Primero fue el caso de la liquidación de la Compañía Luz y Fuerza que abastecía de electricidad en el Distrito Federal. Dicha empresa paraestatal no gozaba del aprecio ciudadano ante el constante incumplimiento en los servicios de electricidad de calidad y la gran corrupción en los sindicatos que hacía que sus líderes se convirtieran en auténticos caciques que con solvencia económica más allá de lo que cualquier trabajador común lo haría.

Cuando se da a conocer la noticia de la desaparición de Luz y Fuerza, quienes viven en la zona que les afectaba el mal servicio celebraron la decisión. Ahí salía airoso Javier Lozano ante la opinión pública al ser el operador que se había atrevido a ponerle el cascabel al gato. Sin embargo, aún y cuando la legalidad de la decisión ya ha sido avalada por el sistema judicial, no se pudo terminar la existencia del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), sino al contrario, se avivó un monstruo que ha alterado la paz social con manifestaciones y sabotajes a los servicios de electricidad ahora proporcionados por la CFE. Tanto es el poder del sindicalismo que se ha reconocido la personalidad jurídica del SME por la toma de nota de la asamblea electiva, por lo cual, aún no se dice la última palabra en su lucha por lo que consideran sus derechos laborales violados.

Después vino el caso de Mexicana de Aviación donde se evidenció la gran ingenuidad, por decir de forma decente, de las autoridades que se involucraron en la revisión de la venta de la aerolínea. ¿Es válido suponer que los secretarios de hacienda, de comunicaciones y transporte como del Trabajo pueden fácilmente ser engañados? Inadmisible que se tuviera que anunciar en el primer intento que los socios que habían hecho los trámites para la adquisición no contaban con los fondos económicos de garantía para continuar con el proceso de adquisición, cuando ya se habían dado pasos significativos para que se empezará a operar tan importante e insigne aerolínea.

Ahora, con la negativa del Congreso a discutir la reforma laboral, el secretario de trabajo no ha descansado cualquier foro de televisión o las mismas redes sociales para acusar al PRI, y de forma específica al gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto como el principal orquestador que impide la reforma laboral, que ha sido crítica por especialistas por sólo pretender atender las normas jurídicas relacionadas con la fuerza laboral privada que no goza de los privilegios de los trabajadores burocráticos, que tienen su propia ley con privilegios y prebendas superiores con menores cargas de trabajo. Una reforma urgente para el régimen panista con una visión más empresarial que atendiendo los derechos alcanzados por la justicia social y laboral.

En los últimos días, vuelve a quedar en evidencia la falta de supervisión de la secretaría de trabajo, encabezada por Javier Lozano, en el accidente de una mina de carbón en Coahuila. La ley es muy clara con respecto al trabajo de menores de edad. Éstos no pueden desempeñar trabajo en zonas que por su naturaleza atenten su integridad física por la peligrosidad de las labores. El que hoy aparezca un adolescente minero de apenas quince años, que además perdiera un brazo por el accidente, refleja la falta de responsabilidad en la supervisión que por obligación debería cumplir los inspectores de la secretaría.

No obstante de la ineficiencia en los casos anteriores, el secretario de trabajo, se ha pronunciado como el “gallo” para la sucesión presidencial si el PAN le otorga su confianza. ¿Garantiza con las acciones en estos asuntos de importancia la capacidad de Javier Lozano para ocupar el cargo político de mayor rango que implica responsabilidad, capacidad de negociación, tolerancia ante la opinión contraria, entre algunos requisitos?

Para lo que sí ha sido bueno Javier Lozano es para mantener una comunicación twitera de los cumpleaños de funcionarios, diputados y senadores, acontecimientos culturales y otras cuestiones personales. Lo que algunos juzgan como una pérdida de tiempo, sobretodo, cuando no hay resultados concretos en temas sensibles que han sido y son de su competencia.

Lo que México requiere no es de un twitero, sino un líder que pueda encabezar un proyecto de reconstrucción nacional. Hasta ahora considero que Javier Lozano se queda muy atrás de cumplir con ese indispensable requisito.


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