En muchos aspectos la ciudad no cambia. Con todo y la promesa de que no habrá tolerancia a favor de los ambulantes, éstos aún están presentes. Su organización les permite estar más que pendientes de los operativos o supervisiones. Me toco el sábado ver como algunos con radios walkie – talkie daban el pitazo a sus compañeros para que levantarán la mercancía y huyeran de la “tira” en la dirección correcta.

Tampoco faltó las manifestaciones. Por lo menos los Antorchistas encabezaron una el sábado sobre la Alameda Central hasta el Zócalo. El domingo repitieron la caminata, sólo que en esta ocasión ocasionaron un gran concestionamiento vehicular por impedir el tráfico a la altura de la esquina del Palacio de Bellas Artes. El motivo, según documento que entregaron, la denuncia de corrupción en el Gobierno Federal, especificamente en la Secretaría de Desarrollo Social, que a decir de ellos, utilizan los recursos públicos con fines electorales en lugar de combatir la pobreza.

Causó grata impresión el domingo en la manaña el cierre de varias calles, desde una zona cercana a la Basílica de Guadalupe hasta Chapultepec, para que los capitalinos disfruten de la caminata, de los patines y la bicicleta. Miles están congregrados, en un momento de máxima seguridad y orden, en convivencia familiar. Lo malo es que para el mediodía, cuando el tránsito aumentaba, la ciclopista no concluía; y por lo tanto, el utilizar vehículos por las laterales de Reforma ocasionaba un auténtico congestionamiento y tardanza en el traslado. En lo que había calculado unos 10 minutos para llegar al Palacio de Chapultepec, aún con la pericia del taxista, el recorrido fue de más de 45 minutos.

No obstante de este único incidente que consideraría infortunado, hay aspectos que se destacan. Precisamente la seguridad que se siente al caminar por la Almeda Central, la calle Madero hacia el Zócalo, Reforma. Por primera vez me subía a un camión para dirigirme de un sitio a otro, al igual que lo hice con el metro. Desmitificó los comentarios que dicen que es totalmente inseguro estar en esos medios de transporte. No me considero con suerte, solamente que cuando se tienen precauciones pertinentes los resultados no deben ser del todo fatal.

Lo que más valió la pena, fue la oportunidad de recorrer la zona presidencial de Palacio Nacional. Con motivo del Bicentenario, se dispuso una sala para la exposición de los restos mortales de los héroes de la independencia y otra para explorar de forma interactiva los puntos trascendentales de la historia de México. Terminado este recorrido, hay la oportunidad de conocer la biblioteca, la sala de embajadores, los salones principales, el despacho y balcón presidencial. Por las razones de seguridad no se permitía la toma de fotografias, ni de celulares. Asi que la experiencia sólo quedará en la memoria de quien tiene la oportunidad de estar en un sitio marcado por la trascendencia histórica.

Hoy así se pinta México, como se disfruta, como se siente… es la ciudad Capital, México, Distrito Federal

 


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