a ser sepultado.

Las violaciones a los derechos humanos, la falta de una prensa libre, procesos electorales amañados, una escasez de productos básicos por el conflicto del gobierno con la llamada clase empresarial que es acusada de seguir los lineamientos imperialistas y, por ello, han sufrido un embate del sistema político en contra del libre mercado.

Los amigos venezolanos lo cuentan. No hay comida, pero si mucha hambre. El colmo es el racionamiento que el gobierno ha tenido que hacer del servicio eléctrico. En cualquier otra sociedad un servicio fundamental que permite concretar muchas actividades de la vida humana. Pero en Venezuela parece que eso es un lujo que ya no es para todos. De tal modo, que los venezolanos se tienen que acostumbrar a los lunes y los viernes como los “días sin luz”. Un supuesto plan de ahorro gubernamental.

Como si fuera una involución social, el presidente Maduro ha sugerido apagar celulares, que salgan a pasear los venezolanos como lo hacían los abuelos en los años 50 cuando no había tanta tecnología como ahora.

Medidas que viene a minar el ánimo del venezolano.  Llevarlos hasta el grado máximo de incompetencia, el aislamiento y la depresión. Es la destrucción de la conciencia del ciudadano en el mundo actual. Es la desajenación profunda que supuestamente crítica el socialismo como doctrina filosófica y política.

La confabulación de la autoridad electoral de poner fechas imposibles de cumplir con el retraso en tiempo para la celebración de un referendo revocatorio es parte de ese complejo sistema de manipulación política y social.

Se sabe que hay grupo civiles armados bajo el influjo de una protección del país ante una invasión del imperialismo. Sin embargo, la gente que está en la calle armada no es más que un bastión operativo del propio régimen de Maduro para protegerse hasta del propio ejército. Los rumores de un golpe de Estado es parte de la cotidianidad. Maduro no es Chávez, ni tiene el talento militar, político y menos el carisma y respeto que el presidente muerto gozada de los militares.

Si Maduro cree que con todo esto podrá controlar al golpeado pueblo de Vanezuela, considero que está muy equivocado. El hambre y las ansias de libertad se están cocinando en las calles de Venezuela. Cada día se convencen los venezolanos que el camino que les queda ya no es con la paz ni respeto a las leyes e instituciones. El camino a la confrontación parece ser la única vía de solución.

Una lástima que se llegue a esos extremos, la grandeza de Venezuela como hermano hispano no debería ser pisoteada de esta manera.

Mi pensamiento va solidario con todas las mentes y personas que están alzando la voz y lucha desde la vía de las instituciones por un cambio en su país. Especialemente de las mujeres, que además de ser tradicionalmente bellas, en algunas hay compromiso y verdadero sentido de lucha democrática.

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