En días pasados se llevó a cabo la prueba de selección magisterial para otorgar las nuevas bases laborales para los maestros que ingresan con ello al sistema educativo nacional. Como suele ya ocurrir desde que iniciará la asignación de las plazas docentes por vía evaluación escrita, los resultados no son satisfactorios. La gran mayoría reprueba, pero como el objetivo para la asignación es por simple prelación, hay maestros que logran una plaza sin contar con los requerimientos básicos y elementales que se han evaluado en dicho proceso.

Es muy cierto que la evaluación lo que persigue es mejorar el sistema educativo para dotarlo de mejor calidad en la infraestructura y los procesos inherentes a estos desde el punto de vista de preparación y compromiso del maestro, pero también es importante señalar que no ha existido una dirección de capacitación adecuada en las generaciones rezagadas de maestros que año con año continúan presentando exámenes de ingreso, y por consiguiente, quedan rezagados ante el avance y evolución del mismo sistema educativo.

Una situación peculiar que se presenta en cada año de evaluación para el ingreso al sistema educativo nacional como docentes es el hecho de ser un recién egresado como maestro lo que aumenta la probabilidad de lograrlo. Llama la atención que maestros que apenas salen de la escuela normal, que es su primer examen que presentan y lograr conseguir su base laboral.

De forma simple podemos concluir que los maestros recién egresados aún continúan familiarizados con el estrés y el contenido de los exámenes. De una manera u otra las transformaciones constantes en los planes y programas de estudio de las escuelas normales experimentan los cambios de acuerdo a lo que viene sucediendo en el aula escolar. Lo que provoca que los recién egresados ya vienen con la formación de contenido adecuada que se mide en las pruebas de selección magisterial.

Aunque también hay que decir que los recién egresados aumentan su posibilidad de mejorar en el desempeño del examen porque aún están acostumbrados al estrés y control emocional ante una evaluación, que con el paso del tiempo, como si fuese un deporte que al no practicarse se van perdiendo la sensibilidad y la destreza en la actividad.

No obstante de este realidad, se abre la disyuntiva de qué es lo que resultaría más importante, si la experiencia o sólo el conocimiento o la habilidad.

Lo que queremos en las escuelas es sin duda de docentes que no sólo tengan los conocimientos, sino también las habilidades docentes requeridas y la experiencia que propicien una mejor educación para nuestros hijos.

Dudo que un recién egresado, que aún no tiene la experiencia real de lo que implica estar frente a un grupo y responder a las necesidades de una comunidad, de padres de familia y los problemas que implica la aplicación e implementación de un programa de estudio, pueda realmente garantizar la calidad en su servicio profesional. No intento menospreciar a los nuevos profesionistas, pero para quienes ya nos enfrentamos al proceso de salir a consolidarnos en el mundo laboral, somos muy conscientes de todos los tropiezos que implica el abrirse camino, que al final también es parte de nuestro propio fortalecimiento individual y profesional.

Al parecer la evaluación para lograr una plaza docente no ha podido realmente llegar al punto medio entre la disyuntiva planteada, aunque tampoco se le desconoce el éxito de ya no someter el proceso de asignación de plazas al sistema corrupto que durante muchos años le caracterizó; y que hasta cierta medida, existan muchos maestros activos que lo son más por la compra que verdaderamente profesionistas comprometidos con su propia formación.

Como cualquier otro proceso social está evaluación es perfectible, por lo que siempre hay oportunidad de mejorar.


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